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2011/01/10

¿Es mejor el trabajo manual que el intelectual?

Llegó la hora de la reflexión: año nuevo, vida nueva.
Si usted es uno de los millones de empleados o profesionales que trabajan en oficinas, y el Año Nuevo y la inevitable vuelta a sus labores le están haciendo anhelar un cambio, quizás usar sus manos es la respuesta.
El escritor y mecánico Matthew Crawford es uno de los que piensa que a muchos nos iría mejor cambiando el ratón por un destornillador.
Su libro, Con las manos o con la mente, ha sido un gran éxito en tu país natal, Estados Unidos, y elogiado tanto por los críticos como por los políticos.
Crawford, quien dirigía en Washington un centro de estudios y ahora arregla motocicletas, afirma que no es asombroso que la gente se sienta miserable en el trabajo.
Hoy en día, los empleos son ahora tan especializados y están tan mecanizados que es difícil notar la diferencia que hacen. Y, en los casos raros en los que el impacto es obvio, puede parecer que el resultado no tiene sentido.

Envidia

"A muchos de nosotros nos invade un sentimiento de la inutilidad", señala. "Cree una marca... y eso ¿de qué sirve? Sencillamente persuadí a la gente a que comprara algo que realmente no necesitaban".
Cuando dirigía el centro de estudios, según dice, honestamente no entendía la razón por la que le pagaban y se preguntaba qué bienes o servicios tangibles le estaba ofreciendo.
Pero cuando abrió su taller de reparación de motocicletas, el escritor se sorprendió al darse cuenta de que no sólo era más feliz, sino que además se sentía más estimulado intelectualmente. La vida del artesano -en el sentido más antiguo de la palabra: el que tiene un oficio mecánico- es variada pues mezcla lo práctico con lo lógico y la resolución de problemas, asegura.
"Imagina que eres un electricista, que estás haciendo una instalación y tienes que bordear las esquinas para que todo quede en el sitio correcto. Éste es el tipo de trabajo que requiere improvisación y adaptación. Nunca puede reducirse a seguir unos procedimientos establecidos", explica.

"La paradoja de la clase media"

El trabajo manual, insiste Crawford, "ofrece pequeños momentos de satisfacción, como cuando la bicicleta que reparaste empieza a funcionar. Pequeñas recompensas como ésta pueden ser difíciles de percibir en grandes organizaciones con muchos jefes, en las que los criterios para calificarte son ambiguos".
El columnista del diario The Times, Giles Coren, recientemente participó en un programa de TV de la BBC en el que tenía que vivir en una casa y ser autosuficiente, y quedó encantado con la experiencia.
"Perseguir a los pollos y desmalezar el huerto fue inmensamente gratificante", dice y señala que coincide con Crawford en que la vida moderna está plagada de una serie de procesos alienantes, a menudo llevados a cabo por celular, computador o el correo electrónico.
Coren lamenta que su profesión -el periodismo- ha sido despojada de la aventura y el contacto humano que comprendía.
"Hace sólo 15 años, cuando empecé como reportero, uno salía de la oficina para explorar las historias. Ibas a investigar, visitabas a la gente y utilizabas la biblioteca. Ahora me siento... y Google. ¡Es terrible, ojalá fuera bombero!", exclama.
A pesar de su salario de columnista, a Coren le dan envidia aquellos que tienen un trabajo con un claro propósito como los jardineros o los limpiadores.
"Mi jardinero Brien viene cada dos semanas. En verano, se quita la camiseta y se fuma un cigarrillo de liar. Yo lo veo a través de la ventana de la habitación en la que estoy sentado con mi nariz pegada a la pantalla del computador, trabajando para ganar lo suficiente para poderle pagar a Brien, quien está en mi jardín... es la clásica paradoja de la case media".

Falta de influencia

Roy Sutherland, vicepresidente de la firma de publicidad Ogilvy UK, concuerda con que trabajar con las manos ofrece mayor satisfacción a corto plazo.
Sin embargo, los artesanos no tienen algo tremendamente importante para muchos: influencia.
Empleos en actividades como la publicidad, en los que "trabajas con tu cabeza", pueden parecer inútiles pero las ideas que se proponen pueden realmente cambiar el mundo, defiende.
"Hace cinco años, alguien descubrió que una única tapa podía cubrir los tres diferentes tipos de taza de café. Cláramente no es la cura del cáncer pero es a través de millones de pequeñas ideas como esa que la sociedad se enriquece".
Además, para Sutherland, trabajar en una oficina con gente que tiene ideas afines es definitivamente estimulante.
"En parte, la gente disfruta de su empleo porque es social, mientras que trabajar con las manos puede ser solitario", sostiene.

Un mundo mejor

En la investigación para su libro Los placeres y los pesares del trabajo, el filósofo británico Alain de Botton concluye que todos queremos cambiar algo con nuestro trabajo, sin importar cuán banal sea el cambio.
"Al final de la jornada laboral, queremos sentir que hemos dejado el planeta un poco más sano, ordenado, sensato de lo que estaba al principio", comenta. "No estoy hablando necesariamente de grandes cambios: la diferencia podría suponer simplemente pulir la barandilla de unas escaleras, eliminar el crujido de una puerta o ayudar a alguien a encontrar su equipaje perdido".
Y aún así, es un error idealizar el trabajo artesanal, advierte.
"En el fondo, de lo que se está hablando es del encanto del trabajo artesanal y yo tengo la impresión de que esto puede darse en lugares muy distintos a una taller. Cuando escribes lenguaje de programación de computador estás en cierto sentido demostrando muchas de las cualidades de un artesano, así no se pueda tocar el producto final".

BBC Mundo

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