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2011/11/16

Fukushima ensució un tercio de Japón

La radiación liberada por los reactores podridos de Fukushima ha contaminado el territorio japonés mucho más de lo que se había calculado hasta ahora. Tres nuevos estudios, dos independientes y otro del propio Gobierno nipón, avisan de que la basura radiactiva ensució los suelos de más prefecturas (provincias) de las que se consideraban contaminadas inicialmente.
El trabajo del Gobierno japonés consiste en una actualización del mapa de la contaminación que se realiza en helicóptero, sobrevolando aquellos lugares que pudieran contener rastros de isótopos radiactivos como el cesio-137 o el cesio-134, los más habituales tras accidentes como el ocurrido en Fukushima. Según este último mapa, hecho público por el Ministerio de Ciencia nipón, habría que añadir otras seis, hasta sumar 18 prefecturas sucias de un total de 47.
Un estudio científico que publica hoy la revista PNAS confirma este diagnóstico oficial. "El cesio-137 contaminó intensamente el terreno en extensas áreas del este y el noreste de Japón, mientras que la zona occidental estuvo resguarda por las formaciones montañosas", explica el trabajo conjunto de las universidades de Tokio, Nagoya y California, realizado con el apoyo del Instituto Noruego de Estudio del Aire.
Según sus datos, además de la prefectura de Fukushima, las más afectadas son las de Miyagi (con la que linda por el norte) e Ibaraki (al sur). Junto a estas, están seriamente afectadas por el cesio-137 las provincias de Iwate (al norte de Miyagi), Yamagata (noroeste), Tochigi (sur) y Chiba (al sur de Ibaraki). Los datos aportados en este estudio muestran que el 90% del total de la contaminación de los terrenos por cesio-137 se produce a causa de la lluvia. Los investigadores, que pretenden ayudar a centrar las labores de contaminación, aseguran que la agricultura de las regiones señaladas debe ser vigilada.
Muralla montañosa
Las formaciones montañosas evitaron que los materiales tóxicos se repartieran por todo el país, según otro estudio también publicado en el último número de PNAS. Las montañas evitaron la dispersión de la radiactividad, pero a costa de su propia salud, ya que las precipitaciones y la propia orografía hicieron que algunos de los macizos nipones estén ahora muy contaminados.
Por otro lado, este fin de semana la central accidentada abrió por primera vez sus puertas a la prensa desde que comenzara su descomposición el pasado 11 de marzo. Allí atendió a los periodistas el ministro de Medio Ambiente y responsable de la crisis atómica, Goshi Hosono, y el director de la central, Masao Yoshida, quien aprovechó la presencia de la prensa para pedir disculpas a la población y para hacer una confesión sobrecogedora: "Varias veces, durante la primera semana de la crisis, pensé que moriría en breve".
Gracias a Yoshida, jefe de los héroes de Fukushima, la catástrofe fue menor, ya que desoyó la orden de sus jefes de Tepco de parar la inyecciónde agua marina en los reactores. En las oficinas de Tokio no querían echar a perder su inversión en la central, y Yoshida sabía que lo más importante era enfriar los reactores. Ayer, unos 40 accionistas de Tepco demandaron a los consejeros de la empresa por negligencia; les reclaman más de 50.000 millones de euros

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