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2010/12/14

5.500 gigas de viaje oceanográfico

"Esta vez no vais a ver pingüinos, que no es temporada", garantizó el domingo el almirante Emilio Nieto a la tripulación, a los que despedía con un "buenos mares y buenos vientos" en la cubierta del Hespérides antes de levar anclas desde Cartagena hacia Cádiz, punto de partida oficial de la que será la mayor expedición científica de la historia de España. Día y medio de navegación hasta la tacita de plata que sirve de "calentamiento" a los miembros de la campaña, en palabras de su coordinador, Carlos Duarte.
Aunque se confiesa "harto de hacer de notario de desastres ecológicos", este investigador del CSIC dedicará los próximos siete meses de su vida a llevar el rumbo de una expedición que pretende levantar acta, la más completa hasta ahora, de la situación real del planeta a través de un análisis concienzudo del mar, desde sus profundidades más ignotas hasta el equilibrio que mantiene en su superficie con la atmósfera. Además de las muestras físicas que se recojan, los equipos de a bordo obtendrán 5.500 gigabytes de información, lo que ocuparían unas 8.000 películas. Un material al que tendrán acceso la veintena de instituciones españolas implicadas en el proyecto y los 16 organismos internacionales como la NASA o la ESA que no han querido quedarse al margen.
Sobre todo, la meta de la expedición es la de "generar un cambio de cultura en la comunidad científica española", demasiado acostumbrada a ser el "perro del hortelano". "Mientras arrancábamos, he recibido más patadas en las espinillas que Iniesta", resume Duarte, al que le ha costado diez años sacar adelante este proyecto que dejará tras de sí el espíritu de Malaspina.
"No es que se nos aparezca por aquí el fantasma de un capitán de barco de hace dos siglos; es dejar de meterse puyas unos a otros en las publicaciones, es estandarizar procedimientos, es reforzar las interacciones entre instituciones españolas", asegura recostado en la cámara de descanso de los civiles a bordo.
Duarte habla de una "bola de nieve" que se pone en marcha, otros investigadores se refieren al buque como un "puchero" en el que se van a cocinar los mejores ingredientes de la oceanografía española, en el que aparte de los Science y Nature que se publiquen, se convertirá en un "despertar de la creatividad científica española". Una creatividad que necesita aparatos, condiciones de trabajo y logística que han supuesto tres meses de acondicionamiento del buque.

Laboratorio flotante

Aunque es conocido como el Abuelo por su edad y experiencia en este tipo de campañas, Mario Manríquez, director técnico de la Unidad de Tecnologías Marinas (UTM), tiene el conocimiento necesario para hacer del buque el "laboratorio flotante" que le demandan: de última generación y a pleno rendimiento las 24 horas. Han conseguido un flujo de información bidireccional con los numerosos laboratorios en tierra que esperan los resultados que enviarán los científicos del buque. Su unidad también es responsable del sofisticado sistema de redes destinado a "ir capturando y muestreando a distintos niveles de profundidad a la vez y por separado" y del cableado de casi 8.000 metros para toma de muestras en el fondo oceánico.
Para que los investigadores puedan calentar con sus aparatos, Manríquez ha puesto a trabajar a una docena de técnicos que han estado preparando la nave durante tres meses, reformando los laboratorios con los que ya cuenta. Se han realizado obras de mejora para adaptar el Hespérides a las necesidades de la campaña, cambiando el mobiliario para ajustarlo a los nuevos equipos científicos; "renovando la fontanería, como quien dice", sintetiza Quim, uno de los técnicos de UTM. Ellos se encargan de que los equipos instalados en el barco durante la travesía estén siempre operativos. "Unos laboratorios que son punteros para tener en tierra, imagina el cuidado que debemos tener en un barco con unos recursos tan valiosos", apunta el técnico.
Son la suma de maña y fuerza que debe tener una expedición como esta para dar apoyo al laborioso y constante trabajo de los científicos, planeado por minutos con meses vista, por lo que un percance es irreparable. Y tratándose de un barco como este, peculiar híbrido entre ciencia y milicia, es decisivo contar con el apoyo de los 57 militares que capitanea el comandante del Hespérides desde el verano de 2009, Juan Antonio Aguilar, quien no esconde su "fantástica" sintonía personal con Duarte. Hidrógrafo de formación, Aguilar lleva casi un año con esta campaña en la cabeza, aunque no le puso cara al coordinador científico hasta junio.
"Después de capitanear el Pollux y el Malaspina, en los que colaborábamos con universidades, solicité este destino porque sabía lo que me iba a encontrar", asegura. Y como lo sabe, en la reunión de bienvenida al personal civil reclamó seriedad y profesionalidad: "Son chavales, tanto los científicos como los de la Armada, y todos sabemos lo que significa. Pero hay que hacerles ver que deben aprovechar la oportunidad para sacarle rendimiento".

Militares y científicos

Además de resaltar la "fructífera unión entre militares y científicos en la oceanografía española", en la charla inicial el comandante llamó la atención sobre un detalle esencial: el retrete. Como funciona mediante succión por vacío, "si se tiran objetos más allá del papel higiénico que les proporcionamos, puede causar una avería tal que obligue a cancelar la expedición", advirtió.
Una cancelación que dejaría sin material de estudio a Nacho González, científico de la Universidad de Cádiz y responsable de la roseta, un artefacto que recogerá muestras en "filtros como de café" a 4.000 metros por debajo del buque para conocer con más detalle los organismos que pueblan las profundidades marinas. Se trata de un artefacto sencillo y sin embargo puntero, que surtirá de materia prima de investigación a los científicos de las ocho disciplinas desde contaminantes hasta biodiversidad, pasando por análisis de nuevos genes que trabajarán a bordo.
Habrá esfuerzos que den frutos inmediatos y otros que "van a dar resultados dentro de unos años", porque muchas de las muestras que se recojan en el Hespérides, aparte de los 5.500 GB de datos, se estudiarán sosegadamente por científicos que, como González, reivindican la artesanía de su oficio. Además, algunas muestras quedarán selladas durante décadas en una cápsula del tiempo, a la espera de innovaciones que permitan a la ciencia sacarles todo el jugo.
Las pesquisas servirán no sólo para fotografiar el estado del océano hoy, sino para aportar soluciones futuras a sus males, como señala González: "Los organismos que estudiamos pueden salvar al planeta haciendo lo único que saben: consumir CO2 y convertirlo en oxígeno".

La primera foto global del océano

6.000 metros de profundidad
El proyecto realizará el primer estudio completo y global del océano profundo. El ‘Hespérides' puede medir una columna de agua de hasta 6.000 metros de profundidad con un cable de datos de más de 7.500 metros.
70.000 muestras
El equipo hará pruebas en 350 puntos y recogerá 70.000 muestras de aire, agua y plancton.
80 camiones
Los equipos y el material se transportaron hasta las bodegas del barco en 80 camiones .
20 boyas
El buque lanzará 20 boyas Argo que cada diez días medirán la temperatura y la salinidad hasta 2.000 metros de profundidad.

Publico

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