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2011/03/30

Fukushima y los mitos de la fuga radiactiva

Más de 10.000 personas murieron por el tsunami en Japón y los sobrevivientes tienen frío y hambre.
Pero los medios de comunicación se han concentrado en la radiación nuclear, por la que nadie ha muerto y por la que es probable que nadie muera.

La radiación nuclear a niveles muy altos es peligrosa, pero la magnitud de la inquietud que suscita está mal fundada.
La tecnología nuclear cura a incontables pacientes de cáncer cada día, y una dosis de radiación aplicada mediante radioterapia en un hospital no es diferente en principio de una dosis similar recibida en el medio ambiente.
¿Qué ocurrió en 1979 en el accidente nuclear en Three Mile Island, esa isla del estado de Pensilvania, Estados Unidos?
Ahí no hubo muertos.

Vea las imágenes de Fukushima desde adentro

¿Y en Chernobyl, el accidente nuclear de 1986, considerado "el más grande de la historia"?
El más reciente informe de Naciones Unidas, publicado el pasado 28 de febrero, confirmó la cifra de víctimas ya conocida: murieron 28 de los trabajadores de emergencia. Además 15 niños fallecieron por cáncer de tiroides, muertes que pudieron haber sido evitadas si hubieran tomado tabletas de yodo (como lo están haciendo ahora en Japón).
En cada caso, las cifras son una minucia si se comparan con las 3.800 víctimas en Bhopal, India, en 1984, quienes murieron debido a la fuga de químicos de la planta de pesticidas Union Carbide.
¿Y la radiación en Fukushima? ¿Cómo se compara con la de Chernobyl? Miremos las mediciones.
El nivel más alto de radiactividad reportado hasta las 19.00 horas (GMT) del 22 de marzo, en cualquiera de las prefecturas de Japón era de 12kBq por metro cuadrado (para el isótopo radiactivo de cesio, cesio-137).
El becquerel (Bq) es una unidad que mide la actividad radiactiva, y equivale a una desintegración nuclear por segundo.
Un mapa de Chernobyl en el informe de la ONU muestra regiones con diferentes tonalidades según el nivel de radiación, con un máximo de 3.700 kBq.
Áreas del mapa con menos de 37 kBq por metro cuadrado no son marcadas.
En términos redondos, esto sugiere que la lluvia radiactiva en Fukushima es menos del 1% de la de Chernobyl.

El otro radioisótopo importante es el yodo, que puede causar cáncer de tiroides en niños.
Éste sólo se produce cuando el reactor está encendido y se deteriora rápidamente una vez que se apaga (tiene un promedio de vida de ocho días). Las viejas barras de combustible en Fukushima, aunque radiactivas, no contienen yodo.
En Chernobyl la cantidad total de yodo y cesio fue liberada durante la explosión inicial.
En Fukushima, por tanto, cualquier fuga de yodo debería ser mucho menos del 1% de la de Chernobyl, con un efecto aún más reducido por las tabletas de yodo.
Desafortunadamente, las autoridades reaccionaron ofreciendo una orientación excesivamente precavida, y esto simplemente escaló la inquietud del público.

Reacción exagerada

En el aniversario 16 de Chernobyl, las autoridades de radiactividad en Suecia, admitieron en un escrito publicado en el diario Dagens Nyheter, de Estocolmo, que su reacción fue exagerada al establecer el nivel seguridad a un grado demasiado bajo y al desaprobar el 78% de toda la carne de reno de manera innecesaria, a un gran costo.
Desafortundamente, los japoneses parecen estar repitiendo el mismo error.
El 23 de marzo, recomendaron que los niños no deberían de beber agua de la llave en Tokio, ciudad en la que, un día antes, se había detectado una actividad de 200 Bq por litro.
Pongamos esto en perspectiva.
La radiactividad natural en cada cuerpo humano es de 50 Bq por litro. Por tanto, 200 Bq por litro realmente no va a causar mucho daño.
Durante la Guerra Fría se hizo creer a la mayoría de la gente que la radiación nuclear presenta un peligro bastante excepcional comprendido sólo por "intelectuales" trabajando en establecimientos militares secretos.
Para enfrentar el "fuego amigo" de esta propaganda nuclear en el ámbito nacional, se establecieron las regulaciones más rigurosas que se hayan decretado hasta ese momento con el fin de mantener todo contacto con la radiación "tan bajo como sea razonablemente factible", principio que, en inglés, se volvió un acrónimo: ALARP, "As Low As Reasonably Practicable".
Este intento de tranquilizar es la base de las actuales regulaciones internacionales de seguridad radiactiva, las cuales sugieren un límite máximo para el público de 1mSv por año sobre los niveles naturales.
Esta cifra tan baja no es un nivel peligroso, más bien es una adición pequeña a los niveles encontrados en la naturaleza.
Un británico, por ejemplo, está expuesto a 2,7 mSv por año, en promedio.
El sievert (símbolo Sv) es una unidad que mide la dosis de radiación absorbida por la materia viva.
En mi libro "Radiación y Razón" aduzco que un nivel de peligro responsable basado en la ciencia moderna sería de 100 mSv por mes, con un límite total de 5.000 mSv, no 1 mSv por año.

Nueva actitud

La gente se preocupa de la radiación porque no pueden sentirla. Sin embargo, la naturaleza tiene una solución.
En años recientes se ha descubierto que las células vivas se sustituyen y remedian por sí mismas de varias maneras para recuperarse de una dosis de radiación.
Estos mecanismos inteligentes se disparan en cuestión de horas y raramente fallan, excepto cuando están sobrecargadas, como en Chernobyl, donde la mayoría de los trabajadores de emergencia que recibieron una dosis mayor de 4.000 mSv en pocas horas murieron en semanas.
Sin embargo, los pacientes sujetos a radioterapia normalmente obtienen una dosis de más de 20.000 mSv en tejido saludable vital cercano al tumor en tratamiento.
Este tejido sobrevive sólo porque el tratamiento se esparce por varios días para darle tiempo a las células sanas para que se reemplacen o reparen.
De esta manera, muchos pacientes pueden disfrutar de más años de vida satisfactorios, aun cuando muchos de sus órganos vitales recibieron el equivalente de una dosis de más de 20.000 mSv por encima del límite anual recomendado internacionalmente, lo cual hace que este sea un límite nada razonable.
Se necesita un cambio del tamaño del océano en nuestra actitud hacia la radiación y debe comenzar con la educación y la información pública.
Luego deben crearse nuevos estándares de seguridad, basados no en cómo excluir la radiación de nuestras vidas, sino en cuánta podemos recibir sin daño, y conscientes de los otros peligros que nos acechan, como el cambio climático y la pérdida de energía eléctrica.
Quizá un nuevo acrónimo es necesario para orientar la seguridad radiactiva. ¿Qué tal AHARS, As High As Relatively Save (tan alta como sea relativamente segura).
Los reactores modernos están mejor diseñados que los de Fukushima, los de mañana podrían ser aún mejores, pero no deberíamos esperar.
El desperdicio radiactivo es horrible pero la cantidad es pequeña, especialmente si es reprocesado. En cualquier caso, no es un problema intratable como muchos suponen.
Alguien podría preguntarme si yo aceptaría que este desperdicio fuera enterrado 100 metros debajo de mi casa.
Mi respuesta sería: "Sí, ¿por qué no? De manera más general: debemos dejar de correr de la radiación.
Wade Allison es físico médico y nuclear de la Universidad de Oxford. Es el autor de "Radiación y Razón" (2009).


BBC Mundo

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