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2011/11/30

La degradación de tierras y agua amenazan la seguridad alimentaria

La escasez cada vez más aguda de recursos de tierras y agua y su degradación acelerada están poniendo en peligro a varios de los sistemas clave de producción de alimentos en todo el mundo. Un informe de la FAO revela que la presión humana sobre estos recursos está planteando un profundo desafío a la tarea de alimentar a una población mundial que para 2050 habrá llegado a los 9 000 millones de personas.
El informe El Estado de los recursos de tierras y aguas del mundo para la alimentación y la agricultura señala que si bien en los últimos 50 años hubo un aumento notable en la producción de alimentos, en demasiados lugares, los logros se han asociado a prácticas de gestión que han degradado las tierras y los sistemas hídricos de los que depende esta producción.
No hay región inmune, en todo el planeta hay sistemas en peligro, desde las tierras altas de los Andes hasta las estepas del Asia central, desde la cuenca hidrográfica del Murray-Darling de Australia hasta el centro de los Estados Unidos (ver mapa de sistemas agrícolas en riesgo).
Al mismo tiempo, mientras se perciben cada vez más cuellos de botella en materia de recursos naturales, la competencia por las tierras y el agua se volverá "omnipresente", indica el informe. Esto incluye la competencia entre los usuarios urbanos e industriales, así como dentro del sector agrícola, entre la producción pecuaria, la de cultivos básicos, la de cultivos no alimentarios y la producción de biocombustibles.
Para complicar aún más las cosas, se prevé que el cambio climático modifique las pautas de las temperaturas, las lluvias y el caudal de los ríos, de los que dependen los sistemas de producción de alimentos del mundo.
"El informe resalta que el conjunto de repercusiones de estas presiones y las transformaciones agrícolas consiguientes han puesto algunos sistemas de producción en riesgo de desintegración de la integridad ambiental y su capacidad productiva. Estos sistemas en riesgo podrían simplemente no poder contribuir como se esperaba a satisfacer las demandas humanas en 2050. Las consecuencias, desde el punto de vista del hambre y la pobreza son inaceptables. La acción correctiva se debe tomar ahora", dijo Jacques Diouf, Director General de la FAO.
Entre 1961 y 2009, la superficie agrícola mundial creció un 12%, pero la producción agrícola aumentó un 150%, gracias a un incremento significativo de los rendimientos de los principales cultivos. Pero una de las "señales de advertencia" que hace notar el informe es que las tasas de crecimiento de la producción agrícola han disminuido en muchas zonas y hoy apenas llegan a la mitad de lo que eran en el apogeo de la Revolución verde.
El informe proporciona la primera evaluación mundial del estado de los recursos de tierras del mundo. Una cuarta parte de las tierras presenta un elevado estado de degradación. Otro 8% presenta una degradación moderada, el 36% está en condiciones de estabilidad o con una degradación ligera y el 10% se clasifica como tierras que están "mejorando". La superficie restante del planeta está desnuda (alrededor de un 18%) o cubierta por masas de agua continentales (alrededor del 2%).
En cuanto al agua, su escasez está aumentando, así como la salinización, la contaminación de las aguas subterráneas y la degradación de las masas de agua y los ecosistemas relacionados con ésta, añade el informe. Reciben presión las grandes masas continentales de agua por la reducción de los caudales que los alimentan y la carga mayor de nutrientes, el aumento excesivo de éstos, como el nitrógeno y el fósforo. Muchos ríos no llegan a su desembocadura natural y los pantanos están desapareciendo.
La FAO concluye con una serie de recomendaciones para revertir el proceso. Así, será decisivo hacer un uso del agua más eficaz. Casi todos los sistemas de irrigación del mundo funcionan por debajo de su capacidad. Una mezcla de mejor gestión de los sistemas de regadío, inversión en conocimiento local y tecnología moderna, creación de conocimientos y capacitación, pueden hacer más eficaz el uso del agua.
También harán falta prácticas agrícolas innovadoras, como la agricultura de conservación, la agrosilvicultura, sistemas integrados agropecuarios y sistemas integrados de irrigación y acuicultura, encierran la promesa de incrementar la producción con eficacia para responder a la necesidad de seguridad alimentaria y reducir la pobreza, a la vez que se limitan las repercusiones en los ecosistemas. 

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