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2009/11/06

'GTA: Episodes from Liberty City', el listón de Rockstar salta por los aires

Fuente: El Mundo.

'Grand Theft Auto IV' es un gran juego de esta generación de consolas, pero dejó la sensación de que podía haber sido aún mejor. El protagonista, Niko Bellic, tenía una gran historia que contar; la ciudad, Liberty City, era impresionante. Pero le faltaba frescura, había momentos de aburrimiento.

Con sus dos expansiones, 'The Lost and Damned' y 'The Ballad of Gay Tony', Rockstar se ha desmelenado. La compañía, en vez de repetir lo mismo de siempre, ha apostado por crear dos juegos casi independientes en los que una sorpresa se sucede tras otra. Y no sólo hablamos de argumento, hablamos de variedad de experiencias.

El juego original seguía la fórmula "empezar desde cero, desbloquear armas y atuendos, hacerse poderoso en una historia de venganza". Es decir, la fórmula ya vista el 'Vice City' o 'San Andreas', homenajes a películas como 'El precio del poder'. Pero con las ampliaciones se acabaron los 'déjà vu'.

En 'The Lost and Damned', la más tradicional, somos miembros de una banda de moteros en la que luchamos contra nosotros mismos por la lealtad de sangre a un jefe que ha perdido la cabeza. Las motos cobran protagonismo en una historia algo diferente, donde fidelidad y locura se funden en una guerra de bandas.

La segunda expansión, 'The ballad of Gay Tony', va más lejos aún. El protagonista, Luis López, es el 'segundo' de Tony Prince, dueño de los dos mejores locales nocturnos de Liberty City, uno heterosexual y otro gay. Con la excusa de cumplir los favores que piden sus acreedores, entre ellos mafiosos, ex soldados israelíes con master de Economía y árabes 'colgados', la partida se convierte en una espiral de sorpresas donde cada misión es aún más bestia que la anterior.

Rockstar, consciente de que 'GTA' no es el 'Mafia' porque los semáforos son un adorno de la ciudad y abollar el coche da igual, ya no obliga al jugador a cruzarse media Liberty City cada vez que repetimos una misión: superar cada secuencia supone un guardado automático. Además, las misiones son mucho más variadas, desapareciendo así la sensación de ser un simple mensajero.

Por ejemplo, sin destripar mucho del juego. Una simple visita a un acreedor de Gay Tony desemboca en una partida de golf (muy, muy bien hecho el minijuego) en la que tenemos que golpear con la bola a un sindicalista para torturarle (humor Rockstar). Sin embargo, su intento de rescate termina con un tiroteo (muy realista) y una surrealista huida en un cochecito de golf.

Gráficos mucho mejores

El lavado de cara de 'The ballad of Gay Tony' es perfectamente visible en los gráficos. El GTA original parecía un lienzo de Monet por sus filtros, con un exagerado desenfoque que resultaba molesto. Sin embargo, la nueva expansión ha eliminado casi totalmente este efecto gráfico sin perder (incluso ganando) fluidez.

Por otra parte, las animaciones y la física han sido perfeccionadas. El escenario está lleno de elementos móviles, desde vallas a latas y periódicos en manos de transeuntes, por lo que la interacción con el escenario es mayor.

Ejemplo de ello es emborracharse en alguna de las discotecas en el minijuego de la botella de cava: hay que lograr bebérsela en un intento sin vomitar. Una vez cumplido el 'hito', empieza lo mejor: moverse por la discoteca borracho, apoyados contra la pared, intentando esquivar la multitud. Además, los graciosos de Rockstar han puesto la prueba en un primer piso. Bajar las escaleras sin rodar es quizás lo más difícil del juego.

La noche cobra protagonismo en esta expansión. La recreación de las discotecas es perfecta, desde la iluminación a la música, y son fuentes de minijuegos y misiones secundarias. Además de emborracharse, también es divertido bailar, más allá del típico premio sexual, por el reto que supone pulsar correctamente los botones.

Otra novedad es que Rockstar ha apostado por la calidad por encima de la cantidad. Hay más armas, incluidas bombas-lapa, vestimentas y coches. Pero también se han currado más la variedad de los minijuegos. En vez de localizar palomas o graffitis, ahora es posible jugar al golf o al Air Hockey. Y son viciantes, especialmente este último por lo bien hecho que está el manejo de las palas, la física del disco y la habilidad del rival.

Entre las misiones secundarias destacan 'La jaula', un oscuro local donde se puede apostar o boxear (más bien lucha libre); y una guerra por la distribución de droga montada por los amigos del protagonista en 'Gay Tony'.

El mimo por los detalles es el sello de la compañía, a pesar de que su saga pueda ser a veces muy repetitiva. Prueba de ello son los cibercafés de Liberty City, las referencias a la crisis económica o los canales de televisión. En 'Gay Tony' han incluido una serie manga con todos los clichés japoneses: venganza por el asesinato de los padres, maestro 'viejo verde' que adopta a la bebé-lolita y le enseña artes marciales, robots y héroe ciego.

Respecto al multijugador, no está mal, aunque no es la base del juego. Incluye partidas por equipos o todos contra todos, y se puede organizar una quedada con amigos (la mejor opción). En cualquier caso, el buscador de oponentes tarda poco en montar partidas.

En resumen, ambas expansiones, exclusivas de Xbox 360, suponen una mejora notable respecto a 'GTA IV'. Aquellos que tengan el original pueden descargarse cada una por Xbox LIVE por unos 20 euros, siendo más recomendable probar la de 'Gay Tony' primero, aunque también está a la venta el pack -que no requiere del original- en formato físico. Esta opción promete horas y horas de vicio.

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