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10 dic. 2007

Mickey, ¿negocio eterno para la Disney Corp.?

Fuente: El Mundo.

Cuando EL MUNDO reproduce un texto de Cervantes, de Zorrilla o de Victor Hugo, no tiene que pagar ningún derecho, ningún copyright, porque esos textos han pasado al dominio público. Lo que sucede es que el periodo durante el cual se protegen los derechos del autor para que éste y sus inmediatos descendientes se beneficien de ellos se está prolongando cada vez más, hasta el punto de prefigurar un futuro de eterna privatización de la invención humana, de la que se beneficiarán poderosas empresas y no ya unos herederos desaparecidos.
Viene esto a cuento de que Estados Unidos acaba de prolongar otros 20 años el período de copyright: la vida del autor más 70 años, en vez de 50 años. Con el pretexto de armonizar sus leyes con las de la Unión Europea, el Tribunal Supremo acaba de complacer a la Walt Disney Corporation, nerviosísima porque a Mickey Mouse sólo le quedaban 13 años de vida bajo su exclusivo control, ya que Walt Disney falleció en 1966. Ahora lo tienen amarrado hasta al menos 2036, y decimos al menos porque una vez entronizado el principio de la ampliación del plazo, quién sabe hasta cuándo se seguirá ampliando, y ampliando...
Como dice, en su voto particular contrario a esa ampliación, el juez John Paul Stevens, «las ampliaciones a posteriori del copyright resultan en una transferencia injustificada de riqueza del público a los autores, los editores y sus sucesores». Existe un principio en nuestra cultura mercantil y, a la vez, democrática según el cual es justo que los creadores se beneficien económicamente de sus creaciones, y tras ellos sus deudos, pero que al final todo ello -como las invenciones o los medicamentos- debe revertir al dominio público, para beneficio de todos. En 1710 el máximo que la ley protegía, en Gran Bretaña, era 28 años. De ahí a una vida de más de 70 años, como ahora, y quizá 100, como dentro de algún tiempo, el deterioro es patente y abusivo. Como escribe el abogado Paul March en The Guardian, «está por ver que las obras de Hemingway, Steinbeck y McCartney lleguen alguna vez a acompañar en el dominio público a las de Shakespeare, Twain y Mozart».

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