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3 sept. 2010

China busca su espacio en la “Fábrica de Sueños”

Pueblo en Linea

La industria fílmica de China ha crecido en proporciones épicas en años recientes. A la par, los propietarios de estudios chinos han desarrollado un extraordinario apetito por una rebanada más grande de la empanada, así que lanzan sus redes cada vez más lejos. ¿Cuál será su próximo destino? Nada menos que Hollywood, según informa Liu Wei.
A principios de este año, se corrió el rumor de que una compañía de China estaba entre los licitadores de Miramax, una subsidiaria de Disney. Todo indica que esta firma fracasó en la puja por obtener los estudios, quedando eliminada en la primera ronda. Más tarde Disney confirmó la venta de Miramax, pero todavía no sabemos si había algún licitador chino entre los competidores. Ben Ji, presidente de Angel Wings Entertainment, una productora con sede en Beijing, dijo a China Daily que se trataba de una compañía respaldada por un gobierno provincial. Es de suponer que este ejecutivo disponga de la información respectiva. Ji lleva 20 años trabajabando en el campo cinematográfico, televisivo y de Internet, y pasó algún tiempo en la división de distribución internacional de la Warner Brothers, supervisando el mercado chino para películas tales como The Matrix y Troy. Fue también el primer ejecutivo y gerente local para los estudios de Walt Disney en China.

Ben Ji no dio el nombre de la compañía china, pero dice sentirse optimista sobre las perspectivas de que firmas de China logren hacerse de un espacio en Hollywood, más temprano que tarde. Su razón es simple: China tiene el dinero y necesita un mayor mercado. Y Hollywood tiene la tradición de atraer fondos del extranjero y de lograr evadir las leyes más estrictas sobre propiedad de los medios.

La taquilla de China ha crecido en un 25 por ciento anual en los últimos cinco años. El rédito de los primeros seis meses de 2010 fue de 4.800 millones de yuanes ($780 millones) – casi el total de recaudaciones netas de todo el año 2008.

Los observadores dicen que la industria fílmica dejará ingresos domésticos de al menos 10 mil millones de yuanes este año, una cifra récord. Pero si se compara con los $9 mil 900 millones que ingresaron las taquillas domésticas de EEUU en 2009, esta cifra sigue siendo una minucia.

La razón está clara. Pocas películas chinas han logrado penetrar en los mercados de ultramar, con excepción de las que han llegado al sudeste de Asia.

Resulta evidente asimismo que ha llegado la hora de que las compañías cinematográficas chinas acomentan el futuro con mayor ambición, de ahí que algunas entidades ya estén sentando bases de cara al porvernir. 
Para comenzar, algunas ya se están mostrando más activas en sus co-producciones con Hollywood, invirtiendo en proyectos, en lugar de limitarse a ofrecer talentos y locaciones.

El ejemplo más reciente de esto ha sido Karate Kid, una nueva versión de la bien acogida serie de los 80, que en esta ocasión cuenta con la presencia de la superestrella del kungfu Jackie Chan y de Jaden Smith, hijo del actor Will Smith. El Grupo Cinematográfico de China invirtió $5 millones en la película, la cual co-produjo con Sony.

Huayi Brothers, el mayor grupo privado del sector mediático de China, instaló un departamento internacional hace cuatro años y hoy se jactan de haber co-producido recientes éxitos como El reino prohibido y Shanghai.

Una vez más, la mayor atracción en El reino prohibido fueron las artes marciales, con Jet Li y Jackie Chan en los portagónicos, mientras que Shanghai dependió en gran parte de los encantos carismáticos de la actriz Gong Li y del veterano galán de Hong Kong Chow Yun-fat.

En Beijing, el Gobierno está haciendo su parte en impulsar la influencia de la cultura china por todo el mundo – lo que puede influir favorablemente en otorgar ímpetu a dicha cooperación.

“Uno puede notar el afán del Gobierno en promover la cultura china a través de los institutos de Confucio que proliferan rápidamente en todo el mundo,” indica Ji. “Hollywood podría ser un canal eficaz para alcanzar esa meta, gracias a su red de distribución e influencia globales.”

Pero de ahí a la eventual compra de un estudio de Hollywood, algo especialmente importante, va un largo trecho para una empresa privada, según dice un alto ejecutivo de un estudio de Hollywood, quien solicitó el anonimato.

“Sería un gran desafío para una compañía de entretenimiento comprar un estudio importante de Hollywood,” agrega. “Ahí está el ejempolo de la Metro-Goldwyn-Mayer. Antes de fines del año próximo, cualquier comprador que desee adquirirla deberá desembolsar de $4 a 4.500 millones para pagar sus deudas, antes de concluir la transferencia de capital. “

Hollywood suele acoger de buen grado a los compradores dentro de la industria, pero ha atestiguado algunas transacciones que se han apartado de esa tendencia. Por ejemplo, la Universal fue comprada por la firma francesa de servicios ambientales Vivendi SA, y la Coca-Cola compró a la Columbia.

“Si se toman en cuenta estos ejemplos, se puede concluir que lo que importa a Hollywood es el mejor postor, sin reparar en quién sea.”

Yin Hong, profesor de cine y televisión en la Universidad de Tsinghua y experto en la industria, está de acuerdo con este aserto.
“Es poco probable que las compañías locales de entretenimiento dispongan del capital necesario para comprar un estudio grande de Hollywood. Necesitan apuntar a las compañías más pequeñas e independientes.”

Ji considera que las firmas chinas ambiciosas deben acercarse a los seis estudios principales, que no son en esencia compañías productoras, ya que muchas de ellas funcionan en realidad como conglomerados mediáticos que obtienen enormes réditos. Su compra es un proceso complicado que implica transferencias complejas de capital y cuya adquisicón debe pasar por la Comisión Federal de Comunicaciones. En este momento, no resulta práctico. “

La manera más rentable, Ji sugiere, es comprar acciones en compañías independientes pequeñas tales como Lionsgate y Summit, o las subsidiarias de estudios, como Miramax.
“Puede que éstas no cuenten con el apoyo financiero y los canales de distribución de gran alcance de los grandes estudios, pero sus capacidades de producción, marcas de fábrica y sistemas únicos dedicados a sectores minoritarios también son valiosos.”
Con todo, Qin Hong presidente de los estudios y teatro megamedia de Beijing, tiene serios reparos. Dice: “Si nos apresuramos demasiado en calificar una compañía como portadora de la cultura china, se podría producir una reacción hostil del público de EEUU, lo cual destruiría incluso el establecimiento de una marca de fábrica.”
“Existen múltiples diferencia ideológicas, de sistema social y de valores básicos entre los dos países, afirma Ji. Por eso “es preciso que todo se reduzca a mero negocio. Quizás así funcione.”

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