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18 mar. 2011

El 'mensajero de los dioses' conquista Mercurio

En la mitología romana, Mercurio, hijo de Júpiter y la ninfa Maya, era el mensajero de los dioses, el patrón de los viajeros y el encargado de conducir a los infiernos las almas de los muertos, y de traerlas de nuevo al mundo cuando volvían a habitar otros cuerpos. Con una propósito similar, y casi divino, la sonda Messenger de la Agencia Espacial estadounidense (NASA) inició anoche la última fase de su misión: viajar alrededor del planeta más cercano al Sol soportando temperaturas infernales para recoger y reenviar a la Tierra información sobre su composición, su campo magnético algo que en el Sistema Solar es casi una rareza, compartida con la Tierra y su casi inexistente atmósfera.
Tras un interminable viaje de seis años, siete meses y 14 días en los que ha recorrido cerca de 8.000 millones de kilómetros, incluidas ocho órbitas completas alrededor del Sol, la Tierra y Venus, la Messen-ger se prepara para hacer historia convirtiéndose en la primera nave humana en visitar Mercurio, algo que ya intentó sin éxito la sonda Mariner 10 hace más de tres décadas. Y es que, según parece, desde el principio de los tiempos, nadie había estado tan cerca de cumplir la misión del alado transmisor de la voluntad divina como la sonda Messenger debido a las dificultades que entraña el acercamiento a un planeta que se traslada por el espacio mucho más rápido que la Tierra y al extremo calor de su atmósfera.

El momento más delicado de la operación es el proceso de frenado. El artefacto espacial deberá poner al máximo sus motores durante 15 minutos "para adaptarse a los 104.607 kilómetros por hora a los que gira el planeta", según explicó Carl Engelbrecht, científico del programa Messenger de la NASA, quien reveló que los tres giros completos que la sonda realizó sobre Mercurio antes de iniciar la aproximación sirvieron "para utilizar la gravedad del planeta como un freno parcial antes de la inserción órbital". Las razones que han llevado a los científicos espaciales a tomar esta compleja decisión son la proximidad de Mercurio al Sol y la práctica ausencia de una atmósfera en el planeta, lo que obliga a utilizar esta técnica de frenado que se ha empleado ya en otras misiones espaciales.

Sólo una oportunidad

La maniobra de inserción es compleja y, además, sólo habrá una oportunidad para completarla con éxito. De no conseguirlo a la primera, los depósitos de combustible de la Messenger quedarían al 10% y la misión, con un presupuesto superior a los 440 millones de dólares, estaría abocada al fracaso: la sonda acabaría estrellándose contra la superficie del planeta que ha ido a estudiar. Sin embargo, si todo sale según lo previsto, la nave flotará sobre Mercurio a unos 200 kilómetros de altitud, dibujando un recorrido de 12 horas a su alrededor.

Una vez situada la sonda bajo el influjo de la gravedad de Mercurio, el problema serán las elevadísimas temperaturas a las que se deberá enfrentar. Con un tamaño poco mayor que el de la Luna, las condiciones atmosféricas de Mercurio se cuentan entre las más hostiles de los planetas del Sistema Solar, con temperaturas que recorren un rango desde los 180 grados bajo cero hasta 430 grados positivos, capaces de derretir metales como el plomo. "Hemos resuelto este problema colocando una gran sombrilla de cerámica altamente reflectante que soporta el calor y protege la nave espacial", asegura Sean Solomon, investigador principal del proyecto, quien reconoció que, a pesar de todo, la sonda se verá obligada a limitar a 25 minutos su estancia en las áreas más calientes del planeta.
Gracias a la sombra proyectada por el parasol frontal de la Messenger, de 2,4 por 1,8 metros, los instrumentos científicos de la misión podrán trabajar cómodamente a unos 70 grados. Pero las noticias tardarán en llegar a la Tierra. Tanto las órdenes que se quiera transmitir al satélite como los datos que emita con dirección a las instalaciones de la NASA llegarán con un retraso de entre 6 y 12 minutos, y las primeras fotos no estarán disponibles hasta el 4 de abril.
La misión de la Messenger durará sólo dos días, en tiempo de Mercurio, lo que equivale a 352 días terrestres por la lenta rotación del pequeño planeta. Por ello, aún habrá que esperar durante aproximadamente un año para que la comunidad científica pueda confeccionar un mapa completo del cuerpo más cercano al Sol y responder a cinco preguntas básicas sobre su composición: ¿Por qué es tan denso? ¿Cuál es su morfología? ¿Cuál es la naturaleza de su campo magnético? ¿Qué elementos volátiles son importantes? ¿Cuál es la estructura de su núcleo? Y, por último, ¿es hielo el material que se puede observar en sus polos?
Antes de anclarse a la órbita de Mercurio, la Messenger ha sobrevolado la superficie del planeta tres veces desde 2008, enviando a los científicos una avalancha de datos que ha permitido conocer detalles como la evidencia de un antiguo vulcanismo o la curiosa contracción de volumen que sufrió después de su enfriamiento, lo que llevó a Solomon a definirlo como "el increíble planeta menguante".

Publico

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