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2012/03/28

El barco fantasma que navegó 40 años a la deriva


La aparición frente a las costas canadienses de un barco pesquero japonés desaparecido hace ahora un año, cuando un tsunami arrasó las costas japonesas, es buen motivo para desempolvar algunas leyendas sobre buques fantasma. Lejos de pertenecer exclusivamente a la imaginación de los autores de novelas de piratas, en el mundo real muchas naves abandonadas y sin tripulación también han surcado los siete mares.
Uno de los casos más espectaculares es el del Baychimo, un carguero que en octubre de 1931 quedó atrapado en el hielo ártico a menos de un kilómetro de la costa norte de Alaska. Tal y como podemos leer en el blog “Abadía Digital”, sus tripulantes decidieron abandonar la nave y refugiarse de la tormenta en la cercana ciudad de Barrow.
Cuando, dos días después regresaron, el buque había desaparecido. Durante varias semanas exploraron la helada zona en busca del escurridizo navío, pero no hallaron ningún indicio de su presencia. A finales de noviembre, tras una fuerte tormenta de nieve, la Compañía de la Bahía de Hudson, propietaria del carguero, ordenó detener la búsqueda, ya que, lo más probable era que se hubiera hundido.

Visto por última vez en 1969

Sin embargo, unos días más tarde un cazador de focas inuit divisó al Baychimo a más de 70 kilómetros de Barrow. La tripulación salió en su búsqueda. Cuando lo encontraron descubrieron que la ventisca lo había dejado en muy mal estado, por lo que recogieron las pieles que transportaba y, pensando que no tardaría en hundirse, lo abandonaron a su suerte.
Este segundo abandono fue el comienzo de la leyenda del Baychimo. El barco, de 70 metros de eslora y 1.322 toneladas, no solo aguantó ese crudo invierno, sino muchos más. Durante décadas, exploradores, inuits y mercantes que navegaban por la región divisaron en numerosas ocasiones su silueta, lo que le valió una merecida reputación de barco fantasma.
La última vez que se supo de esta nave fue en 1969, treinta años después de su abandono. En esa ocasión, fue localizado en una banquisa en el Mar de Beaufort. Nunca más se le ha vuelto a ver. En 2006, las autoridades de Alaska pusieron en marcha una iniciativa para tratar de localizar sus restos, estuviesen a flote o en el fondo del mar. Sin embargo, hasta el momento la búsqueda ha resultado infructuosa.

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