Manuel Martín Requena llega apurado a la GameJam, un encuentro anual para crear un videojuego en 48 horas. Desde las cinco de la tarde del viernes hasta las cinco del domingo. El trabajo le tenía atado a la pantalla. Es un afortunado, ya forma parte industria del videojuego, en Gameloft, una de las grandes compañías internacionales, enfocada en los juegos para móviles y tabletas. El año pasado hizo el Máster en Desarrollo de Videojuegos de la Complutense y ya se ha incorporado al mundo laboral.
Martín Requena toma notas con una mano mientras sujeta un Big Mac con la otra. En pantalla aparece el trazo de una serpiente comiéndose a sí misma en forma de círculo. Es el equivalente anglosajón de la pescadilla que se muerde la cola. Ese el el tema de esta edición. A partir de ahí el único límite es la imaginación. Después de unos minutos de reflexión varios concursantes salen al estrado, toman la palabra y proponen una idea. Al que le seduzca, se suma al equipo, el máximo es de cinco personas. Lo más valorado son los grafistas. Hay muchos desarrolladores dispuestos a programar pero pocos que lo plasmen de forma artística.
Casi todos han enfocado la serpiente como algo cíclico, que se repite, que se convierte en un bucle. Así la propuestas van desde personajes que mueren y nacen sin fin, a narrativas de tiempo limitado cuya repetición hasta el infinitivo depende de la habilidad del jugador para esquivar cada vez más obstáculos sin cambiar de escenario.
La mayoría opta por centrarse en el PC, pero hay más opciones. Una es hacerlo para teléfonos Nokia, patrocinador del encuentro, que premia con un teléfono de la firma a los equipos que desarrollen en su plataforma. Otra, más conceptual, consiste en utilizar la fachada digital del MediaLab. Tiene algunas ventajas: lo pueden jugar los transeuntes durante todo un año y, al ser un conjunto límitado de píxeles, se prescinde del grafista. En 2011 solo un grupo desató su creatividad en esteformato. Este año han sido dos los que se han animado a explorar sus posibilidades. Los han unidos en dos capítulos.
José Roberto Moreno y Rodrigo Ribeiro-Pinto hicieron una aventura en la que se lucha por la cafeína para no caer en un ciclo de sueño infinito. Luz Quiñonero se ofrece como grafista. Zulema Laplana Curtido, diseñadora gráfica, ha venido desde Granada con su novio, Álvaro García Arredondo, informático. Oriana es hermana de Zulema y está cursando el máster. Además de sus ordenadores aparecieron con un cargamento de café y Sugus, ganas de conocer gente nueva y una incógnita: "¿Seremos capaces de trabajar en familia?". Superaron el reto con creces y García Arredondo está tan emocionado que quizá lo adapte para XBOX 360, la consola de Microsoft. "Son solo unos pasos más, no es difícil, y seguro que ganamos en difusión", expone.
Pedro Antonio González Calero es el director del Máster y organizador del evento. Lamenta que la limitación de espacio del MediaLab Prado, en el centro de Madrid, junto al CaixaForum, les obligue a limitar la participación a 50 personas. “Hemos recibido el doble de peticiones, pero no cabe nadie más. Hay que tener en cuenta que duermen y comen aquí”. Ser alumno del Máster no es condición para participar. Hay desde programadores a estudiantes de Bellas Artes, ingenieros y matemáticos.
Los que concursan por primera vez tienen prioridad, pero tampoco quieren decepcionar a nadie por eso ha sumado a Irene Gabriel y Fernando Matarrubia, que participaron en la edición anterior a la organización. Se encargan de resolver dudas y supervisar si todo funciona. Junto al proio Gonzalez Calero y dos profesores más Luis Hernández Yáñez y Guillermo Jiménez Díaz han decidido sumarse a la GameJam. "Aparentemente somos más, pero nos hemos turnado. Así nos obligamos a estar en forma, activos y obligarnos a pensar como lo hacen ellos" explica Jiménez Día, que imparte inteligencia artificial. En sus clases aprenden a crear a los malos, a hacer que no sean ni imposibles de aniquilar, ni demasiado previsibles.
Por supuesto que sí, que se pueden hacer trampas y traer parte del código hecho y después adaptarlos al tema en cuestión. "Allá cada uno, porque no tiene sentido. Para empezar se pierde la esencia de las 48 horas y para seguir pierde la gracia. La idea es aprender a gestionar plazos y trabajar en equipo", aclara el profesor.
A última hora del domingo el jurado pasa mesa por mesa para comprobar el resultado. No lo hacen con ánimo competitivo, sino para analizar el razonamiento de los concursantes y darles consejo. Lo componen, además de González Calero, Daniel Parente, consejero delegado de Enigma Software y director del grado de diseño de videojuegos en ESNE y Roberto Álvarez de Lara, fundador y consejero delegado de Over the Top Games.
Reino Unido es, de lejos, el mayor consumidor de videojuegos de Europa. La pugna por el segundo puesto está entre Alemania y Francia, después está España. Sin embargo, apenas hay una industria local. Es una industria próspera pero le falta inversión para volver la época dorada de los ochenta.
A partir del lunes en la página oficial de GameJam se podrán probar todas las creaciones, no solo del encuentro realizado en Madrid, sino también las las 247 ciudades participantes con 11027 inscritos. Nueva Zelanda dio el pistoletazo de salida y San Francisco echa el cierre. Todos los títulos serán de código abierto y gratuitos.
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2012/01/30
Google y Apple, acusadas de pactar para no 'robarse' empleados
El tema viene de lejos, pero ahora una juez de California ha solicitado formalmente que Google, Apple y otras cinco compañías presenten sus alegaciones ante la acusación de que pactaron no robarse empleados cualificados y desistir de ofrecer empleo a ingenieros o trabajadores de la competencia.
La supuesta existencia de este tipo de pactos empresariales lo evidencia un correo de Steve Jobs, cuando era patrón de Apple, a su colega de Google, Eric Schmidt. El mensaje recogido por Reuters, data de 2007 y en el mismo Jobs comenta a Schmidt que estaría muy complacido “si tu departamento de recuros humanos desiste de intentar fichajes”. Schmidt reaccionó remitiendo un mensaje a personas no identificadas del citado departamento en el que se afirmaba que la empresa tenía una política de no reclutar personal de Apple y exige que se paralicen este tipo de ofertas y que se le remita un informe de lo sucedido ya que necesita dar una respuesta a Apple. La consecuencia de ello fue el despido de quien hizo la oferta y un comunicado interno del responsable del área asegurando que se trató de “un incidente aislado”. El remitente ruega que se hagan llegar las disculpas a Apple.
Esta pieza figura en la demanda contra las citadas compañías,además de Pixar, Intel, LucasFilm, Adobe e Intuit por mantener este tipo de prácticas que entrarían en un tipo de conductas monopolistas.
En otro correo, dirigido a Steve Jobs, por el patrón de Palm, éste subraya que la proposición de pactar que una compañía no intente fichar empleados de la otra “no únicamente es equivocada, probablemente es ilegal”.
En 2009, el departamento de Justicia abrió una investigación, que no prosperó, sobre este tipo de prácticas, y un año después, un antiguo empleado de LucasFilm acusó a esta empresa, a Apple, Google, Adobe Systems, Intel y otras compañías de tecnología de violar las leyes antimonopolio por conspirar para fijar la retribución de sus empleados y acordar no robárselos mútuamente con ofertas de trabajo más atractivas. La demanda es colectiva y permite que terceras personas se sumen a ella. En la misma se acusa a las citadas compañías de establecer acuerdos entre ellas "para eliminar la competencia por mano de obra calificada". El promotor de la demanda afirma que es "decepcionante que, mientras estábamos trabajando duro para hacer productos excelentes que dieron enormes beneficios para LucasFilm, los altos ejecutivos de la empresa llegaban a acuerdos con otras empresas para eliminar la competencia". El demandante sitúa los hechos entre enero de 2005 y enero de 2010. Según sus cálculos, estos acuerdos han permitido evitar subidas de sueldo de entre el 10 y el 15%.
Una de las compañías que no está denunciada es Facebook, cuya política de reclutamiento obligó a Google a subir las remuneraciones de sus empleados, particularmente los más proclives a poder recibir una oferta de la red social.
Twitter, por su parte, ha optado por emitir un vídeo juguetón y simpático para animar a trabajar en la empresa.
La supuesta existencia de este tipo de pactos empresariales lo evidencia un correo de Steve Jobs, cuando era patrón de Apple, a su colega de Google, Eric Schmidt. El mensaje recogido por Reuters, data de 2007 y en el mismo Jobs comenta a Schmidt que estaría muy complacido “si tu departamento de recuros humanos desiste de intentar fichajes”. Schmidt reaccionó remitiendo un mensaje a personas no identificadas del citado departamento en el que se afirmaba que la empresa tenía una política de no reclutar personal de Apple y exige que se paralicen este tipo de ofertas y que se le remita un informe de lo sucedido ya que necesita dar una respuesta a Apple. La consecuencia de ello fue el despido de quien hizo la oferta y un comunicado interno del responsable del área asegurando que se trató de “un incidente aislado”. El remitente ruega que se hagan llegar las disculpas a Apple.
Esta pieza figura en la demanda contra las citadas compañías,además de Pixar, Intel, LucasFilm, Adobe e Intuit por mantener este tipo de prácticas que entrarían en un tipo de conductas monopolistas.
En otro correo, dirigido a Steve Jobs, por el patrón de Palm, éste subraya que la proposición de pactar que una compañía no intente fichar empleados de la otra “no únicamente es equivocada, probablemente es ilegal”.
En 2009, el departamento de Justicia abrió una investigación, que no prosperó, sobre este tipo de prácticas, y un año después, un antiguo empleado de LucasFilm acusó a esta empresa, a Apple, Google, Adobe Systems, Intel y otras compañías de tecnología de violar las leyes antimonopolio por conspirar para fijar la retribución de sus empleados y acordar no robárselos mútuamente con ofertas de trabajo más atractivas. La demanda es colectiva y permite que terceras personas se sumen a ella. En la misma se acusa a las citadas compañías de establecer acuerdos entre ellas "para eliminar la competencia por mano de obra calificada". El promotor de la demanda afirma que es "decepcionante que, mientras estábamos trabajando duro para hacer productos excelentes que dieron enormes beneficios para LucasFilm, los altos ejecutivos de la empresa llegaban a acuerdos con otras empresas para eliminar la competencia". El demandante sitúa los hechos entre enero de 2005 y enero de 2010. Según sus cálculos, estos acuerdos han permitido evitar subidas de sueldo de entre el 10 y el 15%.
Una de las compañías que no está denunciada es Facebook, cuya política de reclutamiento obligó a Google a subir las remuneraciones de sus empleados, particularmente los más proclives a poder recibir una oferta de la red social.
Twitter, por su parte, ha optado por emitir un vídeo juguetón y simpático para animar a trabajar en la empresa.
El autor del millón de 'e-books'
John Locke tardó 11 días en teclear su última novela, Maybe.Como es habitual, no se sentó frente al ordenador de su despacho hasta que hubo completado en su cabeza un mapa con 10 "escenas pivote"; de esta manera suele esquivar el "bloqueo del escritor". Luego voló sobre el teclado, centrándose en lo relevante de la trama, confundiendo quizá el nombre de algún personaje y el orden de los capítulos, pues escribe de forma no lineal, y anotando "descripción, descripción" donde corresponde, dejando huecos en blanco que repensará en algún momento muerto, "en la ducha", por ejemplo.
Cuando hubo terminado el bruto, lo imprimió y lo leyó, tachando un 5%, para eliminar la grasa sobrante y dotar a la novela de ese aroma a Locke, "con más punch, mitad cohete espacial, mitad montaña rusa", en sus palabras. Se la dio a leer a un par de personas de confianza; y con la ayuda de la editorial indie Telemachus Press dio con una portada sugerente, en línea con el toque pulp de las anteriores: piernas de mujer, esta vez con medias de encaje.
En resumen, Locke comenzó a escribir después de Acción de Gracias y Maybe estuvo lista antes de Navidad. Entonces, el autor cargó los archivos en Amazon.com, el mayor portal de venta online del mundo, y un par de semanas después, la novela entraba en el top 100 de los e-books de ficción más descargados. Nada de lo que alardear, pues no era ni de lejos la mejor marca lograda con una de sus novelas protagonizadas por Donovan Creed: en 2011, el autor había logrado colar en el top 10 cuatro libros sobre este exagente de la CIA, matón a sueldo de una oscura agencia estadounidense. Pero esta vez lograba el registro en el instante en que sorbía un bourbon de 20 años, Pappy Van Winkle's, su favorito y el de Creed, y respondía, acodado en la barra de su mansión de tres millones de dólares, a las últimas preguntas desconfiadas de El País Semanal.
Porque la anterior es solo su versión de los hechos. O mejor, la versión que dio la persona que dijo llamarse John Locke y ejerció de anfitrión durante nuestra visita a la ciudad de Louisville (Kentucky), adonde habíamos sido invitados para entrevistar a un escritor superventas, un fenómeno de la era digital, convertido, en poco más de un año, en el primer autor autoeditado que superaba el millón de libros electrónicos vendidos en Amazon.com sin el apoyo de ninguna editorial; un club selecto inaugurado por Stieg Larsson (Los hombres que no amaban a las mujeres) y al que acababa de incorporarse Stephanie Meyer (Crepúsculo), dos hitos que daban cuenta de la magnitud del asunto. Pero, entonces, ¿quién demonios era John Locke? ¿De dónde había salido? ¿Y cómo era posible que apenas se le conociera?
La ausencia de mercado en España podría ser parte de la explicación. Pero había más motivos para la sospecha. Una búsqueda rápida en Internet devolvía de forma exasperante una única imagen del autor, la de un hombre de unos 60 años, calvo, con mirada dura y cazadora negra. Estaba su blog oficial, su cuenta de Twitter, su perfil en Amazon, una breve entrada en Wikipedia. Aparecían también las carátulas sensuales de sus libros, pero la mayoría de los resultados desviaban la pista hacia el filósofo y el personaje de la serie Perdidos homónimos. Entre cientos de enlaces podían hallarse dos o tres entrevistas formales. Pero estas añadían confusión sobre su identidad, pues habían sido publicadas en blogs desconocidos y no en grandes medios, como cabría esperar. Una de ellas, firmada por el escritor Joe Konrath, fue realizada, según el autor, "en los Alpes suizos, en un refugio secreto de autores superventas, donde calentamos nuestros jacuzzis quemando fajos de billetes de 100 dólares".
La falta de rigor en torno a la figura del "primer gran best seller de la era digital", como lo apodó la directora de comunicación de Ediciones B, lo hacía esfumarse al modo en que lo haría un personaje de sus novelas. De hecho, nadie en la casa editorial con la que tenía previsto el lanzamiento de Gente letal, la primera de la saga de Donovan Creed, había tratado con el autor en persona, ni siquiera por teléfono. Estaban a punto de publicar sus libros, en papel y en versión digital. Pero Marta Rossich, la editora que dio con Locke, dijo haberlo conocido a través de Twitter y conversado con él exclusivamente por e-mail. Así que su historia podía ser cierta. O un montaje bien orquestado, al estilo del documental Exit through the gift shop sobre el artista enmascarado Banksy. Quizá fuera un escritor inventado por varios escritores. ¿Cómo, si no, era posible que hubiera publicado 14 libros en menos de tres años; nueve en 2011?
O quizá se tratara de una pantomima creada para cuestionar el papel de las grandes editoriales. Muchas se habían mostrado reticentes a bañarse en aguas digitales, un medio hostil en el que veían menguar cuota de mercado y margen de beneficio. Querían mantener el precio de sus libros en lo alto. John Locke, en cambio, había cimentado su éxito en Internet sobre una estrategia agresiva: novelas por 0,99 dólares (él se queda el 35%), a precio de compra compulsiva. Las de Larsson, por ejemplo, se venden 10 veces más caras. Curiosamente, esto parecía ser lo único que había atraído a la prensa tradicional. Su nombre y sus declaraciones figuraban en un puñado de artículos concisos en cabeceras estadounidenses de referencia. Pero nunca, según nos confesó Locke, se había enfrentado a un periodista cara a cara.
Nuestro primer encuentro transcurrió en un restaurante situado en el piso 16º de uno de los edificios más modernos de Louisville. Poco antes, una limusina había acudido al aeropuerto a recoger al periodista. La luz del comedor era tenue. Su rostro y su vestimenta le conferían un aire a Tony Soprano (sus amigos, dijo, suelen llamarle así). Había encargado un vino de 2007, y su mujer, Annie, una despampanante profesora de aerobic de alto impacto, brillaba como un fósforo recién prendido. Ante los embates sobre su identidad, Locke soltó una carcajada. Refulgieron el diamante en su anular y las escamas de oro de un reloj Piaget.
Achacó su ausencia en los medios a un "conflicto de intereses": muchas de las editoriales comparten accionariado con los diarios y canales más influyentes. También dijo que no leyó a tiempo un e-mail del USA Today, el periódico de mayor tirada del país, pidiendo una entrevista con él (le cogió escribiendo de forma compulsiva). Y contó una anécdota: en abril de 2011, cuando su presencia entre los autores superventas era ya escandalosa, un periodista de The Wall Street Journal contactó con él. Lo entrevistó, pero, al poco, volvió a llamarle y se disculpó. Su editor jefe, dijo, no se tragaba la historia. ¿Cómo iba a haber vendido 369.000 ejemplares solo en marzo, más de 12.000 al día, ocho libros cada minuto? Locke le pasó su nombre de usuario y su contraseña en Amazon, para que pudiera comprobar los datos. La historia salió publicada bajo el título El desafío de los e-books baratos: títulos a 99 céntimos de autores desconocidos añaden presión sobre las grandes editoriales. Puede que el diario económico también apoyase el montaje, pero aquello era ir demasiado lejos. Y en el fondo, ¿qué más daba? Los libros existían, se vendían en Amazon y otras casas de venta online, eso eran hechos. En cuanto a la identidad..., ¿acaso importa en la era digital?
Así que, durante los días siguientes, Locke fue narrando su vida, la de un exitoso vendedor de seguros, padre de cinco hijos en tres matrimonios, hombre de negocios que siempre contaba historias, pero no comenzó a escribirlas hasta hace tres años, a los 58, cuando el corazón le dio un susto a causa del estrés; trabajador infatigable -duerme tres horas diarias-, nacido en Puerto Rico, hijo de un militar canadiense y de una profesora de lectura que engatusó a su hijo leyéndole cuentos cada noche; se matriculó en filología inglesa y leyó "todos los clásicos" . Pero no acabó sus estudios y comenzó a vender seguros puerta a puerta. Llegó a Louisville, donde fundó su primera empresa; en un año fue valorada en un millón de dólares, gracias a cierta "fórmula universal" para vender seguros que transmitía a sus empleados, a quienes llamaba OOU (one of us, uno de los nuestros) cuando interiorizaban sus principios. A sus fans los llama igual, OOUS; tiene 28.000 seguidores en Twitter.
Antes que novelista fue autor de de manuales sobre técnicas de venta. Luego llegó la operación a corazón abierto, y la idea de escribir ficción para relajarse. Como era dueño de una docena de pequeños centros comerciales las rentas no le preocupaban. Redujo su empresa de 35 empleados a uno: su secretaria, ahora entregada a la edición de sus libros; y comenzó a trazar las "escenas pivote" de su primera novela. La protagonizaba un tipo duro llamado Donovan Creed, dotado de un lado humano irresistible para muchas mujeres (el 70% de sus lectores lo son, según Locke). La tiró a la basura y empezó la siguiente, Gente letal, que autoeditó en papel, sin éxito, en julio de 2009. Le ocurrió igual con Lethal experiment, y Saving Rachel, escrita en 14 días. En marzo de 2010 las puso a la venta en formato digital a 0,99 dólares e inició nuevas sagas, ampliando mercado. En 2011, sus cifras de ventas se volvieron astronómicas. Saving Rachel alcanzó el número 1 y llegó a tener seis títulos simultáneos en el top 100 de Amazon. Ha vendido 1.720.000 copias digitales de sus 14 libros. El último, Maybe, novena entrega de Creed, ascendía al top 58 de los e-books de ficción más vendidos al escribirse estas líneas. Había escalado más de 40 puestos en siete días.
Cuando hubo terminado el bruto, lo imprimió y lo leyó, tachando un 5%, para eliminar la grasa sobrante y dotar a la novela de ese aroma a Locke, "con más punch, mitad cohete espacial, mitad montaña rusa", en sus palabras. Se la dio a leer a un par de personas de confianza; y con la ayuda de la editorial indie Telemachus Press dio con una portada sugerente, en línea con el toque pulp de las anteriores: piernas de mujer, esta vez con medias de encaje.
En resumen, Locke comenzó a escribir después de Acción de Gracias y Maybe estuvo lista antes de Navidad. Entonces, el autor cargó los archivos en Amazon.com, el mayor portal de venta online del mundo, y un par de semanas después, la novela entraba en el top 100 de los e-books de ficción más descargados. Nada de lo que alardear, pues no era ni de lejos la mejor marca lograda con una de sus novelas protagonizadas por Donovan Creed: en 2011, el autor había logrado colar en el top 10 cuatro libros sobre este exagente de la CIA, matón a sueldo de una oscura agencia estadounidense. Pero esta vez lograba el registro en el instante en que sorbía un bourbon de 20 años, Pappy Van Winkle's, su favorito y el de Creed, y respondía, acodado en la barra de su mansión de tres millones de dólares, a las últimas preguntas desconfiadas de El País Semanal.
Porque la anterior es solo su versión de los hechos. O mejor, la versión que dio la persona que dijo llamarse John Locke y ejerció de anfitrión durante nuestra visita a la ciudad de Louisville (Kentucky), adonde habíamos sido invitados para entrevistar a un escritor superventas, un fenómeno de la era digital, convertido, en poco más de un año, en el primer autor autoeditado que superaba el millón de libros electrónicos vendidos en Amazon.com sin el apoyo de ninguna editorial; un club selecto inaugurado por Stieg Larsson (Los hombres que no amaban a las mujeres) y al que acababa de incorporarse Stephanie Meyer (Crepúsculo), dos hitos que daban cuenta de la magnitud del asunto. Pero, entonces, ¿quién demonios era John Locke? ¿De dónde había salido? ¿Y cómo era posible que apenas se le conociera?
La ausencia de mercado en España podría ser parte de la explicación. Pero había más motivos para la sospecha. Una búsqueda rápida en Internet devolvía de forma exasperante una única imagen del autor, la de un hombre de unos 60 años, calvo, con mirada dura y cazadora negra. Estaba su blog oficial, su cuenta de Twitter, su perfil en Amazon, una breve entrada en Wikipedia. Aparecían también las carátulas sensuales de sus libros, pero la mayoría de los resultados desviaban la pista hacia el filósofo y el personaje de la serie Perdidos homónimos. Entre cientos de enlaces podían hallarse dos o tres entrevistas formales. Pero estas añadían confusión sobre su identidad, pues habían sido publicadas en blogs desconocidos y no en grandes medios, como cabría esperar. Una de ellas, firmada por el escritor Joe Konrath, fue realizada, según el autor, "en los Alpes suizos, en un refugio secreto de autores superventas, donde calentamos nuestros jacuzzis quemando fajos de billetes de 100 dólares".
La falta de rigor en torno a la figura del "primer gran best seller de la era digital", como lo apodó la directora de comunicación de Ediciones B, lo hacía esfumarse al modo en que lo haría un personaje de sus novelas. De hecho, nadie en la casa editorial con la que tenía previsto el lanzamiento de Gente letal, la primera de la saga de Donovan Creed, había tratado con el autor en persona, ni siquiera por teléfono. Estaban a punto de publicar sus libros, en papel y en versión digital. Pero Marta Rossich, la editora que dio con Locke, dijo haberlo conocido a través de Twitter y conversado con él exclusivamente por e-mail. Así que su historia podía ser cierta. O un montaje bien orquestado, al estilo del documental Exit through the gift shop sobre el artista enmascarado Banksy. Quizá fuera un escritor inventado por varios escritores. ¿Cómo, si no, era posible que hubiera publicado 14 libros en menos de tres años; nueve en 2011?
O quizá se tratara de una pantomima creada para cuestionar el papel de las grandes editoriales. Muchas se habían mostrado reticentes a bañarse en aguas digitales, un medio hostil en el que veían menguar cuota de mercado y margen de beneficio. Querían mantener el precio de sus libros en lo alto. John Locke, en cambio, había cimentado su éxito en Internet sobre una estrategia agresiva: novelas por 0,99 dólares (él se queda el 35%), a precio de compra compulsiva. Las de Larsson, por ejemplo, se venden 10 veces más caras. Curiosamente, esto parecía ser lo único que había atraído a la prensa tradicional. Su nombre y sus declaraciones figuraban en un puñado de artículos concisos en cabeceras estadounidenses de referencia. Pero nunca, según nos confesó Locke, se había enfrentado a un periodista cara a cara.
Nuestro primer encuentro transcurrió en un restaurante situado en el piso 16º de uno de los edificios más modernos de Louisville. Poco antes, una limusina había acudido al aeropuerto a recoger al periodista. La luz del comedor era tenue. Su rostro y su vestimenta le conferían un aire a Tony Soprano (sus amigos, dijo, suelen llamarle así). Había encargado un vino de 2007, y su mujer, Annie, una despampanante profesora de aerobic de alto impacto, brillaba como un fósforo recién prendido. Ante los embates sobre su identidad, Locke soltó una carcajada. Refulgieron el diamante en su anular y las escamas de oro de un reloj Piaget.
Achacó su ausencia en los medios a un "conflicto de intereses": muchas de las editoriales comparten accionariado con los diarios y canales más influyentes. También dijo que no leyó a tiempo un e-mail del USA Today, el periódico de mayor tirada del país, pidiendo una entrevista con él (le cogió escribiendo de forma compulsiva). Y contó una anécdota: en abril de 2011, cuando su presencia entre los autores superventas era ya escandalosa, un periodista de The Wall Street Journal contactó con él. Lo entrevistó, pero, al poco, volvió a llamarle y se disculpó. Su editor jefe, dijo, no se tragaba la historia. ¿Cómo iba a haber vendido 369.000 ejemplares solo en marzo, más de 12.000 al día, ocho libros cada minuto? Locke le pasó su nombre de usuario y su contraseña en Amazon, para que pudiera comprobar los datos. La historia salió publicada bajo el título El desafío de los e-books baratos: títulos a 99 céntimos de autores desconocidos añaden presión sobre las grandes editoriales. Puede que el diario económico también apoyase el montaje, pero aquello era ir demasiado lejos. Y en el fondo, ¿qué más daba? Los libros existían, se vendían en Amazon y otras casas de venta online, eso eran hechos. En cuanto a la identidad..., ¿acaso importa en la era digital?
Así que, durante los días siguientes, Locke fue narrando su vida, la de un exitoso vendedor de seguros, padre de cinco hijos en tres matrimonios, hombre de negocios que siempre contaba historias, pero no comenzó a escribirlas hasta hace tres años, a los 58, cuando el corazón le dio un susto a causa del estrés; trabajador infatigable -duerme tres horas diarias-, nacido en Puerto Rico, hijo de un militar canadiense y de una profesora de lectura que engatusó a su hijo leyéndole cuentos cada noche; se matriculó en filología inglesa y leyó "todos los clásicos" . Pero no acabó sus estudios y comenzó a vender seguros puerta a puerta. Llegó a Louisville, donde fundó su primera empresa; en un año fue valorada en un millón de dólares, gracias a cierta "fórmula universal" para vender seguros que transmitía a sus empleados, a quienes llamaba OOU (one of us, uno de los nuestros) cuando interiorizaban sus principios. A sus fans los llama igual, OOUS; tiene 28.000 seguidores en Twitter.
Antes que novelista fue autor de de manuales sobre técnicas de venta. Luego llegó la operación a corazón abierto, y la idea de escribir ficción para relajarse. Como era dueño de una docena de pequeños centros comerciales las rentas no le preocupaban. Redujo su empresa de 35 empleados a uno: su secretaria, ahora entregada a la edición de sus libros; y comenzó a trazar las "escenas pivote" de su primera novela. La protagonizaba un tipo duro llamado Donovan Creed, dotado de un lado humano irresistible para muchas mujeres (el 70% de sus lectores lo son, según Locke). La tiró a la basura y empezó la siguiente, Gente letal, que autoeditó en papel, sin éxito, en julio de 2009. Le ocurrió igual con Lethal experiment, y Saving Rachel, escrita en 14 días. En marzo de 2010 las puso a la venta en formato digital a 0,99 dólares e inició nuevas sagas, ampliando mercado. En 2011, sus cifras de ventas se volvieron astronómicas. Saving Rachel alcanzó el número 1 y llegó a tener seis títulos simultáneos en el top 100 de Amazon. Ha vendido 1.720.000 copias digitales de sus 14 libros. El último, Maybe, novena entrega de Creed, ascendía al top 58 de los e-books de ficción más vendidos al escribirse estas líneas. Había escalado más de 40 puestos en siete días.
Cuando un perro activa el iPad
iPaw es una escultura a tamaño real de un perro capaz de activar un iPad sólo si el espectador le acaricia. Saluda al público en la entrada de Electroboutique pop-up, un proyecto de los artistas Alexei Shulgin y Aristarkh Chernyshev, que se exhibe en el Museo de la Ciencia de Londres, hasta el 14 de febrero. A veces las crisis, en vez de provocar una profunda angustia de lo más improductiva, contribuyen a afilar el ingenio.
Es el caso de Electroboutique, que irrumpe como una manada de zorros en el debate sobre el agotamiento de los formatos expositivos y, por otro lado, sobre el consumo del arte y también la breve vida del sinfín de objetos, a menudo sin utilidad ni sentido, que nos rodean. La metáfora zoológica viene del sistema que los artistas utilizan para abordar estos debates: una colección de objetos insólitos u obras de arte interactivo, según se vea, que combinan el lenguaje corporativo y el de la cultura pop para plantear sutiles e irónicas reflexiones críticas.
Las piezas, que ellos denominan simplemente interactive media objects, se presentan en diferentes contextos y van aumentando y evolucionando. Para Londres también han creado Artlet, una reflexión sobre el estado del arte que permite al público seleccionar objetos e iconos culturales para crear su propia remezcla virtual. "El consumo creativo del arte es uno de los fenómenos más importantes de la contemporaneidad y esto implica obras con las cuales se pueda interactuar no sólo apretando un botón. Consumo creativo significa activar la reflexión", aseguran los artistas, que preparan una cuidada puesta en escena para todas las presentaciones de sus estrafalarias piezas. Cuando las expusieron en el centro de arte contemporáneo Garage, fundado por Darya Zhukova, novia del magnate ruso Roman Abramovich, crearon una escultura de iPhone inspirada en el monumento de Tatlin para la Tercera Internacional. "La obra de Tatlin es un icono de la vanguardia así como el iPhone es un icono de la cultura consumista. El arte debe redefinir su papel en la sociedad actual", continúa Shulgin. Empezó su trayectoria como fotógrafo, luego pasó al arte en Internet y ahora trabaja en la intersección entre arte, ciencia, estética y diseño de objetos de telecomunicación, junto con un equipo de ingenieros, diseñadores e informáticos.
Convencidos de que hace ya tiempo que no hay una clara separación entre arte y diseño, Shulgin y Chernyshev no tienen miedo en denominar sus obras "productos".
Entre las piezas estrella, cómo no, hay varios televisores. Uno atrapa la imagen del espectador y la introduce en el flujo de noticias de las principales cadenas; otro, semidestruido, aprovecha la estética del glitch, no un error como se suele pensar, sino una característica informática imprevista. Sin embargo las obras de más éxito son un conjunto de televisiones blandas, denominado Final Adjustment, que cambian de canal solo golpeándolas, incluso con violencia. Atraen mucho también unas enormes gafas pop, que funcionan como un MP3 y, si el visitante baila, se apoderan de su imagen, la distorsionan y la insertan en la proyección del vídeo musical que ha elegido. También hay un media mirror, un espejo que en vez de reflejar la imagen del espectador, se la queda y la devuelve convertida en un retrato artístico.
Evidentemente, a Shulgin y Chernyshev no les desagrada que la gente se divierta, pero el objetivo es otro: "Detrás de cada juego hay una perspectiva crítica que va desde el significado de la creación artística y la producción seriada, hasta el cambio climático, el activismo, el consumismo y sobretodo las tecnologías digitales".
Es el caso de Electroboutique, que irrumpe como una manada de zorros en el debate sobre el agotamiento de los formatos expositivos y, por otro lado, sobre el consumo del arte y también la breve vida del sinfín de objetos, a menudo sin utilidad ni sentido, que nos rodean. La metáfora zoológica viene del sistema que los artistas utilizan para abordar estos debates: una colección de objetos insólitos u obras de arte interactivo, según se vea, que combinan el lenguaje corporativo y el de la cultura pop para plantear sutiles e irónicas reflexiones críticas.
Las piezas, que ellos denominan simplemente interactive media objects, se presentan en diferentes contextos y van aumentando y evolucionando. Para Londres también han creado Artlet, una reflexión sobre el estado del arte que permite al público seleccionar objetos e iconos culturales para crear su propia remezcla virtual. "El consumo creativo del arte es uno de los fenómenos más importantes de la contemporaneidad y esto implica obras con las cuales se pueda interactuar no sólo apretando un botón. Consumo creativo significa activar la reflexión", aseguran los artistas, que preparan una cuidada puesta en escena para todas las presentaciones de sus estrafalarias piezas. Cuando las expusieron en el centro de arte contemporáneo Garage, fundado por Darya Zhukova, novia del magnate ruso Roman Abramovich, crearon una escultura de iPhone inspirada en el monumento de Tatlin para la Tercera Internacional. "La obra de Tatlin es un icono de la vanguardia así como el iPhone es un icono de la cultura consumista. El arte debe redefinir su papel en la sociedad actual", continúa Shulgin. Empezó su trayectoria como fotógrafo, luego pasó al arte en Internet y ahora trabaja en la intersección entre arte, ciencia, estética y diseño de objetos de telecomunicación, junto con un equipo de ingenieros, diseñadores e informáticos.
Convencidos de que hace ya tiempo que no hay una clara separación entre arte y diseño, Shulgin y Chernyshev no tienen miedo en denominar sus obras "productos".
Entre las piezas estrella, cómo no, hay varios televisores. Uno atrapa la imagen del espectador y la introduce en el flujo de noticias de las principales cadenas; otro, semidestruido, aprovecha la estética del glitch, no un error como se suele pensar, sino una característica informática imprevista. Sin embargo las obras de más éxito son un conjunto de televisiones blandas, denominado Final Adjustment, que cambian de canal solo golpeándolas, incluso con violencia. Atraen mucho también unas enormes gafas pop, que funcionan como un MP3 y, si el visitante baila, se apoderan de su imagen, la distorsionan y la insertan en la proyección del vídeo musical que ha elegido. También hay un media mirror, un espejo que en vez de reflejar la imagen del espectador, se la queda y la devuelve convertida en un retrato artístico.
Evidentemente, a Shulgin y Chernyshev no les desagrada que la gente se divierta, pero el objetivo es otro: "Detrás de cada juego hay una perspectiva crítica que va desde el significado de la creación artística y la producción seriada, hasta el cambio climático, el activismo, el consumismo y sobretodo las tecnologías digitales".
Tailandia anuncia que trabajará con Twitter para censurar mensajes ilegales
El Gobierno de Tailandia ha celebrado la decisión de Twitter de autocensurar sus contenidos y ha anunciado que trabajará con la red de "microblogging" para bloquear todos los mensajes que vulneren las leyes tailandesas.
En Tailandia rigen estrictas leyes contra los contenidos considerados ofensivos con la monarquía, así como para limitar la libertad de expresión en Internet, lo que ha acarreado penas de hasta 20 años de cárcel para los infractores.
McFiva, una agencia de medios contratada por Twitter en Tailandia, afirmó que el nuevo sistema permite filtrar de forma automática los mensajes que incumplen las leyes, cuando antes requería la solicitud previa de los Gobiernos.
En los últimos años, las autoridades tailandesas han utilizado la ley de medios electrónicos para bloquear decenas de miles de páginas web pornográficas y contrarias a la ley de lesa majestad, aunque activistas y ONG denuncian que también ha sido utilizada como excusa para acallar a opositores.
El foro de Presos Políticos en Tailandia estima que cerca de 300 personas están encarceladas tras haber sido declaradas por los tribunales culpables de "difamar, ofender o amenazar al rey, la reina o al heredero al trono".
Cientos de personas, incluidos escritores, activistas, profesores de universidad, periodistas o extranjeros, han sido acusadas de este delito en los últimos años, cuando en la década de 1990 sólo se denunciaban una decena de casos.
En Tailandia rigen estrictas leyes contra los contenidos considerados ofensivos con la monarquía, así como para limitar la libertad de expresión en Internet, lo que ha acarreado penas de hasta 20 años de cárcel para los infractores.
McFiva, una agencia de medios contratada por Twitter en Tailandia, afirmó que el nuevo sistema permite filtrar de forma automática los mensajes que incumplen las leyes, cuando antes requería la solicitud previa de los Gobiernos.
En los últimos años, las autoridades tailandesas han utilizado la ley de medios electrónicos para bloquear decenas de miles de páginas web pornográficas y contrarias a la ley de lesa majestad, aunque activistas y ONG denuncian que también ha sido utilizada como excusa para acallar a opositores.
El foro de Presos Políticos en Tailandia estima que cerca de 300 personas están encarceladas tras haber sido declaradas por los tribunales culpables de "difamar, ofender o amenazar al rey, la reina o al heredero al trono".
Cientos de personas, incluidos escritores, activistas, profesores de universidad, periodistas o extranjeros, han sido acusadas de este delito en los últimos años, cuando en la década de 1990 sólo se denunciaban una decena de casos.
Anonymous ataca páginas web del Gobierno de México
Anonymous ha reivindicado el ataque del pasado viernes a una página web del Gobierno de México y dos del Congreso. Se trata de una protesta por el proyecto de ley que busca poner controles en la descarga o publicación de información en la red.
Fueron inhabilitadas la página de la Secretaría de Gobernación y del Senado. Más tarde el grupo aseguró que bloqueó también el sitio de la Cámara de Diputados.
La iniciativa de reforma, presentada en diciembre por el senador Federico Doring, del gobernante Partido Acción Nacional, plantea que sea un delito poner a disposición en la red copias de obras, música, vídeos o libros protegidos por los derechos de autor, sin la autorización de los titulares.
Bajo la etiqueta #OpDoring, el colectivo coordinó vía Twitter el ataque con mensajes como: "senado TANGO DOWN !! FIREEE no dejen de dispararle a los 2", o "Cambio de Target diputados FIRE".
En septiembre, Anonymous se adjudicó la inhabilitación de la página de la Secretaría de la Defensa Nacional y la manipulación del sitio del Congreso del estado de Nayarit.
Ese ataque se realizó para protestar por la inseguridad en México, en medio de una ola de violencia ligada al narcotráfico que ha dejado más de 47.500 muertos desde que asumió el presidente Felipe Calderón en diciembre del 2006.
Este lunes, las webs del Senado y la Cámara de Diputados sí ofrecen su servicio con normalidad. Sin embargo, no es posible acceder a la página web de la Secretaría de Gobernación.
Fueron inhabilitadas la página de la Secretaría de Gobernación y del Senado. Más tarde el grupo aseguró que bloqueó también el sitio de la Cámara de Diputados.
La iniciativa de reforma, presentada en diciembre por el senador Federico Doring, del gobernante Partido Acción Nacional, plantea que sea un delito poner a disposición en la red copias de obras, música, vídeos o libros protegidos por los derechos de autor, sin la autorización de los titulares.
Bajo la etiqueta #OpDoring, el colectivo coordinó vía Twitter el ataque con mensajes como: "senado TANGO DOWN !! FIREEE no dejen de dispararle a los 2", o "Cambio de Target diputados FIRE".
En septiembre, Anonymous se adjudicó la inhabilitación de la página de la Secretaría de la Defensa Nacional y la manipulación del sitio del Congreso del estado de Nayarit.
Ese ataque se realizó para protestar por la inseguridad en México, en medio de una ola de violencia ligada al narcotráfico que ha dejado más de 47.500 muertos desde que asumió el presidente Felipe Calderón en diciembre del 2006.
Este lunes, las webs del Senado y la Cámara de Diputados sí ofrecen su servicio con normalidad. Sin embargo, no es posible acceder a la página web de la Secretaría de Gobernación.
EEUU cuestiona a Google por los cambios en la privacidad
Google ha anunciado esta semana que unificará las condiciones de uso de más de 60 de sus servicios. Ocho miembros de la Cámara de representantes de EEUU ha enviado una carta al presidente de Google, Larry Page, en la que expresan su preocupación por si esta unión tiene consecuencias sobre la privacidad de los usuarios. Los ocho legisladores de la Cámara, tres demócratas y cinco republicanos, creen que esta medida plantea cuestiones que deben ser resueltas. El cambio en las condiciones se traduce en un mensaje que les aparece a los usuarios y que les anima a leer la nueva redacción. A partir del 1 de marzo, si el inter-nauta no la acepta, no podrá seguir utilizando los productos de Google.
Los legisladores están inte-resados en conocer cómo la compañía está notificando exactamente los cambios y cómo decide la forma en la que se harán las transferencias de datos entre servicios. Y es que la nueva redacción incluye que la información que los usuarios facilitan para un servicio será utilizada en otros del mismo titular. Según la empresa, estos cambios servirán para mostrar anuncios más relevantes o mejorar las búsquedas. Google, con cerca de 350 millones de usuarios de Gmail en todo el mundo y millones más del resto de sus servicios, "afecta a la vida de casi todas las personas" que disponen de una conexión a internet, expone la carta. Los legisladores también se plantean si Google permite a los usuarios borrar permanentemente su información personal o si la compañía se reserva algunos datos de las cuentas eliminadas. Los miembros de la Cámara piden a la compañía una respuesta antes del 16 de febrero.
Los legisladores están inte-resados en conocer cómo la compañía está notificando exactamente los cambios y cómo decide la forma en la que se harán las transferencias de datos entre servicios. Y es que la nueva redacción incluye que la información que los usuarios facilitan para un servicio será utilizada en otros del mismo titular. Según la empresa, estos cambios servirán para mostrar anuncios más relevantes o mejorar las búsquedas. Google, con cerca de 350 millones de usuarios de Gmail en todo el mundo y millones más del resto de sus servicios, "afecta a la vida de casi todas las personas" que disponen de una conexión a internet, expone la carta. Los legisladores también se plantean si Google permite a los usuarios borrar permanentemente su información personal o si la compañía se reserva algunos datos de las cuentas eliminadas. Los miembros de la Cámara piden a la compañía una respuesta antes del 16 de febrero.
La Tierra aguarda la gran erupción solar
En la madrugada del pasado lunes se producía una erupción solar que, poco tiempo después, provocaba preciosas auroras en los extremos de la Tierra. Fue la más intensa de los últimos siete años pero apenas una suave brisa si se compara con la tormenta solar de agosto y septiembre de 1859, que provocó que en latitudes tan bajas como Cuba o España la aurora iluminara la noche, las brújulas de los barcos se volvieran locas y hasta las estaciones de telégrafo ardieran. Sólo el escaso desarrollo tecnológico de entonces evitó el desastre. Hoy, la civilización humana es mucho más dependiente de los caprichos del Sol.
La erupción solar de esta semana fue catalogada de clase M8,7 en una escala que incluye los grados A, B, C, M y X, como fue la de 1859. Al igual que en el caso de los terremotos, se trata de un gradiente logarítmico; aquí cada letra refleja una liberación de energía diez veces superior a la anterior. La explosión de radiación proviene de la liberación de la energía magnética asociada a las manchas solares y son el evento más explosivo del sistema solar.
"Las llamaradas y erupciones solares son algo así como un, dos, tres, boom", cuenta el científico experto en tormentas solares de la NASA Antti Pulkkinen. "El primer golpe tiene que ver con la radiación electromagnética proveniente de la erupción, y puede durar algunos minutos u horas. El segundo golpe es la generación de partículas que se mueven muy rápido, y esto puede durar varios días. Y después viene lo serio, el tercer golpe, que se produce cuando una nube masiva golpea el área del espacio cercana a la Tierra, y este impacto puede durar varios días", explica.
El Sol no sólo es luz; también es un gigantesco campo magnético, con líneas magnéticas recorriendo de polo a polo. Su fuerza rotatoria va torciendo estas líneas imaginarias en un ciclo que dura unos 11 años. En el clímax de su torcimiento se crean las manchas solares en la zona ecuatorial de la estrella. En ocasiones, como esta semana, enormes burbujas de gas y magnetismo se liberan y consiguen superar la barrera magnética (corona) que rodea el Sol, provocando una eyección de masa coronal que sale disparada hacia el espacio. Si la Tierra se encuentra en su trayectoria puede pasar lo peor.
Como explica Pulkkinen, la triple oleada tiene diferentes consecuencias en la Tierra. Lo primero en llegar es la luz, que incluye rayos X y ultravioleta. Esto provoca la ionización de la atmósfera superior de la Tierra, interfiriendo en las comunicaciones de radio. Detrás llega la tormenta de radiaciones. Los astronautas están obligados a protegerse tras un aviso de su llegada. La tercera en venir es la nube de partículas de alta energía. Sus partículas cargadas eléctricamente interactúan con la magnetosfera terrestre provocando fluctuaciones hasta desencadenar una tormenta magnética.
"Esperamos que este evento tenga un impacto moderado. No creemos que haya ningún gran problema con el funcionamiento de los sistemas tecnológicos ni en el espacio ni en tierra", explicaba Pulkkinen antes de que la nube de protones llegara. En efecto, aparte de la multiplicación de las auroras boreales, que se pudieron ver en latitudes algo más bajas, no hubo mayores problemas. Algunas compañías aéreas desviaron los aviones que aprovechan las rutas polares para hacer su trayecto más corto, y poco más.
Pero el ciclo solar está alcanzando su máximo y los científicos esperan que hasta 2013 se produzcan más llamaradas, algunas de gran intensidad. Toda la que alcance la categoría X podría dejar fuera de combate las comunicaciones por radio, alteraría la fiabilidad del GPS, provocaría apagones eléctricos generalizados y hasta radiación en los pasajeros de los vuelos de gran altitud.
"La actividad solar seguirá creciendo en los próximos años. Durante este tiempo esperamos que el número de eventos aumente, así como el tamaño de algunos de los acontecimientos. Los más grandes son raros (como los grandes terremotos o las mayores inundaciones) pero suceden", sostiene el científico de la misión solar SOHO/EIT de la NASA, Alex Young. Para él, la de 1859 fue "la tormenta perfecta" porque se dieron circunstancias para que su impacto fuera grande. Por un lado, la erupción se produjo de frente a la Tierra. Además hay evidencias de que no hubo una sino dos tormentas que se solaparon. La probabilidad de que se repita es baja pero "es posible que nosotros asistamos a un evento tan grande como el de 1859", añade.
Según un estudio de la National Academies de EEUU de 2008, una erupción solar como la de 1859 desencadenaría hoy una tormenta geomagnética que afectaría críticamente a las infraestructuras modernas. Entonces, la llamarada provocó tal nube de partículas que aplastó la magnetosfera. Este círculo invisible de magnetismo protege a la Tierra de los vientos solares y la mayor parte de la radiación cósmica. Su alcance es de unos 60.000 kilómetros pero en 1859 se contrajo hasta los 7.000 kilómetros por la presión invisible que procedía del Sol.
Lo primero que sucedería con una erupción solar de clase X sería que la ionosfera terrestre se calentaría, cambiando su densidad y composición, lo que afectaría a las comunicaciones por radio y a la señal del GPS. Peor aún, puede crear intensas corrientes eléctricas en la ionosfera llamadas electrojets. Estas corrientes provocan un fenómeno eléctrico denominado "centelleo" que cambia la amplitud, fase, polarización y el ángulo de llegada de las señales. Según un informe del Departamento de Seguridad Interior de EEUU, la señal del GPS no sólo llegaría degradada sino que la tormenta geomagnética podría impedir que la Tierra recibiera la señal emitida por los 30 satélites de la constelación GPS.
En tierra, las cosas no serían mejores. La troposfera se cargaría de electricidad de tal manera que hasta el agua de los océanos echaría chispas. Tal cantidad de energía buscaría un camino por donde moverse: de los cables eléctricos a los transformadores, recalentándolos hasta quemarlos. Durante la tormenta de marzo de 1989, la zona occidental de Canadá se quedó a oscuras.
El gran problema es que no se sabe cuando será la siguiente tormenta ni su intensidad. Se conoce bien el ciclo solar, se sabe que está a punto de alcanzar su clímax, pero nada más. La NASA y la agencia espacial europea han sembrado los alrededores del Sol de una red de sensores. La mayoría están diseñados para labores de investigación, pero los más recientes, como el Solar Dynamics Observatory, tienen entre sus misiones vigilar la aparición de nuevas erupciones. Son ellos los que pueden avisar con entre 15 o 30 minutos de antelación. Con la información recibida, el Centro de Predicción del Tiempo Espacial de la NOAA (agencia de EEUU) elabora partes diarios para un millar de empresas e instituciones de todo el mundo.
Aunque se está trabajando en modelos informáticos para anticiparse al Sol, lo más realista hoy es prepararse para minimizar su impacto. A finales de 2010, EEUU puso en marcha el programa Escudo Solar. Su primer objetivo es modelar en tres dimensiones la eyección de masa coronal camino de la Tierra. Esta tercera oleada tarda varias horas y hasta un día en llegar. Con el modelo se puede anticipar dónde y con qué intensidad golpeará. En ese tiempo, los responsables de las infraestructuras deberán suspender los elementos clave para evitar que, como en 1859, los telégrafos ardan.
La erupción solar de esta semana fue catalogada de clase M8,7 en una escala que incluye los grados A, B, C, M y X, como fue la de 1859. Al igual que en el caso de los terremotos, se trata de un gradiente logarítmico; aquí cada letra refleja una liberación de energía diez veces superior a la anterior. La explosión de radiación proviene de la liberación de la energía magnética asociada a las manchas solares y son el evento más explosivo del sistema solar.
"Las llamaradas y erupciones solares son algo así como un, dos, tres, boom", cuenta el científico experto en tormentas solares de la NASA Antti Pulkkinen. "El primer golpe tiene que ver con la radiación electromagnética proveniente de la erupción, y puede durar algunos minutos u horas. El segundo golpe es la generación de partículas que se mueven muy rápido, y esto puede durar varios días. Y después viene lo serio, el tercer golpe, que se produce cuando una nube masiva golpea el área del espacio cercana a la Tierra, y este impacto puede durar varios días", explica.
El Sol no sólo es luz; también es un gigantesco campo magnético, con líneas magnéticas recorriendo de polo a polo. Su fuerza rotatoria va torciendo estas líneas imaginarias en un ciclo que dura unos 11 años. En el clímax de su torcimiento se crean las manchas solares en la zona ecuatorial de la estrella. En ocasiones, como esta semana, enormes burbujas de gas y magnetismo se liberan y consiguen superar la barrera magnética (corona) que rodea el Sol, provocando una eyección de masa coronal que sale disparada hacia el espacio. Si la Tierra se encuentra en su trayectoria puede pasar lo peor.
Como explica Pulkkinen, la triple oleada tiene diferentes consecuencias en la Tierra. Lo primero en llegar es la luz, que incluye rayos X y ultravioleta. Esto provoca la ionización de la atmósfera superior de la Tierra, interfiriendo en las comunicaciones de radio. Detrás llega la tormenta de radiaciones. Los astronautas están obligados a protegerse tras un aviso de su llegada. La tercera en venir es la nube de partículas de alta energía. Sus partículas cargadas eléctricamente interactúan con la magnetosfera terrestre provocando fluctuaciones hasta desencadenar una tormenta magnética.
"Esperamos que este evento tenga un impacto moderado. No creemos que haya ningún gran problema con el funcionamiento de los sistemas tecnológicos ni en el espacio ni en tierra", explicaba Pulkkinen antes de que la nube de protones llegara. En efecto, aparte de la multiplicación de las auroras boreales, que se pudieron ver en latitudes algo más bajas, no hubo mayores problemas. Algunas compañías aéreas desviaron los aviones que aprovechan las rutas polares para hacer su trayecto más corto, y poco más.
Pero el ciclo solar está alcanzando su máximo y los científicos esperan que hasta 2013 se produzcan más llamaradas, algunas de gran intensidad. Toda la que alcance la categoría X podría dejar fuera de combate las comunicaciones por radio, alteraría la fiabilidad del GPS, provocaría apagones eléctricos generalizados y hasta radiación en los pasajeros de los vuelos de gran altitud.
"La actividad solar seguirá creciendo en los próximos años. Durante este tiempo esperamos que el número de eventos aumente, así como el tamaño de algunos de los acontecimientos. Los más grandes son raros (como los grandes terremotos o las mayores inundaciones) pero suceden", sostiene el científico de la misión solar SOHO/EIT de la NASA, Alex Young. Para él, la de 1859 fue "la tormenta perfecta" porque se dieron circunstancias para que su impacto fuera grande. Por un lado, la erupción se produjo de frente a la Tierra. Además hay evidencias de que no hubo una sino dos tormentas que se solaparon. La probabilidad de que se repita es baja pero "es posible que nosotros asistamos a un evento tan grande como el de 1859", añade.
Según un estudio de la National Academies de EEUU de 2008, una erupción solar como la de 1859 desencadenaría hoy una tormenta geomagnética que afectaría críticamente a las infraestructuras modernas. Entonces, la llamarada provocó tal nube de partículas que aplastó la magnetosfera. Este círculo invisible de magnetismo protege a la Tierra de los vientos solares y la mayor parte de la radiación cósmica. Su alcance es de unos 60.000 kilómetros pero en 1859 se contrajo hasta los 7.000 kilómetros por la presión invisible que procedía del Sol.
Lo primero que sucedería con una erupción solar de clase X sería que la ionosfera terrestre se calentaría, cambiando su densidad y composición, lo que afectaría a las comunicaciones por radio y a la señal del GPS. Peor aún, puede crear intensas corrientes eléctricas en la ionosfera llamadas electrojets. Estas corrientes provocan un fenómeno eléctrico denominado "centelleo" que cambia la amplitud, fase, polarización y el ángulo de llegada de las señales. Según un informe del Departamento de Seguridad Interior de EEUU, la señal del GPS no sólo llegaría degradada sino que la tormenta geomagnética podría impedir que la Tierra recibiera la señal emitida por los 30 satélites de la constelación GPS.
En tierra, las cosas no serían mejores. La troposfera se cargaría de electricidad de tal manera que hasta el agua de los océanos echaría chispas. Tal cantidad de energía buscaría un camino por donde moverse: de los cables eléctricos a los transformadores, recalentándolos hasta quemarlos. Durante la tormenta de marzo de 1989, la zona occidental de Canadá se quedó a oscuras.
Conferencia preparatoria
"Una tormenta similar en la actualidad nos podría dejar asombrados", explicaba el físico de la NASA Lika Guhathakurta, en una conferencia organizada el verano pasado. Decenas de expertos y responsables del Gobierno acudieron para responder a la pregunta de si estamos preparados para la próxima gran tormenta solar. "La sociedad moderna depende de sistemas de alta tecnología, y todas son vulnerables", añadió Guhathakurta.El gran problema es que no se sabe cuando será la siguiente tormenta ni su intensidad. Se conoce bien el ciclo solar, se sabe que está a punto de alcanzar su clímax, pero nada más. La NASA y la agencia espacial europea han sembrado los alrededores del Sol de una red de sensores. La mayoría están diseñados para labores de investigación, pero los más recientes, como el Solar Dynamics Observatory, tienen entre sus misiones vigilar la aparición de nuevas erupciones. Son ellos los que pueden avisar con entre 15 o 30 minutos de antelación. Con la información recibida, el Centro de Predicción del Tiempo Espacial de la NOAA (agencia de EEUU) elabora partes diarios para un millar de empresas e instituciones de todo el mundo.
Aunque se está trabajando en modelos informáticos para anticiparse al Sol, lo más realista hoy es prepararse para minimizar su impacto. A finales de 2010, EEUU puso en marcha el programa Escudo Solar. Su primer objetivo es modelar en tres dimensiones la eyección de masa coronal camino de la Tierra. Esta tercera oleada tarda varias horas y hasta un día en llegar. Con el modelo se puede anticipar dónde y con qué intensidad golpeará. En ese tiempo, los responsables de las infraestructuras deberán suspender los elementos clave para evitar que, como en 1859, los telégrafos ardan.
Internet también almacena en un disco duro
Los expertos han insistido durante años en la importancia de realizar de forma periódica una copia de seguridad de los archivos personales del ordenador. Los CD, a los que se auguraba una vida superior a cien años, se han revelado como un soporte perecedero que no funciona a largo plazo. La puntilla del soporte físico la ha dado el auge del almacenamiento online, que ha conseguido que millones de usuarios se lancen a utilizar internet para asegurar ese contenido. Pero el denominado cloud computing o informática en la nube (la información guardada en internet) también está asociada a un soporte físico. Se dice que el usuario guarda "en internet", pero en realidad almacena su información en unos macroservidores propiedad de la empresa que le facilita el servicio. Y ello también tiene sus riesgos.
La pérdida de los datos que los usuarios almacenaban en Megaupload ha reabierto el debate sobre si la informática en la nube es segura. El cierre de este servicio por parte del FBI está sujeto a connotaciones relacionadas con la infracción de derechos de autor, un tema ajeno, en principio, a buena parte de los servicios de almacenamiento online. La autoridad estadounidense acusa a Megaupload de ser "una enorme red de piratería informática mundial", pero los usuarios también utilizaban la plataforma como disco duro virtual o para compartir archivos propios a los que, desde el cierre de la web, no han podido acceder.
¿Qué pasaría si un día los internautas ya no pudiesen entrar en sus documentos almacenados en Google Docs, ver las fotografías de Flickr o los vídeos privados de YouTube? ¿Qué derechos les asisten? El almacenamiento de información en internet plantea dos cuestiones básicas: la seguridad que ofrecen las empresas que ponen sus servidores al servicio de usuarios y empresas, y la protección legal de los datos personales de los ciudadanos que hacen uso de estos servicios.
"No existe un mínimo de medidas de seguridad que una empresa que ofrece cloud computing esté obligada a cumplir, en parte porque resulta muy difícil regular en este sentido. La legislación avanza muy despacio y las medidas que se tendrían que exigir en este tipo de casos cambian muy rápido", explica el director técnico de la compañía de seguridad PandaLabs, Luis Corrons.
La nube plantea importantes ventajas tanto a usuarios como a empresas, que disponen de un espacio gratuito o con un coste mínimo en el que pueden, de forma sencilla, guardar y distribuir sus archivos. Herramientas de correo electrónico gratuito como Hotmail, de Microsoft, o Yahoo Mail se sirven del cloud computing hace años, mucho antes de que se empezara a hablar de la informática en la nube. Pero ahora ya es una tendencia global. Según el último informe de la Fundación Telefónica, La sociedad de la información en España 2011, este tipo de almacenamiento está redefiniendo la forma en la que los internautas acceden a los contenidos digitales en la red.
Corrons recuerda que hay muchos servicios que son muy seguros, "pero otros, como ha quedado demostrado, no lo son nada". El último escándalo en este sentido se produjo cuando un ataque a los servidores de Sony puso al descubierto información personal de más de cien millones de usuarios en todo el mundo.
"El almacenamiento de datos de los usuarios obliga a disponer de unas elevadas medidas de seguridad. En ocasiones, no obstante, hay algunos aspectos de sentido común que tampoco se cumplen. Sony ni siquiera tenía la información de sus usuarios cifrada. Y eso es un paso básico, porque el cifrado asegura que, aunque alguien robe los datos, no podrá acceder a ellos", aclara el experto de PandaLabs. Tras solucionar la brecha de seguridad, Sony regaló juegos a sus usuarios en concepto de indemnización.
Cuando el correo electrónico de Google dejó de funcionar durante tres horas privando del servicio a más de 110 millones de usuarios, la compañía pidió disculpas, pero sólo indemnizó a sus clientes empresariales, aquellos que pagan por utilizarlo. "El usuario debería exigir, aunque sean servicios gratuitos, que la empresa tenga las correspondientes medidas de seguridad", señala Corrons, que admite que no se trata siempre de una tarea sencilla.
La pérdida de los datos que los usuarios almacenaban en Megaupload ha reabierto el debate sobre si la informática en la nube es segura. El cierre de este servicio por parte del FBI está sujeto a connotaciones relacionadas con la infracción de derechos de autor, un tema ajeno, en principio, a buena parte de los servicios de almacenamiento online. La autoridad estadounidense acusa a Megaupload de ser "una enorme red de piratería informática mundial", pero los usuarios también utilizaban la plataforma como disco duro virtual o para compartir archivos propios a los que, desde el cierre de la web, no han podido acceder.
¿Qué pasaría si un día los internautas ya no pudiesen entrar en sus documentos almacenados en Google Docs, ver las fotografías de Flickr o los vídeos privados de YouTube? ¿Qué derechos les asisten? El almacenamiento de información en internet plantea dos cuestiones básicas: la seguridad que ofrecen las empresas que ponen sus servidores al servicio de usuarios y empresas, y la protección legal de los datos personales de los ciudadanos que hacen uso de estos servicios.
"No existe un mínimo de medidas de seguridad que una empresa que ofrece cloud computing esté obligada a cumplir, en parte porque resulta muy difícil regular en este sentido. La legislación avanza muy despacio y las medidas que se tendrían que exigir en este tipo de casos cambian muy rápido", explica el director técnico de la compañía de seguridad PandaLabs, Luis Corrons.
La nube plantea importantes ventajas tanto a usuarios como a empresas, que disponen de un espacio gratuito o con un coste mínimo en el que pueden, de forma sencilla, guardar y distribuir sus archivos. Herramientas de correo electrónico gratuito como Hotmail, de Microsoft, o Yahoo Mail se sirven del cloud computing hace años, mucho antes de que se empezara a hablar de la informática en la nube. Pero ahora ya es una tendencia global. Según el último informe de la Fundación Telefónica, La sociedad de la información en España 2011, este tipo de almacenamiento está redefiniendo la forma en la que los internautas acceden a los contenidos digitales en la red.
Brechas de seguridad
"Existen riesgos", reconoce el director de tecnología y seguridad de la consultora Grupo CMC Daevid Lane, que añade que "correctamente controlados y gestionados no deben ser causa de freno para conseguir los beneficios asociados a esta nueva tecnología". Según la empresa de servicios en la nube Acens, este año el mercado del almacenamiento online en España crecerá un 40%.Corrons recuerda que hay muchos servicios que son muy seguros, "pero otros, como ha quedado demostrado, no lo son nada". El último escándalo en este sentido se produjo cuando un ataque a los servidores de Sony puso al descubierto información personal de más de cien millones de usuarios en todo el mundo.
"El almacenamiento de datos de los usuarios obliga a disponer de unas elevadas medidas de seguridad. En ocasiones, no obstante, hay algunos aspectos de sentido común que tampoco se cumplen. Sony ni siquiera tenía la información de sus usuarios cifrada. Y eso es un paso básico, porque el cifrado asegura que, aunque alguien robe los datos, no podrá acceder a ellos", aclara el experto de PandaLabs. Tras solucionar la brecha de seguridad, Sony regaló juegos a sus usuarios en concepto de indemnización.
Cuando el correo electrónico de Google dejó de funcionar durante tres horas privando del servicio a más de 110 millones de usuarios, la compañía pidió disculpas, pero sólo indemnizó a sus clientes empresariales, aquellos que pagan por utilizarlo. "El usuario debería exigir, aunque sean servicios gratuitos, que la empresa tenga las correspondientes medidas de seguridad", señala Corrons, que admite que no se trata siempre de una tarea sencilla.
Protección de datos
Desde Grupo CMC indican que la disponibilidad de la infor-mación, junto a la confidencialidad e integridad de los datos, son aspectos críticos. "Hay dos factores clave: la posible pérdida de la información y el poder disponer de ella en el momento que se necesita". Y en este caso la redundancia, que la empresa o el usuario almacene los datos en varias ubicaciones, es fundamental. "Lo más seguro es implantar sistemas de backup en local o, si esto va en contra de los objetivos de usar la nube, utilizar más de un proveedor", apunta Lane.
Las dificultades y los retos que plantea la informática en la nube con respecto a la privacidad los conoce bien la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD), que dedicó su 4ª sesión anual, celebrada el pasado viernes, al cloud computing y a sus aspectos legales. "Se trata de la innovación tecnológica que más interrogantes suscita actualmente desde el punto de vista de la protección de datos personales", explicó el director de la AEPD, José Luis Rodríguez.
Las dudas surgen sobre cuál es la legislación aplicable, cómo se plasma la relación entre el proveedor y los usuarios, qué garantías son exigibles y si hay diferencia entre que los datos de los internautas se almacenen en España, en un país de la Unión Europea o fuera de ella. Las empresas argumentan que, en caso de problemas, la legislación que se aplica es la relativa a donde están almacenados esos datos, y no a la de los ciudadanos que contratan el servicio.
En la AEPD indican que un usuario o empresa que va a hacer uso de los servicios en la nube debe asegurarse de que su proveedor cumple la normativa europea a través de una lectura detallada de las cláusulas contractuales. No obstante, el almacenamiento online suscita aún muchos inte-rrogantes legales que, por el momento, no tienen una respuesta todo lo definida que sería deseable.
Las ventajas de este sistema han animado a entidades públicas y privadas a ofrecer este servicio a sus usuarios, ya sea en sus propios servidores o alquilándolos a un tercero. "Contratar servicios con una empresa extranjera tiene el problema de demostrar y exigir a la empresa que cumpla la normativa establecida en materia de tratamiento de los datos", comentó el abogado del bufete Cuatrecasas Javier Aparicio Salom en un evento organizado hace unos días por Acens.
La pérdida de archivos, las filtraciones o el robo de datos son los principales hechos que originan los conflictos. La consulta pública sobre cloud computing que la Agencia inició en diciembre y que acaba de cerrarse ha recibido 437 respuestas completas y más de 1.100 parciales. Mientras, las autoridades europeas de protección de datos englobadas en el denominado Grupo de trabajo del artículo 29 están trabajando en un dictamen sobre la adecuación a las normas europeas de protección de datos de los servicios de cloud computing. La resolución podría estar lista en unos tres meses.
Las dificultades y los retos que plantea la informática en la nube con respecto a la privacidad los conoce bien la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD), que dedicó su 4ª sesión anual, celebrada el pasado viernes, al cloud computing y a sus aspectos legales. "Se trata de la innovación tecnológica que más interrogantes suscita actualmente desde el punto de vista de la protección de datos personales", explicó el director de la AEPD, José Luis Rodríguez.
Las dudas surgen sobre cuál es la legislación aplicable, cómo se plasma la relación entre el proveedor y los usuarios, qué garantías son exigibles y si hay diferencia entre que los datos de los internautas se almacenen en España, en un país de la Unión Europea o fuera de ella. Las empresas argumentan que, en caso de problemas, la legislación que se aplica es la relativa a donde están almacenados esos datos, y no a la de los ciudadanos que contratan el servicio.
En la AEPD indican que un usuario o empresa que va a hacer uso de los servicios en la nube debe asegurarse de que su proveedor cumple la normativa europea a través de una lectura detallada de las cláusulas contractuales. No obstante, el almacenamiento online suscita aún muchos inte-rrogantes legales que, por el momento, no tienen una respuesta todo lo definida que sería deseable.
Las ventajas de este sistema han animado a entidades públicas y privadas a ofrecer este servicio a sus usuarios, ya sea en sus propios servidores o alquilándolos a un tercero. "Contratar servicios con una empresa extranjera tiene el problema de demostrar y exigir a la empresa que cumpla la normativa establecida en materia de tratamiento de los datos", comentó el abogado del bufete Cuatrecasas Javier Aparicio Salom en un evento organizado hace unos días por Acens.
La pérdida de archivos, las filtraciones o el robo de datos son los principales hechos que originan los conflictos. La consulta pública sobre cloud computing que la Agencia inició en diciembre y que acaba de cerrarse ha recibido 437 respuestas completas y más de 1.100 parciales. Mientras, las autoridades europeas de protección de datos englobadas en el denominado Grupo de trabajo del artículo 29 están trabajando en un dictamen sobre la adecuación a las normas europeas de protección de datos de los servicios de cloud computing. La resolución podría estar lista en unos tres meses.
Pekín empieza a revelar el nivel real de polución
Las redes sociales están obligando al Gobierno chino a adoptar medidas incómodas, algo impensable sólo dos años atrás y poco habitual en el marco de una dictadura. Los mayores logros, de momento, se centran en cuestiones medioambientales. La última hazaña es obligar al Gobierno de Pekín a instalar medidores de partículas PM2.5 para conocer los verdaderos niveles de polución que sufre la ciudad. Desde hace una semana ya hay un aparato en funcionamiento y el Gobierno ha prometido muchos más.
El gigante asiático es el lugar del mundo con una mayor concentración en aire de estas partículas microscópicas (con un tamaño igual o menor a 2.5 micrómetros), cuyo minúsculo tamaño les permite pasar al torrente sanguíneo, además de istalarse en los pulmones. Pueden provocar cáncer y graves problemas respiratorios, pero China no publicaba los niveles de partículas PM2.5 hasta ahora.
Fue el medidor de la Embajada de EEUU, que publica en Twitter los niveles de polución cada hora, el que alertó a los pekineses de los riesgos a los que se someten cada día al salir a la calle. Además, les hizo ver que los niveles oficiales, publicados por el Observatorio Medioambiental de Pekín (OMP), no reflejan la realidad al medir únicamente las partículas PM10 (polvo, hollín, metales), más grandes y menos potencialmente dañinas que las PM2.5. A finales del año pasado, una racha de varios días en los que se superó el tope de 500 microgramos por metro cúbico de partículas 2.5 (cifra límite en el Índice de Calidad del Aire elaborado por Air Now) provocó una intensa oleada de protestas en el Twitter chino y la reclamación de aparatos de medición.
Dos meses después, el Gobierno ha sucumbido a las peticiones y ha instalado una estación de control de partículas PM2.5 en el centro de la ciudad. Los niveles son publicados con un retraso de tres horas en la página web de la OMP. Internautas y activistas medioambientales han aplaudido el gesto de su Gobierno. "Las lecturas de una sola estación no pueden representar a toda la ciudad, pero aún así son una importante referencia para el público", indicó Ma Jun, director del Instituto de Asuntos Públicos y Medioambientales y reconocido ecologista. Otros no se han contentado con la nueva estación: "No tengo nada que agradecer a las autoridades. Pago suficientes impuestos como para que hagan su trabajo. ¿Por qué debería agradecerles que hayan tardado tanto en publicar los niveles?", clamaba Xiele Tongxue en un tuit.
China ha anunciado un calendario dividido en cuatro fases para que todos los grandes centros urbanos del país dispongan de aparatos de medición de partículas PM2.5 en 2016. De momento, para este año se espera la instalación de 27 estaciones sólo en Pekín. Pero el problema vendrá luego, cuando haya que instalar aparatos en un país de 1.300 millones de personas. "Un estudio preliminar indica que 338 grandes ciudades tendrán que invertir 2.000 millones de yuanes [239 millones de euros]", indicó Zhu Jianping, subdirector del OMP. "Los equipos de medición de PM2.5 cuestan entre 80.000 yuanes [9.500 euros] y 380.000 yuanes [45.400 euros]", prosiguió.
Aunque el Gobierno chino parece dispuesto a cumplir la voluntad de su pueblo, lo hará aferrándose a los estándares más laxos. La Organización Mundial de la Salud establece una horquilla que va de 10 a 35 microgramos por metro cúbico de partículas PM2.5 como promedio para medir la polución. China adoptará el máximo de 35µg/m³, empleado habitualmente por los países en desarrollo, según confirmó en su microblog Pan Xiaochuan, profesor de la Universidad de Pekín.
Todavía es pronto para saber qué efecto tendrán los nuevos medidores sobre la población. Sobre todo sabiendo que, según estudios del propio Gobierno, el aire no cumpliría los requisitos de salubridad en el 80% de la capital china si se contabilizara el nivel de PM2.5. La primera racha de cielo encapotado será un buen baremo.
Lo que sí es seguro es el nacimiento de una nueva conciencia social sobre la contaminación atmosférica. Incluso el Ayuntamiento de Pekín y algunos diarios han cuestionado estos días la arraigada tradición de lanzar millones de petardos y fuegos artificiales durante una semana para celebrar el año nuevo lunar. Estos descargan ingentes cantidades de partículas PM2.5 a la atmósfera. "No queremos apartar una tradición tan importante, pero el folclore necesita avanzar con los nuevos tiempo", llegó a admitir Zhao Shu, director de la Asociación de Cultura Tradicional de Pekín.
El gigante asiático es el lugar del mundo con una mayor concentración en aire de estas partículas microscópicas (con un tamaño igual o menor a 2.5 micrómetros), cuyo minúsculo tamaño les permite pasar al torrente sanguíneo, además de istalarse en los pulmones. Pueden provocar cáncer y graves problemas respiratorios, pero China no publicaba los niveles de partículas PM2.5 hasta ahora.
Fue el medidor de la Embajada de EEUU, que publica en Twitter los niveles de polución cada hora, el que alertó a los pekineses de los riesgos a los que se someten cada día al salir a la calle. Además, les hizo ver que los niveles oficiales, publicados por el Observatorio Medioambiental de Pekín (OMP), no reflejan la realidad al medir únicamente las partículas PM10 (polvo, hollín, metales), más grandes y menos potencialmente dañinas que las PM2.5. A finales del año pasado, una racha de varios días en los que se superó el tope de 500 microgramos por metro cúbico de partículas 2.5 (cifra límite en el Índice de Calidad del Aire elaborado por Air Now) provocó una intensa oleada de protestas en el Twitter chino y la reclamación de aparatos de medición.
Dos meses después, el Gobierno ha sucumbido a las peticiones y ha instalado una estación de control de partículas PM2.5 en el centro de la ciudad. Los niveles son publicados con un retraso de tres horas en la página web de la OMP. Internautas y activistas medioambientales han aplaudido el gesto de su Gobierno. "Las lecturas de una sola estación no pueden representar a toda la ciudad, pero aún así son una importante referencia para el público", indicó Ma Jun, director del Instituto de Asuntos Públicos y Medioambientales y reconocido ecologista. Otros no se han contentado con la nueva estación: "No tengo nada que agradecer a las autoridades. Pago suficientes impuestos como para que hagan su trabajo. ¿Por qué debería agradecerles que hayan tardado tanto en publicar los niveles?", clamaba Xiele Tongxue en un tuit.
China ha anunciado un calendario dividido en cuatro fases para que todos los grandes centros urbanos del país dispongan de aparatos de medición de partículas PM2.5 en 2016. De momento, para este año se espera la instalación de 27 estaciones sólo en Pekín. Pero el problema vendrá luego, cuando haya que instalar aparatos en un país de 1.300 millones de personas. "Un estudio preliminar indica que 338 grandes ciudades tendrán que invertir 2.000 millones de yuanes [239 millones de euros]", indicó Zhu Jianping, subdirector del OMP. "Los equipos de medición de PM2.5 cuestan entre 80.000 yuanes [9.500 euros] y 380.000 yuanes [45.400 euros]", prosiguió.
Aunque el Gobierno chino parece dispuesto a cumplir la voluntad de su pueblo, lo hará aferrándose a los estándares más laxos. La Organización Mundial de la Salud establece una horquilla que va de 10 a 35 microgramos por metro cúbico de partículas PM2.5 como promedio para medir la polución. China adoptará el máximo de 35µg/m³, empleado habitualmente por los países en desarrollo, según confirmó en su microblog Pan Xiaochuan, profesor de la Universidad de Pekín.
Todavía es pronto para saber qué efecto tendrán los nuevos medidores sobre la población. Sobre todo sabiendo que, según estudios del propio Gobierno, el aire no cumpliría los requisitos de salubridad en el 80% de la capital china si se contabilizara el nivel de PM2.5. La primera racha de cielo encapotado será un buen baremo.
Lo que sí es seguro es el nacimiento de una nueva conciencia social sobre la contaminación atmosférica. Incluso el Ayuntamiento de Pekín y algunos diarios han cuestionado estos días la arraigada tradición de lanzar millones de petardos y fuegos artificiales durante una semana para celebrar el año nuevo lunar. Estos descargan ingentes cantidades de partículas PM2.5 a la atmósfera. "No queremos apartar una tradición tan importante, pero el folclore necesita avanzar con los nuevos tiempo", llegó a admitir Zhao Shu, director de la Asociación de Cultura Tradicional de Pekín.
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