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7 oct. 2011

“Debo decirle a mi familia lo que no le dije en diez años”, dijo Jobs al enterarse de su enfermedad


Steve Jobs llevaba desde octubre de 2003 luchando contra un cáncer de páncreas, pelea que este miércoles llegó a su punto final.
"Mi médico me recomendó entonces que volviera a casa y pusieron orden en mis asuntos, lo que significa: prepárate para morir. Significa que debes decirles a tus hijos, en unos pocos meses, todo lo que planeabas decirles en diez años. Significa que te asegures de dejarlo todo listo porque debes despedirte", afirmaba Jobs cuando se enteró cuál iba a ser su destino.
El emprendedor tuvo que someterse a una cirugía y, luego, a un trasplante. Entretanto siguió alumbrando maravillas: iPhone, iPad, iCloud...
Pero, sin más remedio, en agosto pasado tuvo que dimitir como presidente ejecutivo de Apple para refugiarse con su familia para pasar sus últimos días.
La historia de su familia
Tal como publica la revista española XLSemanal, Jobs siempre fue un hombre de familia, cuya privacidad ha defendido como un caballero templario. Y Laurene Powell Jobs, su mujer, fue la guardiana del castillo. Solo ella supo serenar al soñador con tendencia a desquiciarse. Vio más allá de las filias y fobias que despertaba. Y no le pareció ni un iluminado ni un déspota. Porque Laurene percibió al niño adoptado, confundido, que no tenía claro quiénes eran los suyos hasta que ella apareció en su vida.
Se conocieron en la universidad de Stanford. Jobs había sido invitado a dar una conferencia y se fijó en aquella estudiante de sonrisa contagiosa que lo escuchaba concentradísima. Intercambiaron teléfonos, pero él tenía una cena de negocios y se despidieron al salir de clase con el vago compromiso de quedar en otra ocasión, detalla la publicación online XLSemanal.
Unos minutos más tarde, Jobs lo pensó mejor: "Estaba en el estacionamiento, con la llave del coche en el contacto, y pensé que si esta fuera la última noche de mi vida preferiría mil veces pasarla con esta mujer que en una reunión de negocios. Así que salí del coche, crucé corriendo el aparcamiento y le pregunté si quería cenar conmigo. Dijo que sí, fuimos paseando hasta el centro y hemos estado juntos desde entonces", recordó.
Llevaban casados más de 20 años. Según XLSemanal, la boda fue una ceremonia budista presidida por el monje zen Kobun Chino Otogawa, gurú personal de Jobs, que en su juventud y después de acabar de mala manera en la universidad (no duró ni un semestre) viajó por la India buscando iluminación espiritual. Jobs reconoció que unas veces la encontró en la religión y otras en el ácido lisérgico.
Laurene, que cumplió 47, es diez años más joven que él. Pero le aportó la pizca de sentido común que le faltaba al visionario. Por ejemplo, que incluyese el pescado en una dieta vegetariana tan estricta que llegó a alimentarse solo de zanahorias.
Laurene es una economista brillante. Estudió dos carreras y un máster. Trabajó como analista de inversiones para Merrill Lynch y Goldman Sachs.
Nunca quiso vivir a la sombra de su marido, destaca XLSemanal. Montó una empresa de alimentación enfocada a la agricultura biológica y pertenece a la dirección de Achieva, una organización que proporciona becas a alumnos sin recursos.
Es una defensora de la ley Dream, un proyecto que pretende otorgar la ciudadanía a estudiantes sin papeles que hayan llegado con sus padres a EE.UU. siendo menores de edad. "Son alumnos brillantes. Científicos, escritores, enfermeras y artistas en potencia, y nuestra sociedad no puede permitirse renunciar a su talento", razona.
Laurene también colabora con varias organizaciones benéficas, pero la filantropía no es algo que haya conseguido imbuir en Jobs, que no destina ni un dólar a proyectos sociales. Según antiguos empleados, considera estos gastos "una distracción" de dudosa eficacia. El contraste con Bill y Melinda Gates, volcados en su fundación, es notable. Las únicas donaciones que se le conocen son al Partido Demócrata.

Para Jobs, multimillonario desde los 25 y con una fortuna estimada en u$s5.500 millones, el dinero nunca fue una motivación. Dormía en un colchón tirado en el suelo en una mansión que no amuebló.
Llegó a trabajar en Apple por un salario anual de u$s1 (aunque sus acciones le reportaban u$s44 millones). "Tanto dinero me causa hilaridad. Es la cosa menos valiosa de mi vida", dijo. Era alérgico a la ostentación. Y la residencia familiar de Palo Alto (California) es un templo del minimalismo. Tuvo un departamento en Nueva York antes de conocer a Laurene que, básicamente, utilizó de picadero. Jobs tuvo su época de conquistador. Entre sus parejas, la cantante Joan Baez y la actriz Diane Keaton.
Laurene y Jobs tuvieron tres hijos: Reed Paul (20 años), Erin Sienna (16) y Eve (14). Fueron su consuelo en los momentos sombríos. Desayunar con ellos en el porche o conversar mientras el sol de la tarde calentaba su rostro, su último placer. Conservó hasta el final su sentido del humor. Como en 2008, cuando la cadena Bloomberg publicó por error su obituario decía: "Los rumores sobre mi muerte son muy exagerados".
"Quiero ser un buen padre. Es a lo único a lo que aspiro. Me gustaría ser tan bueno para ellos como fue mi padre conmigo. Pienso en ello cada día de mi vida", confesó.
Cuando Jobs hablaba de su padre, se refería a su padre adoptivo, al que idolatraba. Fue dado en adopción al nacer y criado por un matrimonio de Silicon Valley: Paul Jobs era maquinista en una fábrica; Clara, contable. Ambos han fallecido ya. Jobs fundó Apple con su amigo Stephen Wozniak en el garaje de la casa familiar. El padre, un manitas, los ayudaba a soldar los prototipos del primer Macintosh, detalla XLSemanal.
Su familia biológica es otro cantar. Jobs era hijo de Abdulfattah John Jandali, un ciudadano sirio, y de Joanne Simpson. Estudiaban en la universidad. Ella se quedó embarazada y, presionados por el padre de Joanne, decidieron dar al bebé en adopción. Sin embargo, meses más tarde se casaron y tuvieron una niña, Mona Simpson, que hoy es una escritora famosa. Esta vez decidieron quedarse con su hija, pero Jandali abandonó a su familia al cabo de cuatro años.
Jobs conoció la historia siendo ya adulto. Había contratado a un detective para que buscara a sus padres biológicos. El impacto fue demoledor. Jobs recuperó el trato con su madre y mantuvo una relación estrecha con su hermana, que escribió una novela inspirándose en él. "Nos llamamos por teléfono cada dos o tres días y es una de las mejores amigas que tengo en el mundo", decía. Pero con su padre fue inflexible. No quiso saber nada.
Jandali, a sus 80 años, le pidió perdón a través de la prensa hace unas semanas. "Tengo la sensación de que el tiempo se acaba. Aunque solo nos pudiéramos ver para tomar un café, eso me haría muy feliz. Pero Steve no contesta mis correos", dijo.
Paradójicamente, el propio Jobs vivió una situación parecida en la universidad. Tuvo un romance con Chris-Ann Brennan, a la que dejó embarazada de una niña, Lisa. Pero se negó a reconocerla, creyendo que no era suya. La madre lo demandó y Jobs juró ante un tribunal que él era estéril y se negó a pagar la pensión. Lisa fue criada con ayudas estatales para madres solteras hasta que Jobs se sometió a una prueba de ADN que confirmó su paternidad. La niña ya tenía siete años.
Desde entonces pasó largas temporadas con su padre. Hoy tiene 33 y es escritora. "Recuerdo a mi padre conduciendo, muy callado. Yo me sentía segura con él. Siempre he lamentado el momento de bajarme del coche". Jobs bautizó a uno de sus ordenadores con su nombre. Pero "Lisa" costaba u$s10.000 y fue un fiasco, añade XLSemanal.
"Jobs siempre aspiró a ser inmortal, se vio a sí mismo como Ghandi o Luther King, y se encomendó a la inmortalidad de las máquinas", escribió un biógrafo. Pero no hay nada más perecedero que una máquina.
Su legado quizá sea su desbordante capacidad de sorprenderse a sí mismo y a los demás: "La muerte es el mejor invento de la vida. Desde los 17 años, cuando me miro al espejo, me pregunto si lo que voy a hacer hoy lo haría si fuese el último día de mi vida."

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