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2010/11/05

'Cuando nos volvimos digitales el copyright dejó de funcionar'

Entrevistamos a Peter Jenner en el marco del segundo Foro Internacional de Acceso a la Cultura y el Conocimiento en la Era Digital. Jenner es una leyenda viva del mundo del rock, el descubridor y mánager de grandes como Pink Floyd o The Clash. Además, es una parte implicada en el debate de la renovación del modelo de copyright y en la transformación del modelo de industria musical vigente.
Sus argumentos resultan impresionantes, no solo por su experiencia, sino por su nacionalidad. Inglaterra cuenta con una de las legislaciones más duras de Europa en materia de copyright desde la aprobación de la Digital Economy Act el 2010, que introdujo severas penas para el intercambio digital de archivos protegidos por las leyes de propiedad intelectual. Más allá de extremos, como la abolición total del copyright o las medidas de represión contra el intercambio de archivos, Jenner propone una solución pactada, un "acto de madurez" de todas las partes implicadas.
Pregunta.- ¿Considera que el concepto de copyright aún es aplicable en nuestro contexto?
Respuesta.- El copyright es un sistema que se inventó para establecer una base económica según la cual la gente pudiera invertir en obras creativas. Pero también era un sistema de control. Se desarrolló de una forma lineal junto con la tecnología. Se aplicó a las partituras impresas de música, se aplicó a las grabaciones, a las pianolas, a la radio, etcétera. Pero en sí, el copyright es un concepto industrial. Implica a la gente que crea la obra, pero también a los que la manufacturan en una forma transferible. La gente compra esa forma transferible y con el tiempo aparecen varias estructuras en torno a eso: discográficas, distribuidoras, sociedades de gestión, vendedores de discos... Toda esta gente hacía funcionar este complejo sistema, hasta que apareció lo digital. Y cuando nos volvimos digitales (el copyright) dejó de funcionar y se empezó a joder.
P.- ¿Se ha quedado atrás la industria musical en este escenario?
R.- Absolutamente. Es comprensible que se quedara atrás, estando como está construida alrededor de los discos, y la distribución, y todas esas cosas están implicadas en procesos industriales. Cuando entras en la distribución digital, estás en una situación en la que el individuo en su casa es el distribuidor y el manufacturador de la obra. La gente que hacía discos en las fábricas fue despedida. Pero los de arriba se están intentando agarrar a sus sitios de trabajo. Esa es la esencia del problema de la industria, esa gente que se aferra a sus cargos.
P.- ¿Cómo se puede hacer negocio con la música en Internet entonces?
R.- Es bastante difícil, porque la economía en su conjunto se basa en la escasez. Todo se construye en torno a la exclusión y la escasez. En la red, ninguna de estas condiciones es cierta. Yo no creo que se deba hacer dinero a partir de la música, sino a partir de su uso. Deberíamos hacer pagar al cliente según la forma en la que recibe la música. Si alguien tiene acceso a Internet de banda ancha en un dispositivo, puedes asumir que se puede usar para transferir música. Pero debes poder ver si se usa para eso, monitorizando el tráfico. Mi idea está en torno a un euro por mes por aparato. Si en el Reino Unido hicieras pagar una libra al mes a cada usuario, de media conseguirías doce mil millones de libras al año. El volumen de negocio estimado de la industria musical en el Reino Unido es de ochocientos millones de libras. Es una tarifa muy pequeña y se podría incluso reducir más sin perjudicar a nadie.
P.- ¿En esta manera de monetizar la música dónde está el encuentro entre los intereses del consumidor, el artista y la industria? No se puede negar que tiene cierto componente de intrusión en las comunicaciones de los usuarios.
R.- De alguna manera debemos ser lo bastante maduros como para llegar a alguna decisión que funcione. Quizás podemos usar arbitraje del gobierno, quizás la industria puede resolverlo sola. Hay que decidir cómo dividirse el dinero, y eso es un reto para la industria musical o cualquier otra. Y si no nos podemos poner de acuerdo, el gobierno o la judicatura, o otro actor, deberá decidir qué es lo justo.
P.- Como cierre a la entrevista, nos gustaría contar con su opinión del estado de este tema en España en concreto.
R.- Lo que hace interesante mantener aquí este diálogo es que el colapso de la industria discográfica española es espectacular. Ninguna discográfica invertirá en España puesto que no ven como sacar dinero con ello. Y no sé si esto es una amenaza o una oportunidad o ambas cosas, pero lo que está claro es que es un tema que solucionar y pronto. En el resto del mundo la industria dice "si no vamos con cuidado, acabaremos como España". Este colapso será usado como argumento para reprimir el uso de Internet, y eso es un auténtico problema. Si no lo resolvemos, se atacará el uso de Internet en todas partes, y eso será extremadamente dañino para la sociedad y la economía. Será un auténtico desastre. La represión no es la solución. Debemos encontrar una manera de monetizar el uso de música de manera libre, y eso implica observar qué quiere la gente y como lo usa.

El Mundo

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