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2011/05/11

Las telefónicas se quedan en fuera de juego tras la compra de Skype

La compra de Skype por Microsoft pone a las operadoras ante una difícil encrucijada. Su negocio principal, el tráfico -tanto de voz como de datos- está cayendo en manos de unos outsider, provenientes del mundo web o del tecnológico, más ágiles y más sensibles a los consumidores de la nueva era 2.0 y a sus bolsillos, muchos de ellos marcados por la crisis.

Hablar por teléfono gratis o enviar sin coste alguno todo tipo de archivos desde mensajes a fotografías o vídeos ha dejado de ser una quimera para convertirse en una rutina gracias a Internet. Los nuevos dueños de la Red han diseñado servicios como Google Talk (Google), Viber (Apple), WhatsApp o Skype (Microsoft) que hacen posible todo eso simplemente con una conexión de banda ancha y un terminal que permite el acceso a la Red (portátil, smartphone, netbook, tableta, etcétera).
Las operadoras han contemplado hasta ahora con pasividad y atonía como les quitaban el negocio de las manos mientras que ellas debían hacer frente a fuertes inversiones para ampliar las redes, tanto fijas como móviles, ante el creciente tráfico proveniente de unos servicios que explotan otros y de los que no obtienen casi ningún beneficio.
Y se han puesto a la defensiva intentando parar los pies a servicios como el que presta Skype. No en vano, la vicepresidenta de la UE, Neelie Kroes, anunció el pasado mes de abril que se ha abierto una investigación a los proveedores de acceso a Internet (ISP) para determinar si reducen la velocidad de los servicios de voz sobre IP como Skype, sobre todo en terminales móviles.
La compra de Skype por un gigante como Microsoft ha desperezado a los ejecutivos de las telefónicas, felices en su tranquilo y, hasta ahora, seguro negocio de cobrar puntualmente cada mes a sus abonados por llamadas y mensajes con un gran margen de beneficio que les permite una red antigua y generalmente ya amortizada.
Pero ese universo sereno está a punto de sufrir un big bang gracias a Internet. Los indicios ya están aquí y lo prueban fehacientemente. Baste señalar que en el último año (cuarto trimestre de 2009-cuarto trimestre 2010) el número de mensajes de texto enviados a través de las operadoras españolas cayó más de un 6%, pese a que su precio medio descendió desde los 11,5 a los 10,95 céntimos, según datos de la Comisión del Mercado de Telecomunicaciones (CMT).
Eso no quiere decir que los ciudadanos hayan dejado de remitirse mensajes escritos. Al revés, lo hacen más que nunca. Simplemente utilizan otros medios. Las redes sociales (Twitter y Facebook) y los servicios aludidos como Skype están sustituyendo a la comunicación telefónica tradicional. La pregunta de por qué los operadores no han dado un paso adelante y han comprado esos proveedores de servicios es difícil de responder. Financieramente tienen tanta o más capacidad que las compañías de Internet. Solo Telefónica ganó más de 10.000 millones de euros en 2010 por lo que asumir la compra de Skype no hubiera sido ninguna osadía. Pero, ¿alguna operadora adquiriría un servicio que le restara ingresos a su propio negocio?
La táctica va a ser más bien la contraria y a la defensiva. Por un lado, las operadoras van a redoblar sus esfuerzos para conseguir una regulación que obligue a los proveedores de servicios y contenidos como Google, Microsoft o Yahoo, a pagar un peaje por el mantenimiento de la red y, por otro, van a insistir en su discurso del fin de las tarifas planas. La estadounidense AT&T ya ha eliminado desde el pasado 5 de mayo su tarifa plana de acceso a Internet y ninguna operadora móvil, ni en España ni fuera de ella, tiene tarifa plana real.
Las operadoras acusan a estos agentes como Skype de generar 15 veces más tráfico que los ISP que lo gestionan, en un escenario en el que el tráfico de datos se ha multiplicado por cinco en cinco años. Su queja es que mientras Google o Apple monetizan sus servicios, las telefónicas no rentabilizan su inversión. El lobby de las telefónicas ya ha llevado sus reivindicaciones a Bruselas. Pero será difícil explicarles a sus abonados como podían cobrar hace cinco años hasta más de 10 euros por minuto por una llamada desde otro país de la UE, cuando ese mismo abonado podía conectarse gratis e indefinidamente por la videocámara de su portátil con cualquier parte del mundo.

El Pais

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