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2012/02/03

El chico que inventaba lo de siempre

A los 12 años Mark le hizo a su padre dentista una aplicación que le advertía que un paciente esperaba en la sala (Zucknet). A los 18 creó para sus compas una lista donde votar a las tías más buenorras de la uni (Facemash). Lo de siempre, vamos, pero él lo hacía con ordenadores. Lo siguiente fue crear un patio vecinal, pero a lo bestia. Un sitio de 850 millones de vecinos, la mitad de los cuales se asoma a la corrala diariamente.
Zuckerberg tenía 19 años cuando creó para sus compañeros de Harvard thefacebook.com, un sitio donde cada cual se hacía su biografía y se conectaba con sus compañeros. A medida que crecía su fama, el sitio se abría a otras universidades, como Stanford, Yale o Columbia; pero hasta diciembre de 2005 no saltó al extranjero.
Dicen que dijo Steve Jobs: “Admiro a Zuckerberg porque quiere formar una empresa y resiste a vender”. Con 19 añitos y aquello en las manos, Zuckerberg intentó vendérselo a Google y a la red de juegos Friendster, según recuerda Businessinsider . Pero no se la quisieron; más tarde, Yahoo, Google o Microsoft intentaron comprársela, pero entonces el que no quiso fue él. Como mucho, aceptó inversiones a cambio de acciones que le daban liquidez mientras Facebook era un absoluto éxito popular y un fracaso comercial.

Aquellos que le dieron dinero en época de incertidumbre, en mayo recogerán sus frutos. Uno de los mejores negocios de Microsoft serán los 240 millones de dólares que invirtieron en Facebook en 2007 a cambio de 1,6% de la sociedad. Hoy el valor de esas acciones se ha multiplicado por cinco. Y qué decir de Bono, el cantante de U2, que su inversión en la red social le va a reportar más beneficios que todas las giras y discos de su grupo musical: unos mil millones de dólares.
La salida a bolsa de Facebook promete romper todos los registros. Si en el caso de Google la acción saltó el primer día de los 85 dólares a más de cien, no será menor la de esta red social. Lo tiene todo para ello: clientes (más de 800 millones) e ingresos por diferentes fuentes y no solo publicitarios. Es la primera red social que cotiza en bolsa, con la excepción de Linkedin, especializada en el mundo profesional. Su creador Reid Hoffman también ha invertido en Facebook. Linkedin, con más de 100 millones de perfiles profesionales salió a bolsa en mayo, hoy cotiza al doble de su precio de salida y está valorada en unos 7.000 millones de dólares, migajas frente a los 100.000 millones que se prevén para Facebook. En cualquier caso, son los únicos éxitos entre la vorágine de redes sociales que crecieron a la misma rapidez que sucumbieron, como bien sabe Rupert Murdoch con su MySpace.
El magnate Murdoch, que en un mes ha conseguido 165.000 seguidores en Twitter, considera una desmesura esa valoración de Facebook. Con ese precio, la acción de Apple “está realmente barata”, escribe en uno de sus prolíficos tuits.
El olor del dinero va a despertar ambiciones escondidas, concretamente los pleitos. Durante años, Zuckerberg se ha enfrentado a la denuncia de sus compañeros de universidad los gemelos Winklevoss. Solo ha sido el principio. Ya hay preparadas un montón de denuncias. La salida a bolsa conlleva el arribismo de los buitrees con corbata, que presentan litigios tras litigio por supuesto uso ilegal de patentes. Una moda que crece en función de los beneficios empresariales. 76 litigios tuvo Apple en 2011, frente a los 56 de 2010, Microsoft también ha doblado su presencia en tribunales; los juegos de Zynga tuvieron 9 denuncias en 2011 frente a las 2 del año anterior; Groupon, 10 contra 3; Linkedin, 10 contra 5. La salida a bolsa acelera la presentación de denuncias por dos motivos: hay dinero y hay una larga exposición pública que no puede hacer otra cosa que daño. Así que resulta mejor pagar que pelear.
Zuckerberg es a sus casi 28 años (los cumple el 14 de mayo) unas de las grandes fortunas del mundo. Según Forbes, 17.000 millones de dólares, apreciación que se quedará corta en cuanto Facebook comience a cotizar en bolsa en mayo y a subir, como la espuma, sus acciones. Pero no se equivoquen, Zuckerberg, como Page o Brin o Yang o tantos otros emprendedores de Silicon Valley, son gente peligrosa. No están aquí para pillar, sino para cambiar el mundo, como repiten obsesivamente unos y otros. Y creánselo, Zuckerberg es uno de los pocos firmantes de la Giving Pledge, una iniciativa por la que se compromete a donar a la caridad el 50% de su firtuna. Durante toda su vida.

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