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7 oct. 2011

La vida secreta de Steve Jobs

  Como sucede en la mayoría de personajes relevantes, la vida de Steve Jobs ni es tan idílica, ni tan perfecta como se proyecta públicamente. La historia oficial retrata a un "hombre hecho a sí mismo" que ha llegado a lo más alto profesional y personalmente; con escasos puntos oscuros en su vida. Pero no todo era tan idílico como una casa minimalista, un matrimonio con una inteligente y bella mujer o unos hijos estupendos. Jobs también tenía puntos oscuros mucho menos conocidos.
El cofundador de Apple fue adoptado por una familia de Sillicon Valley, Paul y Clara Jobs, junto a los que siempre asegura que pasó una "infancia feliz". La historia de su familia biológica es más turbia: su padre es el sirio Abdulfattah John Handali, y su madre Joanne Simpson. Eran dos universitarios cuando ella se quedó embarazada, y decidieron darle en adopción. Pocos meses después, se casaron y tuvieron otra hija, Mona, que contrajo el apellido materno porque el padre no tardó mucho en abandonarlas.
Jobs estuvo obsesionado con su familia biológica durante mucho tiempo. Llegó a contratar a un detective privado para que le revelara los secretos de sus padres, y quedó noqueado al conocerlo. Tardó algún tiempo, pero finalmente inició una aproximación, y acabó recuperando el contacto con su madre, y especialmente por su hermana.
Sobra la deducción para afirmar que este hecho marcó la vida del magnate de Apple para el resto de su vida. Nunca fue capaz de perdonar a su padre, al que culpó de su abandono y también de la desgracia a la que condenó a su madre y hermana. Conforme iba conociendo más detalles de la historia e iba uniéndose a su hermana, más odio le despertaba su padre biológico; quien hizo públicos intentos para que su hijo le perdonara: llego a pedírselo, incluso, desde la prensa. Le mandó correos, y le llamó decenas de veces. Pero todo fue inútil. Jobs no le perdonaba lo que hizo.
Por eso resulta paradójico que quien con tanta fuerza condenó la actitud de su padre, repita ese mismo error años después. Todo ocurrió con el Steve universitario, un conquistador nato al que le sobraban las mujeres. Una de ellas fue Chris-Ann Brennan, a la que dejó embarazada y también abandonó. La joven le llevó ante los tribunales, donde Jobs juró que era estéril y se negó, durante años, a pagar la pensión de Lisa, como se llamó la niña.
Chris-Ann Brennan no tuvo más remedio que criar a la pequeña con las ayudas estatales para madres solteras, hasta que Jobs cedió, y se realizó una prueba de ADN cuando Lisa tenía ya siete años. El cofundador de Apple asumió su paternidad, y trató de construir desde ahí una relación estable: como gesto de cariño le puso su nombre a uno de los primeros ordenadores de Apple. ‘Lisa’ fue un batacazo en el mercado, pero consiguió enmendar una relación rota.
Son muchos los testimonios que describen a Jobs como un seductor, al menos en su época universitaria y veinteañera. Tenía un apartamento en Nueva York, que sólo amuebló con un colchón: era su picadero. Allí llevó a algunas de sus amantes, entre las que hay nombres conocidos, como la cantante Joan Baez y la actriz Diane Keaton.
Pero la mujer que ha marcado su vida no es otra que su esposa, Laurene Powell Jobs, con la que tiene otros tres hijos. Aunque fue un hombre hermético en lo personal, Jobs gustaba de relatar la forma en la que se conocieron, en la universidad de Stanford. Él acudió a dar una conferencia, y ella lo escuchaba obnubilada desde el público. Se intercambiaron los teléfonos, con la promesa lejana de verse después. Él tenía un compromiso profesional después, pero algo le hizo deshacer sus planes, según cuenta: "estaba en el estacionamiento, con la llave del coche en el contacto, y pensé que si esta fuera la última noche de mi vida preferiría mil veces pasarla con esta mujer que en una reunión de negocios. Así que salí del coche, crucé corriendo el aparcamiento y le pregunté si quería cenar conmigo. Dijo que sí, fuimos paseando hasta el centro y hemos estado juntos desde entonces". Se casaron por el rito budista en el 91, y han sido, según dicen, "realmente" felices.
Laurene también es una brillante profesional, que nunca se ha mantenido a la sombra del genio de Apple, al contrario: ha montado su propia empresa, y es una mujer volcada con sus causas sociales y benéficas, todo lo contrario que su marido, que nunca destinó ni un dólar a este tipo de causas.

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