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2010/10/11

Una decena de fuentes tóxicas acecha al Danubio

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La balsa de residuos tóxicos que ha acabado con la vida en varios afluentes del Danubio, y que ha arrasado poblados como Kolontar, Devecser y Somlovasarhely no es única. En Hungría hay otras instalaciones que acumulan unos 50 millones de metros cúbicos de residuos de similares características, cerca de ríos y de zonas de acuífero kárstico. En las cercanías del Danubio se encuentran las balsas de Almásfüzito, a unos 80 kilómetros de Budapest. Según explica la organización WWF, siete estanques de un tamaño de 40 hectáreas albergan 12 millones de toneladas de fango rojo producidas entre 1945 y 1995.
Una organización local ha denunciado en varias ocasiones las condiciones de almacenamiento de los productos tóxicos. Entre ellas, destaca que no se ha impedido que se produzcan fugas en las balsas y que el líquido está prácticamente en contacto con las aguas subterráneas, e indirectamente con el Danubio. "Es responsabilidad de Europa prestar atención a los residuos que se generan allí, pero cada país debe aplicar la directiva europea y en algunos casos no se está haciendo correctamente", explica la responsable del área de aguas de WWF España, Eva Hernández.
En Serbia, las autoridades ya han preparado medidas ante la llegada del vertido tóxico de Ajka al caudal del Danubio. Pero este país, según WWF, también debería prestar atención a las dos refinerías de petróleo que se encuentran cerca del Danubio. Una de ellas está ubicada a dos kilómetros del río, en la ciudad de Pancevo. Su capacidad está en torno a los 4,8 millones de toneladas anuales. En 1999 fue bombardeada por la OTAN y un equipo de WWF ya alertó entonces de la contaminación. Muestras del agua y del suelo revelaron cantidades considerables de mercurio y otras sustancias tóxicas como dioxina. "Aunque está claro que una guerra agrava el problema en zonas productoras de residuos, esa contaminación ya estaba allí", añade WWF.
Aunque la organización reconoce que el Gobierno de Serbia ha realizado esfuerzos en los últimos años para mejorar estas instalaciones, otra seria amenaza es la refinería de Novi Sad, la segunda ciudad más grande del país, que tiene una capacidad de 2,6 millones de toneladas anuales y también fue bombardeada.

Balsas abandonadas

El Danubio transcurre por 450 kilómetros de Bulgaria. WWF recuerda que este país acoge casi 20 balsas y que, aunque algunas ya no están en funcionamiento, los metales siguen en contacto con el suelo y representan una seria amenaza. Una de esas balsas está situada cerca de la ciudad de Chiprovtsi, en el río Ogosta, uno de los principales afluentes del Danubio en Bulgaria. "Las balsas abandonadas son el mayor problema explica Hernández porque no hay nadie a quien exigir responsabilidades y se desconoce si están contaminando suelos y acuíferos".
En el inicio del delta, en Rumanía, se encuentra la planta productora de aluminio de Tulcea, que dejó de operar durante dos años, y que produce grandes cantidades de lodo rojo rico en metales pesados. Sus residuos cubren más de 20 hectáreas. A esta contaminación se suma la planta de acero de ArcelorMittal, en Galati, a las orillas del Danubio. La organización WWF denuncia que la planta no cumple con la normativa básica de medio ambiente. Produce mil toneladas de residuos al día, y estos cubren cien hectáreas.
La mina de oro Rosia Montana, en Rumanía, ha sido diseñada como la más grande de Europa. Ciudadanos y activistas se oponen al proyecto desde 2002. Aunque en un principio todo apuntaba a la paralización de las obras, finalmente la Comisión Europea no las prohibió. La construcción de esta mina implica el movimiento de todos los habitantes de esta ciudad. Además, el oro se separará usando cianuro de sodio, a lo que habría que sumar los metales pesados y el dióxido de azufre.
Mientras, la compañía propietaria alega que impulsará el empleo. "Siempre argumentan los empleos que se van a generar, pero después los ríos permanecen contaminados durante años, y los campos que quedan arrasados después de un desastre ya son estériles. Se ha avanzado en cuanto a regulación, pero se podría haber hecho mucho más. Lo que se necesita es que los políticos sean valientes", resume Hernández.

Precedentes que no evitan la catástrofe

En enero de 2000 el fallo de un muro de contención en la mina de oro de Baia Mare (Rumanía) arrojó un veneno de cianuro y metales pesados a afluentes del Danubio. La tragedia se extendió por la cuenca del río Tisza al Danubio, afectando a Hungría, Serbia y Bulgaria. Hubo más de mil toneladas de peces muertos y se contaminó la fuente de agua potable de 2,5 millones de personas. Tras el derrame de Baia Mare, Bruselas presentó una nueva directiva sobre gestión de residuos, donde se exige que la concentración de cianuro en las balsas “se reduzca al nivel más bajo posible”. Los opositores de la mina de oro de Rosia Montana se han apoyado en la experiencia sufrida en Baia Mare para negarse a su construcción. Antes del desastre, Baia Mare ya estaba catalogada por la OMS como punto conflictivo.

La empresa responsable del vertido en Hungría pide perdón

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La metalúrgica húngara MAL, dueña de la planta de aluminio en que se originó el vertido de lodo tóxico, ofreció hoy sus condolencias a las víctimas y prometió aliviar los daños. En un comunicado enviado a la agencia húngara MTI, la empresa se mostró de acuerdo con el gobierno en que todos los implicados en la tragedia deben pagar indemnizaciones por los daños causados en la medida de su responsabilidad.
El accidente causó la muerte de 7 personas y unos 150 heridos y ha sido calificado como el mayor desastre medioambiental sufrido en el país. En un primer momento, MAL aseguró que el lodo vertido no era dañino para la salud.
La dirección de la empresa, tanto como sus trabajadores, "expresan ahora sus penas" a todos los afectados y familiares de la catástrofe y harán "esfuerzos máximos para aliviar los daños", asegura el documento. Por otra parte, afirma que cooperará con las autoridades para normalizar la situación en la región.
El lunes pasado, una rotura de la represa de MAL vertió 1 millón de metros cúbicos de un alcalino "barro rojo", lleno de materiales tóxicos y metales pesados, que se desparramaron a lo largo de 40 kilómetros devastando pueblos enteros. El jefe del Gobierno magiar, Viktor Orbán, informó el sábado de que se ha abierto una investigación y prometió que "las consecuencias (para los responsables serán muy graves".

Grietas de 25 metros en la balsa del 'lodo rojo'

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El muro de la presa que ocasionó el desastre ecológico de Hungría está a punto de venirse abajo y desatar una segunda oleada de barro tóxico. El Gobierno húngaro ha abandonado el discurso triunfalista de hace tres días ("la situación está bajo control", llegó a decir el primer ministro, Viktor Orban) para reconocer que el panorama es desolador.
El muro de la balsa es "insalvable", según confesó Zoltan Illes, secretario de Estado de Medio Ambiente del Gobierno magiar. Según la agencia estatal de noticias MTI, Illes explicó que, en dos o tres días, está previsto que llueva en la región. "Una vez llegue la lluvia, el agua empujará el lodo restante, y la pared norte de la balsa va a romperse. Esto es inminente. Y una vez que ceda el muro, el barro volverá a fluir", añadió.
La tozuda realidad ha obligado al Gobierno a retractarse. Si ayer las grietas en el muro tenían "siete centímetros", hoy se habían convertido en enormes brechas de 25 metros de largo y al menos medio metro de ancho. Los ingenieros del Gobierno han detectado tres grietas de esas dimensiones en el muro, según explicó a Público Gyorgyi Tottos, portavoz del cuerpo oficial que se encarga de gestionar la catástrofe. "No hay manera de arreglarlas", señaló.
Si el dique cede, dejará salir medio millón de metros cúbicos de lodo espeso, más tóxico, pero también más lento en su avance. Además, la caída del muro podría a su vez destrozar el de la piscina contigua, que también contiene sustancias tóxicas, según Efe.
Público comprobó que la situación del muro es muy precaria. El camino hasta una de las grietas es un barrizal que se va volviendo cada vez más rojo a medida que se avanza. La policía mantiene cortadas las carreteras, pero los habitantes de los suburbios de Ajka, la población que aloja la balsa, no tiene problema para explicar a cualquiera cómo llegar hasta ella por caminos que apenas están vigilados. 
En la base del boquete que se originó el lunes hay un gran pedazo de muro de unos 15 metros de largo que se ha separado de la pared principal. Más arriba puede observarse una brecha que sube hasta el final del muro, y en algunos puntos tiene más de un metro de ancho. Al otro lado del camino, cerrado por los escombros, los árboles aún conservan las marcas de la riada roja del lunes. Una de las grietas está cerca de la esquina que reventó el lunes. Aún pueden verse enormes rocas de hasta cuatro metros de alto que fueron arrastradas por la corriente hacia Kolontár.
Por la mañana, el río no paraba de arrastrar agua roja hacia esa localidad, y por todas partes podían verse huellas de zorros y ciervos que han intentado cruzar la corriente. Si se intenta atravesar la corriente, los pies se hunden en el lodo, hasta el tobillo, y en tan sólo unos segundos.

En pleno pueblo

La enorme balsa está dividida en varias piscinas. Algunas están llenas y cubiertas de tierra sobre las que crece la vegetación. Esta zona de la balsa está separada de las primeras casas de Ajka Tosokberénd, un suburbio de Ajka, por un canal de un metro. La distancia entre el muro y los primeros huertos es de unos 200 metros.
No hay ninguna valla que prohíba el paso, ni una señal que avise de que esta especie de montaña falsa está llena de residuos capaces de acabar con toda la vida de un río en cuestión de horas. Hoy, justo enfrente del muro, un grupo de hombres jugaba un partido de fútbol a pleno sol. Desde el campo se oye el ruido de los volquetes vaciando toneladas de barro y escombros que han traído desde Kolontár y Devecser.
Un habitante del pueblo, que no quiere dar su nombre por miedo a represalias, explica que la compañía propietaria de la balsa, Magyar Aluminium, ha construido alguno de sus vertederos sin pedir ningún permiso a la población local. "Está totalmente conchabada con el alcalde y los políticos locales", explica. Dice que la compañía también usa las aguas residuales de los pueblos de la zona para reconvertirlos en abono. "El olor es a veces insoportable", lamenta.
En Kolontár, el pueblo más cercano a la presa, los operarios se apresuraban a construir un muro de protección que partirá en dos la población. A un lado, justo en la ribera del río Torna, quedará la parte que resultó menos afectada por la riada. Al otro quedará el barrio que fue arrasado el lunes poco después de las 12 del mediodía, cuando un millón de metros cúbicos de lodo con sosa cáustica y metales pesados arrasaron todo a su paso, con olas de hasta dos metros y medio. "No creo que nadie pueda vivir allí nunca más", señaló Tottos. El muro estará listo en unos tres días. Tendrá 600 metros de largo y cinco metros de alto, según el experto.
Devecser, con unos 5.400 habitantes, contenía la respiración ante la posibilidad de que el ejército tenga que evacuar el lugar. Unos 500 han dejado ya el pueblo y el Gobierno dispone de 319 soldados, 127 vehículos y cinco trenes preparados en caso de que se dé la voz de alarma, según explicó a Reuters Tibor Dobson, portavoz del cuerpo de intervención ante la catástrofe.

Huelva aloja la mayor balsa europea

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La mayor balsa de lodos tóxicos de Europa está situada en Huelva, entre el corazón de la cuenca minera de Riotinto y la localidad de Campofrío. Desde la carretera se puede observar: tiene el aspecto de un embalse de aguas corriente. Ningún cartel avisa de que la balsa, que contiene 90 millones de toneladas de lodos tóxicos cubiertos por aguas ácidas, puede ser peligrosa.
La Junta de Andalucía, la empresa minera copropietaria, Emed Tartessus, y Ecologistas en Acción coinciden, con matices, en que una catástrofe como la húngara es altamente improbable en esta balsa, que almacena desechos de la extracción de minerales como cobre y oro. Desde 2001 no tiene actividad minera.
Desde Ecologistas en Acción sí denuncian filtraciones de agua ácida procedentes de la balsa al arroyo Tintillo, afluente del río Odiel. "Antes de que la balsa de Aznalcóllar reventase también denunciamos filtraciones, pero nadie nos hizo caso", advierte el ecologista Juan Romero mientras acompaña a Público al corazón de la gran balsa, conocida como la de Gossan, para comprobar esas filtraciones. Romero coincide con la empresa en esgrimir una característica fundamental de este embalse tóxico: los terrenos sobre los que se apoyan son compactos y estables. Tartessus asegura que sus propios estudios certifican esta seguridad. La empresa pretende además recuperar la actividad de la mina a finales del año próximo, aprovechando la revalorización del cobre gracias a su uso en material tecnológico.

Promoción inmobiliaria

Entre 2001 y 2007 nadie se hizo cargo del mantenimiento de la balsa, algo de lo que llegó a alertar la propia fiscalía. En 2007, dos promotoras inmobiliarias se sumaron a la propiedad de la balsa en una subasta pública: Rumbo 5.0, que tiene el 42%, y Zeitung, con el 13%. "Las compraron con idea de hacer campos de golf y casas. Ahora no se quieren hacer cargo del mantenimiento de la balsa, algo que requiere un compromiso para toda la vida", denuncia Romero, que se conoce a la perfección cada uno de los detalles de este episodio aparentemente especulativo.
El ecologista reconoce la aceptable labor de Tartessus. "Es la única que ahora se encarga del mantenimiento. Las otras dos empresas impiden el paso de los operarios por su propiedad", explica Romero, que en estos días ve con sorpresa cómo los medios de comunicación vuelven a interesarse, tras la tragedia de Hungría, por un tema que tantos años lleva denunciado. "En otros momentos, nadie nos ha hecho ningún caso", asegura.

Agua ácida

Al otro lado de la balsa, a los pies del muro de contención, se observan claramente las filtraciones. Pequeños ríos, que tiñen las piedras del arroyo Tintillo de colores ocres, violetas y rojizos. Varias bombas hidráulicas se encargan de devolver ese agua a su lugar, pero los colores de las rocas evidencian que queda agua ácida que se filtra. Romero cree que la única solución es la "exhaustiva vigilancia y mantenimiento".

"Sólo tuve tiempo de coger a los niños y correr"

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Magela Scilnea estaba cocinando cuando la policía húngara aporreó la puerta de su casa. Eran poco más de las 12 de la mañana del pasado lunes, y una ola de lodos tóxicos de más de dos metros de alto se precipitaba sobre el pueblo en el que vive,Devecser. Los agentes le obligaron a salir de inmediato, sin concesiones.
"Sólo tuve tiempo de coger a los niños y correr", explica Scilnea en el patio de la parroquia donde ella y otras 20 personas viven desde el miércoles. "Lo he perdido todo, no tengo ni casa, ni dinero, ni papeles", lamenta. La zona en la que vivía con su marido y sus cuatro hijos, de entre 14 y 2 años de edad, estaba cerca de las vías del tren, donde la riada causó más destrozos a su paso por este pueblo del suroeste de Hungría.
"Esta gente va a estar aquí varios meses", dice uno de los voluntarios de la Cruz Roja y Cáritas que han organizado el albergue provisional. "Por ahora, tenemos material para mantenerlos aquí unas semanas, pero pronto vamos a necesitar más dinero si toda esta gente tiene que quedarse aquí", comenta.
Todos los realojados en esta parroquia son gitanos y, al contrario que la mayoría de la población en Devecser, no tenían a ningún familiar al que acudir.
Miedo a volver
"Mis padres no quieren que vuelva a clase porque creen que esto puede volver a pasar", comenta Ovsos, que también vive ahora en el albergue. Tuvo suerte de estar en la escuela en el momento en que llegó el lodo rojo. Cuando regresó a casa, después del colegio, el barro alcanzaba un metro y medio, a juzgar por la marca que hace con la mano en el dintel de la puerta del albergue. Ovsos cumplió 14 años dos días después de que el lodo arrasase su hogar. "Estoy muy enfadada con la empresa que ha causado todo esto, sólo quiero volver a casa y olvidarlo todo", confiesa.
En medio de la confusión que aún rodea casi toda la vida en Devecser, los realojados tienen miedo de que el Gobierno derribe sus casas debido al vertido. Aunque aún está por determinar, es una opción probable, según Gyoryi Tottos, oficial de Protección Civil. Explica que un equipo de expertos del Gobierno analizará el estado de cada casa afectada. Si los cimientos siguen seguros y no hay riesgo para su salud, podrán volver. Si no, tendrán dos opciones: el Gobierno podría tirar la casa abajo y darles ayudas para buscar una nueva en otra zona del pueblo, o construir otra vivienda en el mismo sitio, para lo que también se otorgarían ayudas, señala Tottos.

Las ONG niegan que el vertido esté bajo control

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“Hemos triunfado en la tarea de controlar el vertido y, probablemente, no habrá aguas peligrosas que entren en el Danubio, ni siquiera en territorio húngaro”. El primer ministro del país, Viktor
Orban, hablaba ayer con mucha seguridad del fin de la catástrofe que asuela su país desde el lunes. Lo hacía desde Sofía, a más de 900 kilómetros del epicentro del vertido que ha inundado tres pueblos en el suroeste del país. Pero en el corazón del desastre de barro rojo, la situación era muy diferente.
La ONG ecologista Greenpeace denunció que los niveles de arsénico en los lodos, que aún cubren 41 kilómetros cuadrados del suroeste, son 25 veces mayores de lo permitido. El arsénico es un producto “tóxico”, según la UE. También han hallado mercurio y cromo.
“Nuestros resultados indican que la sustancia es más tóxica de lo que dice el Gobierno”, aseguró ayer Zsolt Szegfavi, jefe de la organización ecologista en Hungría. El ministro del Interior húngaro, por su parte, explicó ayer que ya no había riesgo de daños medioambientales ni biológicos: “Ya no consideramos la polución del Danubio como real, porque el material que hay en el río tiene un pH inferior a 9 [en una escala de 14]”.
Pero además de que el lodo tóxico aún inunda los pueblos afectados, sigue el conteo de muertes. La cifra de fallecidos por la riada ascendía ayer a siete personas, después de la muerte de un hombre de 79 años que estaba hospitalizado por graves heridas, y de que las autoridades hallaran dos cuerpos enterrados en el barro en la ciudad de Devecser.
Y es que la situación en la zona cero sigue siendo crítica. Ayer había unos 800 efectivos, entre militares, policías, bomberos y voluntarios, trabajando en la recogida de los lodos, según explicó a Público Gyoryi Tottos, oficial del cuerpo de protección civil encargado de gestionar la catástrofe.
También se podía observar una interminable caravana de camiones que comenzó a llevarse toneladas de lodo, escombros, muebles y árboles arrasados por el vertido. Se dirigen, según Tottos, de vuelta a la planta de Magyar Aluminium (MAL Zrt), la empresa de cuya balsa salió la riada que causó la tragedia del lunes. La compañía tiene otra balsa similar donde ahora los camiones irán descargando gran parte de la masa roja que salió de las paredes de aquella descomunal piscina tóxica.
Por el momento, el Gobierno está pagando la caravana, a la espera de que la investigación criminal que se abrió hace unos días llegue a una conclusión sobre quién debe hacerse cargo de la factura, explica Tottos. La compañía, que no tiene seguro, sigue manteniendo que no es responsable de la rotura de la presa y culpa a las lluvias. La metalúrgica ha ofrecido a las localidades afectadas un fondo de emergencia de unos 110.000 euros, y también hacerse cargo de los funerales de los muertos en la catástrofe.
Los habitantes de dos de los pueblos más afectados, Devecser y Kolontár, llevan días en la calle, tratando de eliminar los restos pegajosos del vertido. “Nunca vamos a terminar de limpiar esto”, explicaba Evelyn Shölz, una abogada de 34 años que ha llegado de Budapest para ayudar a su familia. Toda su casa conserva una raya a unos 30 centímetros del suelo, la que dejó la riada.

Descoordinación

En un albergue improvisado de la Cruz Roja en Devecser, Iskozaban Vakketi intenta hacer una lista de las compra para las 20 familias que alojan. “Hay mucha descoordinación y confusión”, señala. “Ni siquiera el alcalde nos ha sabido decir cuántas escuelas han sufrido daños. Parece como si se preocuparan más de las calles que de la gente”, lamenta. A la puerta del ayuntamiento, varios funcionarios apuntan los nombres de los que no tienen dónde dormir. Hay, según uno de ellos, unos cien.
En Kolontár, a primera hora de la tarde, la policía abrió el cordón que había mantenido toda la mañana en la calle Kossuth, que antes del desastre bajaba hacia un puente que cruza el río Torna y que, ahora, es una brecha roja hacia ningún lugar. El ejército ha plantado un nuevo puente de metal para poder cruzar a las casas de la ribera, la zona donde la ola de residuos llegó a tener dos metros y medio. Muchas están tan deshechas que parecen reventadas por obuses.
Al final de la calle, varios jóvenes, algunos sin protección, tratan de subir a su tractor una pieza de maquinaria. Está arruinada y cubierta de un óxido brillante y nocivo, pero, tras muchos esfuerzos, consiguen rescatarla. “Nos va a llevar meses limpiar esto”, dice Tottos, mientras un camión pasa chorreando lodo camino a la planta de Magyar Aluminium. Luego pasarán los bomberos con mangueras a limpiar el asfalto. Después, otro camión volverá a teñir el asfalto de rojo hasta que pase el próximo retén de limpieza. Desde el lunes, esta es la rutina en Kolontár.

Windows Phone 7, disponible en España en cuatro terminales

La Vanguardia

Windows Phone 7 estará disponible en España a partir del próximo mes de octubre en cuatro terminales de los fabricantes HTC, LG y Samsung, al tiempo que los operadores serán Movistar y Vodafone, según informó la compañía. 
En concreto, HTC HD7 y Samsung Omnia 7 será los terminales con Movistar, mientras que HTC 7 Trophy irá con Vodafone -en el caso de LG Optimus 7, será con ambas-.
Samsung fue esta mañana la primera en anunciar el lanzamiento en los mercados de toda Asia y Europa del que será su primer terminal con la plataforma Microsoft Windows Phone 7: Omnia 7. El próximo miércoles 13 de octubre la compañía avanzará más detalles de la estrategia en España.