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2011/10/07

Los últimos meses de vida de Steve Jobs

En uno de los discursos más memorables de Steve Jobs, el que realizó en 2005 en la Universidad de Stanford, el magnate animaba a los estudiantes a plantearse si estarían haciendo lo mismo si ese fuera el último día de su vida.
Quizá eso fue lo primero que pensaba Jobs cada mañana durante los últimos meses que ha vivido en su casa de Palo Alto, en California, muy consciente de su enfermedad.
Desde su retirada en el mes de agosto, Jobs había reprogramado su tiempo y sus visitas. Pero fue a partir de febrero, cuando fue más consciente de que su vida se acortaba y tranquilamente se lo fue comunicando a algunos conocidos. Un rumor que se extendió rápido por su red.
Según relata el periódico estadounidense' The New York Times', las llamadas empezaron entonces como un goteo pero, a las semanas, la casa de Jobs se convirtió en un lugar de peregrinación para todos los que querían despedirse del genio de Apple.
Sin embargo, conforme crecían las peticiones, disminuían las fuerzas de Jobs y era su esposa Laurene la encargada de dar las gracias y de despedir a la mayoría de las visitas porque Jobs estaba demasiado cansado para hablar. Incluso demasiado cansado para subir las escaleras de su propia casa.
Nadie se daba por vencido y la mayoría de los que querían ver a Jobs para despedirse preguntaban si podían volver al día siguiente. "Lo siento", contestaba su mujer y es que el cerebro de Apple ya no tenía, en esos momentos, fuerzas para despedidas, y trataba de elegir cuidadosamente a quién dedicaba su tiempo.
Aún tuvo tiempo Jobs de invitar a uno de sus mejores amigos, el médico Dean Ornish, a comer sushi en uno de sus restaurantes favoritos de Palo Alto; y de despedirse de sus colaboradores más próximos, como el miembro de la junta de Apple Bill Campbell, el director ejecutivo de Disney, Robert A. Iger, o el inversor John Doerr, según cita el diario estadounidense.
Y no se marchó sin dar consejos ejecutivos en Apple, sin hablar con su biógrafo, Walter Isaacson, y sin comenzar nuevos medicamentos aunque no con muchas esperanzas.
Pero, sobre todo, pasó el mayor tiempo posible con su esposa y sus hijos. "Steve ha tomado sus decisiones. Una vez le pregunté si estaba contento de haber tenido hijos y me contestó: 'Es 10.000 veces mejor que cualquier cosa que haya hecho'", desvelaba el doctor Ornish.
Y destacó que "para Steve, se trataba de vivir la vida en sus propios términos y de no perder un momento con las cosas que no creía que eran importantes. Era consciente de que su tiempo en la tierra era limitado y quería controlar lo que hacía con las decisiones que tomaba".

'Quiero que mis hijos me conozcan'

Su familia era clave en su vida hasta el punto de que cuando su biógrafo, Walter Isaacson, cuyo libro será publicado en dos semanas, le preguntó por qué un hombre que había peleado tanto por su vida privada daba su consentimiento para publicar una biografía, Jobs le contestó que quería que sus hijos conocieran toda su historia.
"Yo no voy a estar siempre ahí para ellos, y quiero que sepan el porqué y que entiendan lo que hice".
Isaacson ha relatado cómo que visitó a Jobs por última vez hace unas pocas semanas y lo encontró con algo de dolor, en la planta baja de la casa. Ya no tenía fuerzas para subir las escaleras porque estaba muy débil, pero "su mente seguía siendo aguda y su humor radiante".

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