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2012/08/28

¿Podría Estados Unidos ser menos consumista?


La acumulación de posesiones materiales, íntimamente integrada en la cultura de Estados Unidos, parece estar disminuyendo en ese país. ¿Los años de crisis económica habrán cambiado sus hábitos?
En una soleada acera suburbana, en Nueva Jersey, Taryn Lamb, una “organizadora de hogares” profesional, examina un garaje abarrotado de objetos.

Del techo cuelgan varias cañas de pescar y de las paredes seis o siete bicicletas. Herramientas de jardín, una nevera y sillas plegables llenan un espacio en el que hace tiempo no cabe un automóvil.
“El problema empieza cuando quieres encontrar lo que necesitas”, explica Taryn.
Sus clientes le pagan para lidiar con el exceso de objetos de consumo: han comprado mucho más de lo que pueden guardar.
Y este comportamiento ha llenado durante décadas garajes en todo el país de objetos, ahora polvorientos y en desuso.

Más ahorro

Pero puede ser que este hábito esté cambiando: mientras vuelven a crecer la industria manufacturera y la venta de propiedades, la venta minorista se mantiene claramente débil.
En el pasado mes de junio cayó un 5% en relación a mayo, y los números totales del segundo trimestre de 2012 fueron los peores desde los oscuros días de 2008.

Ken Goldstein, de la empresa de investigación The Conference Board, ve un cambio enorme en los hábitos de consumo en Estados Unidos.
“Ha habido un cambio fundamental en el comportamiento de los consumidores, que proviene en gran parte de cómo ven la situación en la que se encuentran y en la que pueden llegar a estar, no sólo en los próximos seis meses, sino de aquí a 5 o 10 años”, opina Goldstein, consultado por la BBC.
En 2005, el índice de ahorro personal estadounidense era del 1,5%, en contraste con el 15% de Japón.
Hoy en día, los ciudadanos ahorran alrededor del 4% de sus ingresos, de acuerdo con la Oficina de Análisis de Datos de Estados Unidos.

Esperando a Godot

Entretanto, en otra parte de la ciudad, Debbie Cohn prepara la venta anual de segunda mano que organiza en la sinagoga Anshe Emeth.
Montones de ropa cuidadosamente doblada se apilan en largas mesas en uno de los salones del templo.
“Nadie necesita tanto”, dice Debbie, “todos tenemos demasiadas cosas”.
Pero ella también ha notado un cambio en cómo la gente compra.
“Hay un montón de personas que si antes compraban en los almacenes Macy’s, ahora van a Kohl’s. Si antes iban a Kohl’s, ahora puede que compren en mercadillos como este”.
“Veo a mucha gente de clase media aquí, y se han hecho a la idea de comprar más barato y buscar las gangas”, cuenta Debbie a la BBC.
Puede ser que las décadas de atracón consumista estén llegando a su fin, o por lo menos que los consumidores se estén tomando un respiro.
Es difícil de creer, dada la forma en que el consumo está íntimamente integrado en la cultura estadounidense. Pero, como afirma Ken Goldstein, se puede apreciar un cambio.
“Es como la obra Esperando a Godot”, dice, “todo el que vio la obra sabe que cuando se cierra el telón, Godot aún no ha llegado”.
“No digo que los consumidores no vayan a volver, pero no los esperes mucho”.


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