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2009/09/14

Soñando con un Watergate en internet

Fuente: ABC.

Lleno hasta la bandera en la cinemateca de la Brooklyn Academy of Music (BAM), donde anoche se exhibía «Todos los hombres del presidente», la película de Alan J. Pakula basada en la investigación del caso Watergate. El gran aliciente de la velada es que después de la proyección el actor Robert Redford en persona debatió con los reporteros del Watergate, Carl Bernstein y Bob Woodward.

La revisión de la película nos arroja a los años 70, a un mundo de pantalones de pata de elefante, ceniceros atestados y cierto miedo a mentir (por lo menos en los Estados Unidos). Pasar de ver a Bernstein y Woodward con las caras de Dustin Hoffman y Robert Redford es la mejor demostración del paso del tiempo. Woodward recuerda con humor que recién estrenada la película, su hija de cuatro años se encaró un día con Redford y muy indignada le dijo: «¡Te he visto en la tele fingiendo ser mi papá!»

Bromas aparte sólo Redford —curiosamente el mayor de los tres— mantiene el tipo físico. También parece ser el que guarda de todo aquello un recuerdo menos modificado por la edad, más fresco e idealista. Más «Tal como éramos».

El largo túnel

Claro que él tiene la suerte de ser actor y no periodista. Y en cambio cuando cuenta cómo se interesó por esta historia surge casi un componente de investigación. Dice que le intrigó ver cómo una pequeñísima noticia iba creciendo y creciendo a través de semanas, meses y años, encaramándose poco a poco hasta el máximo titular nacional. Le conmovió, asegura, la terquedad de aquellos reporteros desconocidos para atravesar el largo túnel.

La investigación seguía en curso cuando les llamó para hablarles de su intención de hacer una película...y ellos nunca le devolvieron la llamada. El moderador queda atónito. Pidiendo tiempo muerto, se vuelve hacia los reporteros hoy míticos, pero entonces aproximadamente Mr. Nadie & Mr. Nadie, y les pregunta: «O sea, os llama todo un Robert Redford para llevar al cine vuestro trabajo...¡¿y no le respondéis?!»

Sus vidas corrían peligro

Se ríen, se sonrojan y se excusan. Dicen que Redford les llamó justo cuando ellos acababan de descubrir que sus vidas podían correr peligro...Hablan de obsesión, de bunquerización...Hasta que el final «feliz» les permitió salir del túnel y ver claro.

Se adivina en Redford una sutil antipatía hacia Bernstein, el más descarado y arrogante —quizás también el más brillante e inteligente— de los dos reporteros. De hecho a todo el mundo le chocó que eligiera para sí el papel del mucho más serio y recatado Woodward. El actor insiste en que le fascinó el contraste entre dos personalidades «tan opuestas que no tenían por qué gustarse el uno al otro, y en cambio hicieron aquel largo, duro y terrible trabajo codo con codo».

En resumiendas cuentas esta noche todo el mundo está revisitando su juventud. A esos años 70 en que todo pareció posible. Se agita en el ambiente una añoranza de ese espíritu que muchos creen restaurado con Barack Obama. Inevitablemente se cae en el tópico de comparar a Richard Nixon con George W. Bush. Todo el mundo parece aliviado con la idea de que todos los males de la sociedad pueden encarnarse en un presidente, derribarle y pasar página.

Redford expresa su inquietud por el hecho de que la pérdida de protagonismo del gran periodismo «serio» vuelva a dejar al país a la intemperie política, expuesto a gobernantes abusivos a los que ningún cuarto poder pare los pies. Todo el mundo asiente gravemente. «¿Quién cree que en los años 70 había mejor información que ahora?», pregunta el moderador. Casi todo el mundo levanta la mano.

Cuando pregunta lo contrario la levantan muy pocos... pero uno de ellos es Carl Bernstein. Él no sólo no le tiene miedo a internet y a cómo este condiciona el nuevo periodismo, sino que lo considera «una herramienta fantástica». «Nunca había habido tanta información disponible como ahora; sólo que está allá fuera, y hay que saber salir a buscarla», advierte.

A su juicio no está cambiando tanto el periodismo como «la relación de la gente con la verdad», es decir, la forma y la intensidad con que la gente desea conocerla. En un lapsus irónico de la nostalgia, el moderador recuerda que «Todos los hombres del presidente» estuvo nominada al Oscar a la mejor película...pero que ganó «Rocky». «¿Cree que el país no estaba entonces preparado aún para conocer la verdad?», pregunta ansioso a Redford. Y Redford saca su mejor y más profunda sonrisa, la misma con que se bajó por primera vez del avión en «Memorias de África» y en cierto modo ya estaba hecha la película, y dice: «No lo sé. No me importa». Risas y aplausos. Con la mano en el corazón: ¿fuimos alguna vez tal como éramos?

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