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2009/12/07

Subasta de marfil, mazazo a los elefantes

Fuente: Publico.

Hace 20 años, 12 toneladas de colmillos de elefante ardían en una enorme pira sobre el suelo del Parque Nacional de Nairobi, en Kenia. La operación requirió de un experto en efectos especiales para lograr el impacto visual deseado, para lo que el especialista dispuso los colmillos en una pirámide de seis metros en cuyo interior camufló cantidades ingentes de sustancia inflamable.

Hoy, un círculo de piedra en el parque aún alberga los pedazos de carbón que un día fueron las defensas de 2.000 elefantes, una ínfima representación de los abatidos por el plomo de los furtivos en los cuatro años anteriores; la pirámide, que en la calle se habría vendido por tres millones de dólares, reunía sólo las migajas que los furtivos habían despreciado.

Aunque la maniobra fue un golpe de imagen para el entonces presidente keniano, Daniel arap Moi, el cerebro gris del espectáculo era Richard Leakey, paleoantropólogo, político y conservacionista. A pesar de su declarada enemistad con Moi, Leakey había aceptado ese mismo año el cargo de director del Servicio de Parques de Kenia (KWS), un movimiento desesperado del presidente para luchar contra el furtivismo que Leakey convirtió en cruzada con la orden de disparar antes de preguntar.

Tres meses después del show, la Convención sobre el Comercio de Especies Amenazadas (CITES) aprobaba un veto global al comercio de marfil, una esperada respuesta al acoso de los furtivos que en 10 años había reducido a la mitad la población africana de paquidermos, de 1,2 millones a 600.000, según datos del Fondo Internacional para el Bienestar Animal (IFAW). La prohibición ofreció un respiro a los elefantes. En Kenia el número de ejemplares se ha duplicado en los dos decenios de prohibición, de 16.000 a 32.000, según el KWS.

El veto hace aguas

Pero los tiempos de bonanza para los mayores herbívoros terrestres vivos han acabado. Al menos, esta es la alerta que han lanzado diversos grupos ecologistas. En el blog de la ONG Wildlife Direct que hoy dirige, Leakey avisa: "Veremos un bajón drástico en la población de elefantes si el furtivismo campa a sus anchas".

¿Qué ha cambiado desde 1989? Para los ecologistas, el quid está en dos momentos críticos. El primero fue en 1999: en respuesta a la presión de Botsuana, Namibia y Zimbabue, CITES autorizó una subasta de los stocks acumulados por estos tres países surafricanos, que reclamaban una excepción como premio a la buena gestión de sus poblaciones de elefantes. Un total de 50 toneladas de marfil se vendió a compradores de Japón.

La situación se repitió de nuevo en 2008. Pese a que los conservacionistas lo calificaron como un grave error, CITES abrió de nuevo la trampilla a los tres países, a los que se sumó Suráfrica. En esta ocasión, 107 toneladas se despacharon a China y Japón con fines ornamentales.

CITES esperaba así saturar la demanda de marfil y enfriar los precios para desalentar a los traficantes. Los ecologistas alertaban de lo contrario: la subasta revitalizaría la demanda y mostraría a los furtivos los jugosos beneficios que dejaban escapar. Otro factor de amenaza es el despegue económico de China, un país que, según un reciente informe del Sistema Informativo de Comercio de Elefantes (ETIS), dependiente de CITES, es hoy "el principal actor en el tráfico ilegal de marfil". Leakey advierte: "Ya hay decenas de millones de chinos con dinero para comprar marfil".

Los datos confirman la predicción de los ecologistas. El informe del ETIS registra que este año el volumen de marfil decomisado, unos 15.000 kilos, excede el doble del de 2008. La pasada semana, la mayor operación contra la caza furtiva en África Oriental incautó 568 kilos sólo en Kenia. El portavoz del KWS, Patrick Omondi, señaló a AFP que "ha aumentado el furtivismo, y uno de los factores es la venta". El precio del oro blanco en el mercado negro se ha quintuplicado en cinco años hasta los 1.000 dólares el kilo. Más de 100 elefantes mueren cada día en África a manos de los furtivos, según IFAW. El último reducto de estos animales que quedaba en Sierra Leona fue masacrado hace una semana.

Con tan negras perspectivas, los elefantes se juegan su futuro en la reunión de CITES que se celebrará el próximo marzo en Qatar. Allí deberá decidirse si se autoriza la nueva subasta que, según la ONG Pro Wildlife, han solicitado Tanzania, Zambia y Mozambique. La presión de estas naciones se enfrentará a los defensores a ultranza de un veto sin fisuras: Kenya, Congo, Ghana, Liberia, Malí, Sierra Leona y Togo.

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