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31 dic. 2010

2010, un "año horrible" para el sueño europeo

El ideal europeo de un continente sin fronteras, con una moneda única y libre circulación de todos los ciudadanos se vio amenazado sorpresivamente este año por eventos como la crisis del euro y las expulsiones de gitanos en Francia.
Diferentes analistas coinciden en que 2010 ha sido uno de los peores años para el proyecto de integración europea, y nadie parece atreverse a pronosticar que 2011 será mucho mejor.
El cóctel de problemas económicos y políticos que en los últimos meses han jaqueado el sueño de unión continental supone un desafío sin precedentes para Europa, advierten los expertos, y la respuesta de sus líderes aún es incierta.
"2010 ha sido un annus horribilis para la integración europea", definió Fabio Liberti, analista del Instituto francés de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS), en diálogo con BBC Mundo.
"Si piensas en cualquier área de la integración, desde la economía hasta la defensa o la agricultura, en todas parece haber un bloqueo", agregó. "Ése es el verdadero problema de esta crisis".

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Año de rescates

Liberti recordó que, en el pasado, Europa solía utilizar sus crisis para relanzar su proyecto de integración, pero ahora parece ocurrir algo diferente.
Paradójicamente, 2010 era un año llamado a mejorar el funcionamiento interno de la Unión Europea (UE) y aumentar la influencia mundial del bloque de 27 naciones con la entrada en vigencia del Tratado de Lisboa.
Pero las fisuras en el continente afloraron con la crisis financiera que finalmente obligó a Europa a acudir al rescate de Grecia en mayo y de Irlanda más tarde, para salvar al euro, la moneda común que Europa aprobó en la década de los años 90.
En ambos casos, el Fondo Monetario Internacional (FMI) fue llamado a participar en los enormes salvavidas financieros, algo que previamente muchos veían como una humillación para Europa.

Dudas financieras

Pese a ello y al acuerdo reciente de los líderes europeos de crear un mecanismo permanente de rescate a economías endeudadas, los mercados aún dudan de la solidez financiera de países como Portugal y España.
Todo indica que la respuesta de la UE a la crisis seguirá a prueba el próximo año, cuando los líderes del bloque deberán definir los detalles de la gobernanza económica regional.
"Esto va a ser tema dominante en 2011 otra vez", le comentó a BBC Mundo Janis Emmanoulidis, analista principal del European Policy Center, con sede en Bruselas.
A su juicio, "es muy difícil hacer pronósticos (sobre lo que ocurrirá) porque estamos todavía en el medio de la crisis". Después de todo, hace un año nadie imaginaba lo que sucedería en Europa durante 2010.

La clave alemana

La situación financiera ha renovado los cuestionamientos sobre la viabilidad del euro como moneda común de una zona tan amplia y con economías tan desparejas.
Al parecer, estas dudas no sólo crecen entre expertos, sino también entre el público en general.
Una encuesta publicada esta semana por el diario alemán Bild indicó que 49% de los encuestados en Alemania se manifiestan insatisfechos con el euro y quisieran volver a utilizar los marcos como moneda corriente.
El dato es significativo si se considera que el país tendrá una voz clave a la hora de decidir cualquier respuesta futura ante la crisis.
Liberti indicó que el balance de poder en la UE parece inclinarse cada vez más hacia Alemania, pero expresó dudas de que el país esté "cultural o políticamente preparado" para asumir un liderazgo mayor en el bloque.
Analistas como Gideon Rachman, del diario británico Financial Times, pronosticaron recientemente que el euro acabará rompiéndose y que "el verdugo" será Alemania.
Pero Liberti opinó que por ahora eso parece improbable, porque la ruptura también perjudicaría a Alemania o Francia, que tienen decenas de miles de millones invertidos en deuda de países acosados por los mercados.

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Efectos políticos

La crisis económica en Europa también ha tenido efectos en el campo político, con el crecimiento electoral de grupos de extrema derecha y populistas en varios países.
Eso ha planteado un desafío extra a partidos mayoritarios, que buscan cómo adaptarse al fenómeno para evitar perder votos y a veces parecen proclives a adoptar posturas contrarias al espíritu integrador europeo.
Esto quedó en evidencia con la disputa que vivió Europa por la ofensiva policial lanzada en julio en Francia para expulsar a inmigrantes gitanos provenientes de Rumania y Bulgaria, países miembros de la UE.
La iniciativa fue comparada por la comisaria europea de Justicia, Viviane Reding, con la deportación masiva de judíos en la Segunda Guerra Mundial, lo que causó un áspero enfrentamiento entre el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y Bruselas.
Para muchos, la crisis de los gitanos en Francia cuestionó otro pilar de la integración europea: el derecho a moverse libremente en el continente que tienen los 500 millones de ciudadanos del bloque.
Además de Francia, otros nueve países de la UE tienen restricciones para la permanencia en sus territorios de inmigrantes europeos, sobre todo mediante la demanda de permisos de trabajo.

"Acto de discriminación"

La semana pasada se supo que Francia y Alemania decidieron bloquear el ingreso de Rumania y Bulgaria al espacio Shengen, la zona europea donde se puede pasar fronteras sin pasaporte, a la que aspiraban ingresar en marzo de 2011.
Aunque evitaron aludir directamente al tema de los gitanos, Francia y Alemania afirmaron que esos dos países que integran la UE desde 2007 deben hacer progresos en el combate a la corrupción y al crimen organizado.
El presidente rumano, Traian Basescu, calificó la medida como un "acto de discriminación" contra su país.
La UE es considerada a menudo como uno de los proyectos de integración regional más exitosos de la historia moderna, pero ahora hay "un creciente nivel de desconfianza entre los estados miembros", explicó Emmanoulidis.
"Los efectos económicos de la crisis son una cosa, pero los efectos políticos son incluso más importantes para la UE como proyecto", dijo. "Esta crisis es mucho más que económica".

BBC Mundo

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