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2012/01/23

Los fabricantes chinos animan la feria

Las banderas rojigualdas no son españolas. Son el reclamo de productos chinos, principalmente de Shenzhen. Años atrás la representación china en la feria de las Vegas cabía en un habitación, hoy se desparrama por varios hoteles y por los centros de convenciones. No hay sector que no toque: cables, masajes, ecología, diseños para iPhone, aparatos 3D...tabletas, teléfonos, televisores... Hace tiempo que dejaron de venir aquí a ver; ahora vienen a vender. A su presencia se añaden, como si fueran por otro lado, los expositores de Hong Kong, más los de Taiwán. Todos ellos son los animadores de la feria y, sin duda, un factor determinante de la buena salud del propio show y del mismo sector del consumo electrónico.
"Quizás es porque nosotros estamos creciendo mucho y nos van bien las cosas". Tian Li confirma que cada vez son más en la feria. Ella es una veterana en estas citas. Representa a Made-in-China.com, una especie de cámara de comercio para productos tecnológicos. En su portal de Internet recoge millones de proveedores del país con sus "productos de calidad". Li explica que su asociación pretende acabar con el tópico de la baja calidad de los productos chinos y con la desconfianza de la clientela. Enseña una estadística: el 63,5% de los compradores asegura que los proveedores de Made-in-China son de total confianza, frente al 32,9% que dice lo mismo de lo que encuentra en Internet.
Sea de Made-in-China o no, Andy Chen viene de Shenzhen, como la mayoría. Él vende, a diez dólares, sensores para instalar en los parachoques de los vehículos. En la garita de al lado, Flora Lee juega con una mesa multitáctil. Los veinte dedos de dos personas remueven una imagen de aguas transparentes. El efecto es espectacular. Cuesta unos 5.000 dólares y es lo más caro que hemos encontrado después de mirar cientos de estands chinos. Lee igual se ha despistado al ver que el periodista es español. "Yo conozco mucho Barcelona", dice excitada "y el Barcelona Fútbol Club. Tengo camiseta. Veo partidos del Barcelona y del Madrid". Con la emoción se le ha olvidado enseñar otra joya de su empresa TimeLink, y la directora de mercadotecnia, Anni Tang, va a buscar al periodista para enseñarle un supletorio de pantalla para ordenadores Mac, con la que se consigue que el ordenador se transforme en multitácil. "Esta es más barata, 200 dólares, Solo táctil con diez dedos a la vez".
En los pasillos se oye hablar bastante español, incluso español de España. Ángel Gándara pregunta precios. Trabaja en ZipyLife. "Es interesante esta zona de la feria. Ves tendencias, precios y las empresas, y luego viajamos a China".
En eTech venden un bolígrafo con pantallita para ver la tele y leer libros. Cuesta 13 dólares, así que tampoco se puede reclamar mucho si no se ven bien las carreras de Fórmula 1. "Sin memoria", puntualiza Yang, "con memoria, cuatro dólares más".
Se nota en muchos vendedores cierta prevención o recelo con los periodistas. No saben bien cómo reaccionar. En Procare, se prohíben las fotografías. Es una empresa de Guangdong que fabrica unos lápices que eliminan arañazos de las pantallas. Los objetos se guardan en vitrinas, bajo llave, y no los sacan nunca. Tampoco dan precios.
Hay mucha innovación escondida por metro cuadrado. Peng Gou, por ejemplo, tiene un miniproyector que se adapta al iPhone. El proyector se pega al móvil y con un cable las imágenes salen en el ordenador o en el televisor . "También es cargador y cuesta unos 135 dólares", dice Gou. Por 165 dólares Ray ofrece una tableta 3D, sin necesidad de gafas, con el último sistema operativo de Android, con pantalla de diez pulgadas, wi fi, sensor de 360 grados, dos cámaras, fabricada por StarWorth. ¿Alguien da más? Quizás sí, en el pasillo de al lado, donde está Johnny Chen tocando el violín. Eso es lo normal sí, pero a esta empresa de Guangzhou se le ha ocurrido que no hay sonido más puro que el que sale de ese instrumento musical y por eso emplea la forma y arquitectura del violín para crear los altavoces, sin duda, los más decorativos del mercado. Otra cosa será que el Rock de la cárcel suene raro. "Aun estamos en fase de desarrollo del proyecto", advierte Johnny Chen, que vive en propia carne esa fusión de culturas, con su sangre china y vida californiana. Cada año más, los vendedores de productos chinos, ya no son chinos, los sales manager tiene cara de americanos. El mundo al revés, fabricantes de Schenzhen y vendedores del Far West.

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