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2011/10/24

La pesadilla de los políticos y economistas

Ryan Wertman era una persona con suerte.
Tras graduarse de Derecho en 2007, consiguió trabajo con una empresa grande en Filadelfia. En momentos en los que la tasa de desempleo era alta, él estaba ganando un buen salario, con beneficios y tenía un camino trazado para llegar a la posición de socio de la empresa.
Pero la economía colapsó y todo cambió.
A Wertman no lo despidieron ni nada por el estilo. Lo que pasó fue que se desilusionó con la cultura corporativa, así que dejó su cómodo empleo para abrir su propia oficina: una firma de un solo hombre que ofrece servicios legales a otras pequeñas empresas.
"Trabajar para una compañía grande y ascender dejó de ser una recompensa atractiva", explica Wertman. "Tras vivir la era de 2007, 2008 y 2009, uno se da cuenta de que tener un empleo en una gran empresa no es la opción más estable ni la menos arriesgada".
Y él no es el único que piensa así.

En busca de estabilidad

La tasa de desempleo de Estados Unidos se mantiene alta.
Entre tanto, el número de nuevas empresas está subiendo al ritmo más rápido de los últimos 15 años, según el grupo de investigación de empresas y educación Fundación Kauffman.

El desempleo, sin embargo, nunca ha sido un gran motivador del espíritu empresarial. Apenas un cuarto de los creadores de pequeñas firmas provienen de "un período de desempleo", según Erik Hurst, catedrático de economía de la Universidad de Chicago.
"Cuando uno le pregunta a la gente si lanzaron su negocio porque no podían encontrar trabajo, ése raramente es el caso en EE.UU.", señala.
Durante la primera década del milenio, sólo el 4% de los negocios nuevos declararon "falta de opciones de empleo" como motivador. Aunque esa cifra puede fluctuar dependiendo de la economía, sigue representando una pequeña porción.
En muchos casos, son los que tienen buenos empleos pero están preocupados por el futuro o quienes tienen ganas de dejar el mundo corporativo los que tienen la motivación para empezar su propia operación.
Y, aunque la posibilidad de abandonar un buen empleo en esta economía suena arriesgado, a menudo es todo menos eso.
Por un lado, quienes tienen trabajos más o menos estables probablemente tendrán las calificaciones, educación, conexiones y recursos que se necesitan para empezar su propia empresa.
Aún más importante es que ser jefe de uno mismo da un nivel de seguridad que en el momento no existe en el mundo corporativo.
"La gente que empieza sus propias empresas examinan todas sus otras opciones y deciden que sería absurdo escoger cualquier otro camino que no sea ése", indica Penelope Trunk, fundadora de Brazen Careerist, un sitio de gestión de carreras para profesionales jóvenes.
"Ya no hay trabajos estables. Ser un empresario es como crear una red de seguridad".

Gerentes trasnochados

Debido a que a la mayoría de los novatos les preocupa la seguridad, no sorprende que hagan los planes para su nueva compañía mientras cobran sueldo en otra.
"Es una buena forma de empezar", opina Amy Cosper, editora en jefe de Entrepreneur Magazine, que dedicó la portada de la edición de octubre al tema de empezar una empresa durante la recesión. "Hay muchos gerentes trasnochados".
Eso además explica otra tendencia que notan los analistas: las compañías creadas no se basan en ideas o productos muy nuevos.
Satisfacen necesidades existentes, sólo que a una escala menor. En otras palabras, la gente está dejando sus empleos para hacer el mismo trabajo pero en sus propios términos.

Michael Pazyniak, organizador de eventos corporativos, inauguró su propia compañía este mes tras trabajar en ese campo durante más de una década. "Quería aprovechar lo mejor de lo que he aprendido".
Lo que finalmente lo motivó a lanzarse solo fue el darse cuenta que su carrera estaba mejor en sus manos que en las de sus jefes.
"Entre 2007 y 2008, cuando las cosas empezaron realmente a colapsar, los directores de la compañía reaccionaron de una manera distinta de la que los jóvenes querían, se aferraron a las formas más tradicionales de generar entradas", explica.
Las ideas para la innovación y el crecimiento fueron sofocadas por una estructura corporativa que le temía al cambio durante un período de incertidumbre económica, una reacción que Pazyniak consideró poco visionaria y peligrosa.
Su nueva compañía, Lighthouse Creative Works, es increíblemente similar a su antiguo empleo, incluyendo algunos de los mismos clientes. Pero ahora es él quien tiene las riendas.

Metas modestas

Pazyniak también tiene un empleado, algo excepcional en el nuevo mundo de la creación de negocios. La mayoría de las nuevas compañías se ajustan a lo que la Fundación Kauffman denomina "empresas sin empleos", es decir, firmas que no contratan a nadie.

Eso, combinado con el hecho de que estos trabajos no son innovadores, son malas noticias para los políticos y expertos que están impulsando la estimulación de pequeñas empresas como una forma de crear más empleo. A pesar de que estos empresarios están creando un nuevo puesto de trabajo (el que sus antiguos jefes tienen que reemplazar cuando ellos se van), tienden a no tener un efecto multiplicador.
Estos empresarios no están buscando ser el próximo Google o Groupon. Lo único que quieren es ganarse la vida y tener seguridad laboral.
"Mi meta es llegar a cierto nivel de ganancias y mantenerme ahí: ganar lo mismo que un abogado corporativo trabajando menos", dice Wertman.
Para los economistas, eso es una pesadilla. Pero para Ryan Wertman, es un sueño hecho realidad.
"Puedo salir a trotar o a jugar golf y nadie me va a mirar feo", dice Wertman. "Para mí, lo más atractivo es el estilo de vida y la libertad. No hay nada comparable si se trabaja para una firma grande".

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