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2011/11/23

Entre la violencia y la ilegalidad: ser joven y desempleado en Colombia

Sentado a la vera de un río que baja de la montaña, Obairo Rivera cuenta con los dedos de una mano las oportunidades disponibles para un joven como él: un indígena Nasa que vive en las montañas del norte del departamento de Cauca.
"Está trabajar en el campo, bien sea jornaleando o sembrando, están también los recursos que se obtienen a través de los cultivos ilícitos y están los grupos armados que le ofrecen recursos económicos o dádivas a los muchachos", le dice a BBC Mundo.

"Los muchachos que de algún modo han logrado capacitarse o estudiar, son pocos los que tienen la oportunidad de tener un trabajo", explica Obairo.
Colombia está muy por encima del promedio mundial de desempleo juvenil (ver recuadro) y su caso puede considerarse extremo por las posibles salidas que le ofrece a sus jóvenes.
El testimonio de Obairo ayuda a entender un poco mejor la dinámica del conflicto armado colombiano: es de sobra conocido que este se financia en buena medida gracias al dinero del narcotráfico, pero también se alimenta de la falta de oportunidades en las remotas zonas rurales donde operan los grupos insurgentes y las bandas de origen paramilitar que controlan ese tráfico.
"Hay jóvenes que cuando no tienen una economía, una forma de vivir, de buscarse el dinero, muchas veces tienden a emigrar a otros lugares", explica Edwin Medina, otro joven Nasa.
"Pero también esto hace que nos vayamos a los grupos armados, o que los otros jóvenes se integren tanto a la guerrilla como al ejército, porque creen que hay oportunidades de ganar dinero", cuenta.

Oportunidades desiguales

Más explícita aún fue, en agosto pasado, la gobernadora de Córdoba, Marta Sáenz.
"(Los grupos armados ilegales) contratan a los jóvenes para que estén vigilando y reportando si hay personas extrañas. Las bacrim (bandas criminales) son las que generan empleo en Córdoba. Reconozco que como gobernadora no estoy cumpliendo esa tarea", dijo en ese momento Sáenz.

"Una forma de combatir la inseguridad son los programas de empleo, que los jóvenes tengan opciones y no sigan tentados por las bandas criminales", afirmó la gobernadora.
Y la situación, que se repite en otras partes del país, es reveladora de los desafíos de un país tremendamente desigual, que todavía necesita hacer mayores esfuerzos para repartir mejor las oportunidades generadas por el buen momento de la economía colombiana.
Efectivamente, las cifras oficiales de desempleo han disminuido rápidamente en el último año y a inicios de noviembre el gobierno anunció que había logrado bajarlas a un solo dígito (9,7%) por primera vez en los últimos diez años.

"Somos el país de la región que más empleo ha generado en el último año", destacó también el presidente Santos en el discurso con el que celebró clic la buena marcha de las elecciones regionales.
Pero el desempleo entre los jóvenes es el doble que el promedio nacional y la situación es aún más grave en las zonas de conflicto.
Y según la Procuraduría General de la Nación el 63% de los colombianos que tienen trabajo no cuenta con un empleo digno.

También el ejército

Todo esto facilita la labor de reclutamiento de los diferentes grupos armados, tanto legales como ilegales.
Y el riesgo no sólo está en el campo, sino también en las ciudades.
"Aunque la dinámica en las ciudades es muy diferente", le dijo a BBC Mundo Adriana Ferrucho, de la Fundación Vínculos, organización miembro de la Coalición contra la vinculación de niños, niñas y jóvenes al conflicto armado en Colombia, Coalico.
"En las zonas rurales, como están los grupos presentes, y las personas los reconocen como tal, la dinámica es que hay ofrecimientos. Les dicen: si usted se viene con nosotros va a poder comer mejor, esto es chévere porque usted va a tener un arma y lo van a respetar", explicó Ferrucho.

"Mientras que en las ciudades, al menos en Bogotá, es más difícil reconocer la presencia de esos grupos. Pero pasa", dijo la colaboradora de Vínculos, organización que trabaja con jóvenes en riesgo en "El Codito", un barrio popular de las afueras de la capital.
Para Ferrucho, un problema más evidente en los barrios más pobres de Bogotá es el del reclutamiento por parte del ejército.
"Hacen redadas, los cogen saliendo de Bogotá, los están esperando en la entrada del Transmilenio (el sistema de transporte público) para reclutarlos. Y si los jóvenes no tienen como argumentar que no se los pueden llevar porque están estudiando, o porque son padres, o porque están trabajando, se los llevan", detalló.

Y los más pobres difícilmente pueden recurrir a la opción de comprar la tarjeta militar, que en Colombia es exigida al momento de postular a cualquier trabajo formal.
Así las cosas, para algunos jóvenes, el camino de las armas termina convirtiéndose en la más obvia de sus opciones de vida.
Y aunque el económico no es el único factor que está empujando a los jóvenes al conflicto –el reclutamiento forzado, a veces de niños de apenas siete años de edad, es un problema serio; y otros se integran a los grupos armados para huir de problemas familiares, por afinidades ideológicas, o atraídos por la promesa de un poco de poder- la creación de mayores oportunidades para todos es sin duda un requisito para alcanzar la paz.

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