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2011/08/15

Censura en el nombre de Alá


Una buena musulmana no puede usar emoticonos que expresen su estado de ánimo con hombres que no sean mahram, aquellos varones que pertenecen a su círculo familiar. Escribir ;-) o :-D en un chat es tan contrario al decoro que se le exige, según el Corán, como descubrir su cabello en público. La anécdota no pasaría de ahí si no fuera porque, según un reciente informe, la mayoría de los países musulmanes censura en mayor o menor grado internet en defensa del Islam. Los hay incluso que quieren crear su propia red para mantenerla libre y pura de los vicios de la internet global.
"Lo que más me impresiona es el hecho de que unos límites legales nacionales inspirados por la religión, junto con el filtrado técnico de internet, pueden crear una red fracturada en muchos de los países de mayoría musulmana", dice Helmi Noman. Este investigador de origen árabe es el autor del último informe de la Open Net Initiative (ONI), un proyecto de las universidades de Harvard y Toronto y la compañía de seguridad SecDev Group, que fiscaliza el estado de la libertad en la red. Noman es el autor de En el nombre de Dios: La censura de internet basada en la fe en la mayoría de los países musulmanes. Su trabajo revela cómo el dogma se ha ido infiltrando por todas las rendijas de los estados y sociedades árabes hasta imponer la idea de que hay que vigilar de cerca internet.

En Arabia Saudí, por ejemplo, 300 voluntarios han sido entrenados por el estatal Comité para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio en lo que los musulmanes llaman la Hisbah. Esta doctrina, que invita a hacer el bien y a combatir el mal, ha degenerado en la creación de una especie de policía del pensamiento que vigila redes sociales como Facebook o salas de chat y que denuncia a los que, siempre según ellos, se desvían de la ley islámica o sharia. Otro millar más ya está haciendo los cursos.
Pero no es sólo Arabia Saudí. Otros muchos países tienen institucionalizada la figura del muhtasib, funcionario que ejerce de policía religiosa, como es el caso de Irán. En otros lugares, ni siquiera hay que ser un profesional. Cualquiera puede denunciar la existencia de una página web que sea contraria a la fe.
"El concepto de Hisbah juega un papel importante en el desarrollo de la censura de internet basada en la fe tanto a nivel estatal, a nivel de operadora, como en la misma base. Cuando el Estado o grupos de personas imponen las normas morales que ellos consideran sobre cada ciudadano o usuario de internet, lo que constituye una violación de los derechos individuales y la libertad intelectual, les impiden ejercer su propio juicio sobre lo que es o no es adecuado ver", asegura Noman.

Otra forma de control de las mentes es mediante lasfatwas, pronunciamientos legales emitidos por un especialista en la ley religiosa. Aunque su cumplimiento varía de unos países a otros, para Noman son un buen indicador del grado de control sobre la red. Uno de estos especialistas, Sheikh Khalid bin Ali al-Mashaikih, por ejemplo, dictó una fatwa declarando que la búsqueda en YouTube está prohibida por el Islam. No se trata de que no se puedan ver vídeos en el portal sino de que no se debe navegar por él porque se puede encontrar material haraam, es decir, prohibido. Otras son más obvias: el Gran Mufti de Dubai emitió una para que las autoridades de ese país prohibieran todas aquellas páginas ateas.

Tecnología occidental

La mayoría de los 15 países analizados usan tecnologías de filtrado. Este tipo de software, que permite bloquear páginas y servicios según su contenido, es también habitual en Occidente. Lo hay en las empresas para evitar que los trabajadores se descarguen películas mientras trabajan o en las bibliotecas para que los chavales no entren en páginas pornográficas. La diferencia es que en lugares como Arabia Saudí, Yemen, Siria o Túnez hasta la pasada revuelta lo instalaban las propias operadoras por orden de los gobiernos.
Según las pruebas de la ONI, hay cuatro grandes categorías de contenido a bloquear: el considerado blasfemo o contrario al islam (lo que incluye a las webs ateístas o a las que hacen proselitismo cristiano), el contenido prohibido por la sharia (desde pornografía hasta las de temática homosexual), los sitios de otras religiones (en el Irán chií, por ejemplo, bloquean las páginas de los suníes mientras que el Gobienro suní de Bahrein impide el acceso a webs chiíes) y, por último, las de contenido liberal o secular.
Según la extensión del filtrado, el informe hace una clasificación de los países más censores. Bahréin, Irán, Arabia Saudí y Kuwait encabezan la lista, seguidos de cerca por Pakistán y los Emiratos Árabes Unidos. En un tercer escalón aparecen Indonesia, Túnez o Yemen. El más permisivo es Marruecos y también la franja de Gaza.
Todas la tecnologías de filtrado son occidentales. Es el caso del software de la canadiense WebSense o el de la estadounidense McAfee. Su Smartfilter, por ejemplo, contiene una base de datos con 25 millones de páginas a bloquear clasificadas en 90 categorías. Por supuesto, los compradores pueden añadir nuevos sitios a la lista negra.
"Debe de haber una discusión seria sobre el papel de estas tecnologías occidentales y la Declaración Universal de Derechos Humanos que reconoce el derecho de todos a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión en el artículo 18. Mientras estas compañías sigan haciendo dinero en mercados sucios, los legisladores deberían debatir el papel que estas empresas juegan en la restricción de libertades universalmente reconocidas", denuncia Noman.

Una red halal

Además del bloqueo de contenido impuro están apareciendo alternativas compatibles con la Sharia a los servicios occidentales más populares. Hay versiones halal (permitidas por el Islam) de YouTube, Google o Facebook. Lo que subyace en estos intentos de crear una internet islámica es la constatación de la capacidad transformadora de la red. Mientras unos la ven como una oportunidad para los musulmanes, otros la consideran una creación diabólica, destinada a socavar la fe. Pero, como dice el informe, ambas corrientes están de acuerdo en algo: islamizar internet.
La propuesta más radical en este sentido la planteó el Gobierno de Irán en abril de este año. Entonces, su responsable de Asuntos Económicos, Ali Aghamohammadi, anunció un plan para crear un red paralela a la World Wide Web pero animada por la esencia del islam. El despliegue de esta internet halal comenzará a finales de este mes. Una vez creada, la gran mayoría de los iraníes no podrán conectarse a la global. Irán no descarta proponer a otros países musulmanes que se unan a su iniciativa.
"No me sorprendería nada, sobre todo si los líderes religiosos conservadores y sus aliados políticos siguen teniendo la sartén por el mango en el desarrollo de estas políticas", opina Noman. "En cualquier caso, un aumento del bloqueo a los contenidos de internet, tanto legal como técnico, podría llevar a una internet islámica aunque que esté físicamente conectada a la internet global", añade.
Si tan extendida está la censura de internet en la umma, ¿cómo explicar el papel que ha tenido en las revueltas árabes? Noman, que lleva estudiando estos temas varios años, no ve contradicción alguna. "En 2006, mucho antes de los levantamientos, ya di una charla en Harvard sobre cómo internet se estaba convirtiendo en un catalizador para el cambio de poder en el mundo árabe", recuerda. "El acceso sin precedentes a la información que ofrece internet dio el poder a los usuarios y les ayudó a desafiar las estructuras sociales y políticas. Es por ello que los regímenes han intensificado sus esfuerzos de censura", explica.


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