Buscar

2011/12/26

Soto ofreció un modelo de negocio P2P a las discográficas

Las relaciones entre Pablo Soto y la industria discográfica no siempre fueron tan malas como lo son hoy. Soto acaba de ganar una demanda en la que la Asociación de Productores de Música de España y las discográficas Warner, Universal, Emi y Sony BMG le reclamaban 13 millones de euros por crear los programas de intercambio de archivos Blubster, Piolet y Manolito P2P. Pero hace ocho años no todas las discográficas pensaban así, y el programador madrileño negociaba con los directivos estadounidenses de Sony Music la gestión de un modelo de negocio a través de P2P que permitiera a los usuarios acceder a la música que quisieran y, a la vez, obtener ingresos a la industria. El acuerdo no llegó a materializarse y, con las discrepancias técnicas, se perdió una oportunidad que podría haber cambiado la situación actual de la industria.
En 2003, el programa de intercambio de archivos Blubsterestaba en las listas de los más descargados. Soto mantuvo una reunión con el entonces presidente de Sony Music, Andrew Lack, con la idea de gestar un modelo de negocio rentable. "No me trató como un enemigo, sino todo lo contrario. Tenía una postura constructiva", recuerda el empresario. Negociaron que Blubster, la creación de Soto, ofrecería música gratuita de baja calidad (128 kbps) financiada con publicidad. Y las canciones de pago se ofrecerían en calidad alta, con extras y a un precio menor que el de un CD.
Soto vendería Blubster a Sony; esta pasaría a tener el control de la plataforma y Soto la administraría. "El acuerdo se gestó en varios días. No firmamos nada pero negociamos un precio y ambas partes estábamos de acuerdo", comenta el creador.

Con filtros

Más tarde llegaría una reunión con Phil Wiser, en aquel momento director técnico de Sony Music. El acuerdo parecía sellado. La compañía estaba convencida de que a él se sumarían Emi, BMG y Universal. Wiser pidió hacer un filtro que distinguiera las canciones que eran propiedad de las discográficas y las que no. Y en este punto comenzaron a surgir las diferencias. "Yo dudaba de que ese filtro pudiera ser eficaz, por lo que les pedí que lo hicieran ellos, que son los que tienen la base de datos de las canciones y los artistas de los que tienen los derechos", apunta Soto. La discográfica, según él, argumentó que ellos tampoco eran capaces de hacer un sistema que discerniese entre unas canciones y otras, "que no tenían capacidad técnica", añade. Y en este punto terminó la negociación.

El asunto no pasaría de algo anecdótico si no fuera porque, en el juicio que se resolvió el pasado lunes, uno de los argumentos era que Soto no había hecho lo suficiente para incorporar un filtro a sus programas que distinguiera entre música sujeta a derechos y música libre. Ahora, con una sentencia que afirma que la función de los programas P2P es "totalmente neutra" y que para realizar una criba sería necesario disponer de un listado que no "consta" que exista, la decisión de Soto en 2003 cobra una nueva dimensión.
En su última creación, el buscador de descargas Foo-find, Soto ha incorporado un filtro automático, aunque reconoce que no es "100% infalible y se corre el riesgo de censurar archivos". Por ello, Foofind ofrece un apartado en el que un propietario de derechos puede solicitar que un enlace sea retirado. La Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI) también ha acusado a Google de beneficiarse de "páginas y aplicaciones que se lucran con la piratería". El buscador ha puesto en marcha un filtro que ocultaba las webs que permiten descargar contenido con copyright, algo que según la industria no es suficiente.

No hay comentarios: