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2011/05/23

Una nueva radio escucha a ET

En la película Contact, basada en la novela de Carl Sagan, una ilusionada astrónoma, Ellie Arroway (Jodie Foster), pinchaba una chincheta en un mural de la bóveda celeste, en la primera estrella a la que había dirigido su oreja electrónica, el radiotelescopio de Arecibo en Puerto Rico. Aquella estrella estaba vacía; la antena no había captado ninguna señal. Una menos; sólo le quedaban cientos de miles de millones más. Esta sensación de la aguja en el pajar es la amenaza constante sobre los proyectos SETI (siglas en inglés de Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre), el continuo empeño del ser humano por escuchar algún signo de una civilización extraterrestre en un océano estelar tan inmenso que es casi descorazonador.
"Sólo en nuestra galaxia, calculo que hay 50.000 millones de planetas", ilustra Dan Werthimer, director del proyecto SETI en la Universidad de California en Berkeley (UCB) y jefe científico de SETI@home, el mayor esfuerzo mundial de computación distribuida que utiliza la capacidad sobrante de los ordenadores de millones de voluntarios en todo el mundo para analizar los datos recogidos. Werthimer lleva "haciendo SETI", como él dice, desde 1979. Pero hasta hoy, este y el resto de proyectos han fracasado en la esperada confirmación de que no estamos solos en el universo. El pasado año, SETI cumplía medio siglo de silencio desde que el astrónomo Frank Drake dirigió por primera vez un radiotelescopio en Green Bank (Virginia Occi-dental, EEUU) a una estrellapara tratar de oír un pulsode radio emitido por algún lejanísimo primo galáctico. Los 50 años de batacazos secaron la financiación pública para SETI, que hoy sobrevive con donaciones privadas. El pasado 22 de abril, el Instituto SETI anunciaba con pesar que la penuria económica obligaba a dejar en reposo su herramienta más flamante y prometedora, pero también astronómicamente cara, el Allen Telescope Array (ATA) en California. Algunos medios titulaban con pesimismo que la Tierra por fin había apagado la radio.

Luz en el pajar cósmico

Pero no es así, ni mucho menos. Entre otros proyectos aún vivos, Arecibo sigue y seguirá dando mucho trabajo a las computadoras de SETI@home. Y en los próximos meses, estos ordenadores voluntariosos tendrán nuevos datos para echarse al procesador. La UCB lanzó el 8 de mayo un nuevo proyecto SETI, y precisamente en Green Bank, donde todo empezó, pero ahora con un radiotelescopio de nueva generación que es el mayor del mundo totalmente orientable. "Que sea en un lugar tan histórico le añade más valor", confiesa Werthimer.
El valor del nuevo intento ya es, de por sí, excepcional. Por primera vez, el pajar cósmico parecerá menos oscuro gracias a los datos de otro instrumento, el telescopio espacial Kepler de la NASA. Este sabueso buscador de planetas extrasolares ha identificado ya más de 1.200 candidatos. De ellos, 86 son potencialmente habitables, a la distancia justa de su estrella: ni ardientes, ni gélidos. A cada uno de estos 86 puntos del firmamento, el telescopio Robert C. Byrd de Green Bank (GBT) dirigirá su antena durante unos minutos hasta completar 24 horas de escucha a lo largo de un par de meses. No parece mucho, pero en un día el GBT cosechará tantos datos como Arecibo en un año. Luego, la pelota pasará a SETI@home.

A los mandos del nuevo proyecto está Andrew Siemion, siete años haciendo SETI y recién doctorado. Con su nuevo título en la mano, a Siemion no le asusta apostar por algo que los descreídos motejan "la caza de marcianos". "El SETI apasiona a la gente", alega. Sólo falta que, además, humanos y alienígenas logremos un acuerdo tácito sobre la frecuencia a la que enviar y escuchar. Werthimer y Siemion apuestan por lo que los expertos llaman el "agujero de agua", una franja del radioespectro entre los componentes del agua, hidrógeno e hidroxilo. Los investigadores creen razonable que, como ellos, otros seres inteligentes empleen este estándar universal del agua. "Es una apuesta, pero es razonable", defiende Werthimer.
Ninguno de los dos duda de que, tarde o temprano, SETI triunfará. "La vida simple tiene que ser muy común en el universo", estima Werthimer. "Otra cosa es la vida inteligente, y que coincida con nosotros; aún no sabemos cuánto tiempo puede durar una civilización antes de destruirse. Aquí todavía nos estamos matando unos a otros", reflexiona. "Pero en 25 años, aunque sigamos esperando, sí tendremos alguna conclusión", opina Siemion. ¿Y si son hostiles, como sugería el físico Stephen Hawking? "Bueno", piensa Werthimer, "en todo caso, nosotros escuchamos, no transmitimos. Pero no podemos no escuchar. Saber si hay alguien ahí fuera es lo que la humanidad siempre ha querido, lo que hemos querido desde pequeños".

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