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23 mar. 2013

Apple acusa a discográficas y estudios de cine de los altos precios en Australia

Apple culpa a las compañías discográficas, estudios de cine y cadenas de televisión por los desorbitados precios que los usuarios australianos pagan por las descargas digitales en comparación con los consumidores de Estados Unidos. La compañía acusó a estas industrias de estar "pasadas de moda" y defendió su estrategia de precios.

Los ejecutivos de Apple, Adobe Systems y Microsoft fueron interrogados por una comisión especial parlamentaria australiana encargada de investigar las denuncias de manipulación de precios planteados por organismos de control de consumo. Los productos de software y hardware en Australia se venden por un precio medio un 50% superior al de sus equivalentes estadounidenses, según una encuesta realizada por Choice, un grupo de defensa de los consumidores sin ánimo de lucro, en 2012 analizando 186 canciones, juegos, programas y ordenadores.

Dado que el altísimo coste de la vida debido al alza de los servicios básicos ha dañado la popularidad del gobierno laborista, en minoría, antes de las elecciones del 14 de septiembre, y es ampliamente favorito para perderlas, los legisladores están considerando restringir la capacidad de las empresas para fijar precios en Australia. Los ejecutivos de las empresas tecnológicas han dicho a los legisladores que los precios más altos reflejan factores que incluyen bienes de Australia del 10% y el impuesto sobre servicios, mayores costes laborales, temas de derechos de autor y la diferenciación del producto geográfico.

El vicepresidente de Apple para Australia, Nueva Zelanda y Asia del Sur, Tony King, ha dicho que los precios de algunos productos, como el software para iPad e iPad mini Final Cut Pro es aproximadamente el mismo que en los Estados Unidos. Pero los 19,99 dólares australianos (20,87 dólares) que cuesta el nuevo álbum '20/20 Experience' de Justin Timberlake en la tienda de música de Apple iTunes en Australia es aproximadamente el doble de lo que se paga en EE.UU. (10,99 dólares). El álbum 'Back in Black' de AC/DC también cuesta un 70% más para los aficionados australianos.

King ha dicho que el precio de los contenidos digitales se basa en los precios mayoristas fijados por los contratos negociados con las discográficas, estudios de cine y cadenas de televisión. "La industria de los contenidos todavía funciona con nociones quizás anticuadas de fronteras entre los países, territorios o mercados", ha dicho King, quien agregó que Apple había empujado a los propietarios de contenidos a reducir los precios en Australia.

Al ser preguntado por qué Apple, el proveedor dominante de descargas digitales de entretenimiento, no podía usar su poder para derribar a precios al por mayor, King ha asegurado que la responsabilidad recae en última instancia en los proveedores de contenido. "Las cartas están en las manos de la gente que son dueños de los contenidos, no están en nuestra mano para jugar", ha dicho.

Respuestas "evasivas"

Las tres grandes compañías fueron acusadas de obstruir la investigación de precios después de que inicialmente se negaran a enviar a los ejecutivos a responder a las preguntas del público. Adobe y Microsoft ha proporcionado las observaciones por escrito, mientras que Apple no ha hecho ningún tipo de comentario.

La manzana de la discordia fue la necesidad del llamado "geobloqueo", bajo el cual las empresas impiden a los usuarios de Internet en Australia comprar en las webs estadounidenses a precios más bajos. Los australianos tienen que desembolsar 3,175 dólares australianos (3,300 dólares) por Adobe Design Suite CS6 y Web Premium, que los estadounidenses pueden comprar por sólo 1,89 dólares.

El managing director de Adobe Australia, Paul Robson, ha asegurado que la suite Adobe Creative Cloud, que se compra por suscripción a un precio de 50 dólares australianos al mes, tenía un precio a la par con el de Estados Unidos y este era "el futuro en el que vamos a ofrecer nuestra tecnología". El miembro del comité Stephen Jones ha dicho que la suscripción de software coloca "esposas digitales" a los usuarios, obligándolos a seguir pagando para acceder a sus archivos.

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