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2011/09/26

Trolls y cyberbulliyng: El lado oscuro de las redes sociales

A casi todos nos ha sucedido alguna vez. Publicamos un texto en nuestro blog o un comentario en una red social y, para nuestra sorpresa, recibimos respuestas de desconocidos que nos agreden o insultan sin razón. Este fenómeno, conocido como trolling, es tan antiguo como Internet, y preocupa a muchos especialistas ya que constituye un atentado contra la naturaleza social de la web.
Desde que existe la posibilidad de dejar comentarios en la red han existido los trolls. Esto es, usuarios que publican insultos, mensajes provocativos, información falsa o que “roban la identidad digital” de otra persona. Podemos identificar diferentes tipos de trolls: muchos de ellos son apenas simples bromistas que no entrañan mayores peligros; otros, sin embargo, llegan a incurrir en prácticas de acoso online que, en algunos casos, pueden ser incluso penadas con la cárcel.
Para aquellos que interactuamos a diario en la web, es importante entender que los usuarios que realizan este tipo de prácticas sólo pretenden provocar. No promueven la conversación, no buscan ningún tipo de respuesta más que la exasperación de otros navegantes y, a fin de cuentas, no siguen las reglas de sociabilidad habituales en los social media. La mejor respuesta a estas actitudes es ignorarlos. Como suele decir un dicho popular en inglés, “no alimentar a los trolls”.
¿Hay anonimato en Internet?
La mayoría de las personas no insultarían a un desconocido con el que se encuentran en una esquina. Menos aún, atacarían a alguien en una reunión pública en la que hay decenas de asistentes. Sin embargo, muchos navegantes no tienen pruritos en proferir insultos y mensajes ofensivos a través de Internet. Esto tiene una explicación relativamente simple: delante de una pantalla, los usuarios se sienten protegidos por un halo de anonimato que les hace creer que pueden expresarse con total impunidad.
Existen dos tendencias en la web respecto al anonimato en la participación. Una más tradicional, que puede remontarse a los inicios de la web, es la esgrimida por Christopher Poole, fundador de la polémica página de foros 4Chan. Poole asegura que la posibilidad de comentar anónimamente promueve la creatividad y permite compartir opiniones más libremente. Por su parte, el creador de Facebook, Mark Zuckerberg, promueve la transparencia, que implica que cada persona dé a conocer su identidad real en toda plataforma online, ya que de esta manera se logra una mayor legitimidad en la participación y se previene el mal uso de las herramientas.
¿Puede el trolling ser considerado un delito?
Hay numerosos argumentos tanto a favor como en contra del anonimato en la red. Pero lo cierto es que, aunque muchos usuarios creen erróneamente que en el medio online existe una total impunidad, esta percepción es absolutamente equivocada. Los usuarios deben responder por los contenidos y comentarios que publican en foros, blogs, y redes sociales, del mismo modo que deben hacerlo por sus actitudes en cualquier ámbito de su vida.
Recientemente, dos episodios de trolling sucedidos en el Reino Unido tomaron relevancia por haber sido objeto de investigaciones en la justicia. En el primero de los casos, el humorista británico Dom Joly denunció a un usuario de Twitter denominado como @deathjolykids por publicar comentarios ofensivos sobre sus hijos en los que aseguraba que sufrían enfermedades como cáncer y síndrome de down. Este acoso fue investigado por la policía, y la red social decidió cerrar la cuenta del acosador.
Pero el caso más relevante es el de Sean Duff, un joven de 25 años que se burlaba públicamente, a través de videos y comentarios en la web, de jóvenes muertos en accidentes de tránsito y otras circunstancias trágicas. El troll fue condenado a 18 semanas de prisión y recibió una inhabilitación de cinco años para el uso de redes sociales, lo que constituyó una sentencia ejemplar para aquellos que creían que la web era un ámbito dominado por la anarquía.
Perspectivas de futuro
Sin lugar a dudas, el trolling es un fenómeno que será difícil de erradicar de forma definitiva. El contenido generado por los usuarios es una de las características que han transformado a la web en la fantástica herramienta que es hoy, y los trolls no son más que una consecuencia no deseada de este fenómeno.
Por lo general, los usuarios confían más en las opiniones de otros navegantes que en los mensajes institucionales generados por empresas. Este es el secreto del éxito de plataformas colaborativas como Trip Advisor y otras webs de recomendaciones de servicios. El trolling no es más que el “lado oscuro” de la libertad que tienen los usuarios para publicar sus opiniones y comentarios. Por lo tanto, sería imposible eliminarlo sin limitar la libertad de los navegantes.
De todos modos, a medida que Internet madura como plataforma de comunicación, es posible que el fenómeno se aplaque por las mejoras tecnológicas y por la propia evolución de los modos de uso. Las plataformas más populares de social media, como Facebook y Twitter, no son amigas del anonimato, e impulsan a los usuarios a utilizar su identidad real. Además, ya ha habido casos en los que las empresas decidieron cerrar los perfiles de aquellos usuarios que utilizaban las redes para prácticas abusivas.
Pero también hay un fenómeno que debemos observar a nivel usuario final: los usuarios son cada vez más cuidadosos de lo que hacen online. Evalúan con detenimiento los comentarios que pueden realizar en la web, y también son exigentes a la hora de elegir qué usuarios seguir en las redes sociales. A medida que la población de Internet siga madurando y comience a entender con mayor profundidad la importancia de los buenos hábitos de navegación (y las posibles consecuencias de no respetarlos), cabe esperar que el fenómeno del trolling se transforme en algo cada vez más aislado.

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