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2011/03/28

Los científicos piden más dinero para las centrales del futuro

Europa, año 2100. El petróleo se agotó hace años y sólo el carbón resiste como el último combustible fósil. Frente a él, una energía limpia, segura y casi inagotable acapara cada vez más parte del pastel energético. Es la fusión nuclear, el potentísimo agolpamiento de átomos de hidrógeno que hace brillar a las estrellas y que la humanidad ha logrado domesticar tras 150 años de investigación.
Ese es el futuro que imagina Franceso Romanelli, director del mayor reactor de fusión nuclear del mundo. Esta máquina de la UE, el JET (emplazada en Reino Unido), es una versión reducida de ITER, el futuro reactor termonuclear experimental que los 27, EEUU, China, India, Japón, Corea del Sur y Rusia quieren tener listo en 2019. A pesar de su viabilidad científica, el proyecto ha atravesado numerosos altibajos debido a la escalada de su coste y la falta de compromiso de sus socios. "El desarrollo ha estado desde siempre ligado al precio del petróleo y la demanda de energía en cada momento", señala Romanelli. "Si no inviertes dinero no puedes progresar", añade.
La eterna promesa de la fusión es motivo de varios chistes. Uno dice que esta energía es una constante de la física porque siempre está a 40 años de llegar. Otro, que es la energía del futuro y siempre lo será. Los chascarrillos expresan el escepticismo con el que los científicos han presenciado los bandazos que han lastrado su trabajo. "Deberíamos haber apostado más por este proyecto, pero ha faltado compromiso político", clama Elena de la Luna, una física española que trabaja en el JET.
En 1985, Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov acordaron potenciar el desarrollo de la fusión con fines pacíficos. Ambos países ya la habían desarrollado en secreto y a pequeña escala para la guerra con bombas de fisión y fusión nuclear. La primera consistía en bombardear átomos con neutrones. Esto separaba sus núcleos y permitía aprovechar la enorme fuerza que los ata para destruir ciudades o iluminarlas. La segunda une núcleos de hidrógeno, generando más energía.
El desarrollo de las bombas de fisión por la URSS y EEUU durante la década de 1940 permitió a ambos países abrir las primeras centrales nucleares una década después. Por el contrario, la capacidad de adaptar la fusión a la paz en forma de reactor que genere energía a partir de hidrógeno y litio sacados del agua del mar está por demostrar.

Tres veces más caro

A pesar de lo atractivo de la promesa, EEUU abandonó el proyecto en 1999 por falta de fondos, lo que obligó a reducir el tamaño del futuro reactor. El acuerdo formal para construir ITER con EEUU de nuevo a bordo no llegó hasta 2006. El año pasado se supo que su coste inicial, de unos 5.000 millones de euros, se había disparado hasta los 15.000. La UE, que financia el 49% del proyecto, reconoció un agujero de 1.400 millones que la CE aún no sabe cómo tapar después de que los socialistas y los verdes rechazasen en el Parlamento Europeo su propuesta de usar otras partidas de investigación para financiar el reactor. Mientras continúan los trabajos para construir el ITER en Cadarache (Francia), la CE se afana en preparar una nueva propuesta para el Parlamento que desea tener lista a finales de abril, según explican fuentes del Ejecutivo comunitario. Si se alcanza un acuerdo este año, el ITER no sufrirá más retrasos, aseguran.
El corazón del ITER será el tokamak, un horno circular de 12 metros de diámetro donde, a partir de 2019, se alcanzarán los 150 millones de grados, diez veces la temperatura del Sol. Dentro habrá plasma, un gas cuyas partículas están muy cargadas. Esa carga eléctrica permite mantener la temperatura del plasma gracias a enormes imanes situados fuera del tokamak. Dentro, la temperatura infernal permitirá que los núcleos del deuterio y el tritio, dos variantes del hidrógeno, dejen de repelerse y se fundan, produciendo helio y neutrones. Al estrellarse contra las paredes del tokamak, esos neutrones calentarán el agua o los metales líquidos que hay tras ellas. El calor se transformará en vapor que a su vez moverá una turbina que genere electricidad.

"Con esta máquina podremos obtener diez veces más energía de la que inyectemos", explica Joaquín Sánchez, director del proyecto de fusión nuclear español del Ciemat, que colabora con ITER. Si se alcanza lo que los científicos conocen como ignición, la reacción nuclear se alimentará a sí misma, sin necesidad de aporte externo, lo que podría hacer que la energía generada fuese "infinita", según Sánchez. El ITER no encenderá ni una bombilla y no será rentable como negocio, pero de él se extraerán las lecciones necesarias para construir el primer reactor comercial, DEMO, que está previsto para 2035. "Podemos ir más deprisa con más dinero", reconoce Sánchez, "ya podríamos estar diseñándolo". El DEMO inspirará otra generación de reactores que construirán los países miembros y las empresas comenzarán a entrar en el negocio de la fusión, que está aún demasiado lejos como para ser atractivo ahora mismo, comenta Sánchez.
"Con esta tecnología la humanidad puede prescindir de las energías sucias para siempre", explica Francisco Castejón, que trabaja en el proyecto de fusión nuclear del Ciemat en España y es además uno de los pocos ecologistas a favor de esta fuente de energía. La fusión deja rastros radiactivos en las paredes del reactor, que serían peligrosas durante 100 años y que se podrían reciclar después. El mal es menor si se compara con los residuos de la fisión nuclear de las centrales actuales, cuyo combustible usado es radiactivo durante miles de años.
"En 2050 o 2060 empezaremos a entrar en el negocio energético y, a final de siglo, la fusión supondrá una parte significativa del total", adelanta Romanelli. El JET que dirige será el primero en probar la fusión a menor escala de deuterio y tritio en dos años, aunque la escasez de fondos amenaza el proyecto. "La crisis nos ha afectado y han recortado el presupuesto y el personal del JET", alerta De la Luna.

"El ITER es tan seguro que podríamos contratar a Homer Simpson"

Carlos Alejaldre, Vicedirector general de Seguridad del reactor de fusión ITER.
1. ¿La fusión es la energía del futuro y siempre lo será?
El chiste de que la fusión nuclear siempre está a 40 años de distancia se va a acabar. Nunca antes la comunidad científica ha tenido el presente grado de madurez para conseguir realizarla.
2. ¿Se debe el retraso a la falta de compromiso político con el proyecto?
Desde que Reagan y Gorbachov dieron el primer paso para crear ITER hasta que se firmó el acuerdo formal entre los miembros pasaron 21 años. Esto significa que podríamos haber construido ITER hace diez años. La incógnita no es si se conseguirá la fusión, sino si su potencia excederá nuestras previsiones.
3. ¿Qué pasaría en el ITER tras un accidente como el de Fukushima?
Nada. Al contrario que en el reactor de una central nuclear, en el ITER habrá sólo un gramo de combustible. Cualquier variación hace que se pare la reacción. Es tan seguro que a veces digo que podríamos contratar a Homer Simpson para dirigirla.
4. ¿Hizo algo mal España para no ser la sede de ITER?
Europa valoró mucho la experiencia nuclear de Francia. Además, en 2003 España estaba enfrentada políticamente a Francia [la postura ante la guerra de Irak enfrentó al Gobierno de José María Aznar y al de Jaques Chirac]. La política se utilizó, pero no fue el motivo fundamental.

El camino hacia la nuclear limpia

1. Jet
Este reactor experimental debe demostrar la fusión de deuterio y tritio en una escala la mitad de grande que el ITER. También probará la viabilidad de las futuras paredes del reactor antes de 2014.
2. Iter
El objetivo es tenerlo listo en 2019. Comenzará a quemar deuterio y tritio, un isótopo radiactivo que se extraerá de residuos nucleares. Su objetivo es generar 500 megavatios a partir de una inyección inicial de energía de 50. Funcionará en pulsos de 15 minutos y parará durante 30. Su función es meramente experimental.
3. Ifmif
Se trata de un acelerador de partículas de 1.200 millones de euros que se planea construir en Rokkasho, Japón. Su función es demostrar la verdadera reacción nuclear que alimentará los reactores comerciales. En lugar de usar tritio directamante, se pretende obtener ese material a partir del litio, más abundante y fácil de extraer de la sal. El reciente terremoto y el tsunami que ha sufrido Japón retrasará su construcción, reconoce Carlos Alejaldre, vicedirector general de ITER.
4. Demo
El primer reactor comercial. No se espera construir antes de 2035. Si funciona, la siguiente generación de reactores comenzarán a construirse en diez años. A finales de siglo podrían aportar gran parte de toda la energía mundial.

Publico

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