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2011/08/12

Calificando a las calificadoras de riesgo


El viernes pasado, la agencia internacional de calificación de riesgo Standard and Poor's (S&P) redujo la clasificación crediticia de Estados Unidos un escalón (de la estelar AAA a la más modesta AA+), tras el engorroso debate partidista en el Congreso para resolver la crisis presupuestaria.
La agencia expresó dudas de que el gobierno estadounidense pueda ser efectivo, en el mediano plazo, en abordar el pago de la enorme deuda nacional, lo que generó turbulencia en los mercados internacionales.

Las evaluaciones de entidades como S&P son importantes para el proceso de emisiones de bonos y de compra de deuda soberana pero, al tiempo, han sido criticadas por su excesivo poder, influencia y propensión a la manipulación.

Factores políticos

Una de las funciones de las agencias internacionales -como Standard and Poor's, Moody's Investors Services o Fitch Ratings- es ajustarle una categoría a los valores (bonos, acciones, etc.) de acuerdo al grado de riesgo que representan.
Esto sirve de guía para quienes compran esos valores. Una inversión que proyecta poco riesgo merece una calificación alta mientras que con una muy riesgosa sucede lo contrario. La calificación también afecta las tasas de interés, que aumentan si el riesgo es mayor, en cuyo caso el emisor ser verá obligado a pagar más a quienes invierten en sus valores.

Las agencias llegan a sus conclusiones tras análisis macroeconómicos basados en sofisticados modelos, pero también observan la situación política del deudor. En el caso de un gobierno, observan la estabilidad de este, la inflación y otras variables.
En el caso de EE.UU., Standard & Poor's citó una situación de gobernabilidad y elaboración de políticas "que se ha vuelto menos estable, menos efectiva y menos previsible" como el motivo de la rebaja de calificación.
"Me sorprende que haya hecho un juicio fundamentalmente político", comentó a BBC Mundo el analista económico Isaac Cohen. "Standard & Poor's no cuestiona la capacidad de pago de Estados Unidos, lo que cuestiona es la capacidad de que el gobierno se ponga de acuerdo y sea efectivo en su actuar".

Influencia y poder

Muchos gobiernos y emisores de bonos tiemblan ante la perspectiva de recibir una baja calificación de riesgo por las consecuencias que puede acarrear.
"Para emitir bonos al mercado hay que salir con una calificación de riesgo", explica el economista Cohen. Igualmente, "una entidad que maneja los dineros de otros -como un fondo de pensiones- tiene la obligación de comprar bonos AAA".
Si las otras agencias, Moody's y Fitch, bajaran la calificación de EE.UU., muy probablemente los fondos de pensiones dejarían de comprar bonos del tesoro estadounidense por que ya no tendrían esa calificación triple A. "Imagínese lo eso que causaría", planteó Cohen.

Mientras que una situación similar en otro país puede generar pánico, en el caso de la deuda de EE.UU. hay quienes cuestionan la influencia de las calificadoras.
"No estoy muy seguro de que el juicio de estas agencias sobre el riesgo crediticio de Estados Unidos tenga mucho peso", indicó Dean Baker, codirector del Center of Economic Policy Research (CEPR), un grupo de investigación económica en Washington.
Baker resalta que, después de que S&P bajara la calificación de EE.UU., los bonos del gobierno se dispararon.
"No parece que los actores de los mercados financieros estén muy preocupados de que Estados Unidos no pueda pagar sus cuentas", aseguró.

Dudosos antecedentes

Otro factor que puede atentar contra el poder que aparentan tener estas agencias internacionales es su muy cuestionable evaluación de instituciones financieras, multinacionales y corporaciones que se desplomaron la década pasada.
Encabezando la lista estuvo la buena calificación que le dieron a los cientos de miles de millones en hipotecas "subprime" que eventualmente genereraron una crisis que sumió a la economía mundial en 2008.
Asimismo, le dieron un buen rating a la institución financiera Lehman Borthers hasta el mismo día de su estrepitosa bancarrota y sólo degradaron a AIG y al gigante energético Enron unos días antes de su colapso.
En el caso de la multimillonaria pirámide de inversión de Bernie Madoff -que terminó desfondándose- las agencias permanecieron mudas.
"La vigilancia en esos casos fue muy floja y las agencias no salieron muy bien paradas de la crisis hipotecaria", estimó Isaac Cohen.
Igualmente cuestionable es la manera como operan y se financian estas organizaciones. "Son entidades privadas y quienes les pagan son precisamente quienes emiten las deudas", señaló el analista.
Es un sistema que tiene incorporado su propio sesgo, opina Dean Baker de CEPR. "Si estas calificadoras están siendo pagadas para juzgar el valor de una inversión, las instituciones emisoras como Citigroup, Morgan Stanley, o quien sea, no las volverían a contratar si empiezan a dar calificaciones bajas", afirmó a BBC Mundo.

En busca de independencia

Las sospechas de manipulación también se dan en la dirección contraria, apunta el codirector de CEPR.
En el Congreso de Estados Unidos se aprobó una legislación de reforma financiera, conocida como la Ley Dodd-Franks por los legisladores que la promovieron, que todavía tiene que incorporar unas regulaciones. Cómo se definen esas regulaciones tendría un gran impacto en las ganancias de las calificadoras.
"Uno tendría que considerar la posibilidad que las agencias le tienen el ojo puesto a las personas que están redactando esas reglas y que querrán congraciarse con ellas", especuló Baker.
Isaac Cohen, que ha asesorado a varios gobiernos en el proceso de emisión de bonos, deja entrever que existe la posibilidad de manipulación.
"Cuando se hace la emisión, los gobiernos hacen esfuerzos por convencer a las agencias a que les den una buena calificación", comentó el analista, aunque resaltó el hecho de que, en teoría, las calificadoras tienen que cuidar su prestigio.
Ese prestigio viene, en parte, por que no hay quien las reemplace. Los mercados necesitan las referencias de las calificadoras para poder operar. "Si un fondo tiene la obligación de comprar bonos triple A, ¿quién le indica cuáles son triple A?", se pregunta Cohen, "¡Pues, las agencias!", se contesta.
No obstante, hay presión para crear una entidad internacional independiente, cuyos funcionarios puedan estar al margen de controles políticos e interferencias.
"No sería una mala idea", reconoció Dean Baker. "Definitivamente hay que restarle estatus a las agencias. Sobre todo en el caso de la deuda soberana".


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