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14 ago. 2010

Más de dos siglos para devolver un libro

ABC

La historia que hoy os contamos, rescatada por Javier Sanz en su blog “Historias de la Historia”, resultará familiar a muchos de vosotros: ¿Quién no olvidó devolver a tiempo una cinta al videoclub? ¿Quién no conoce a algún “amigo de lo ajeno” que atesora objetos prestados? ¿Quién no continúa esperando, como Sara Montiel, que el amigo de turno le devuelva aquel libro tan querido?
De las palabras de Marcos Bartlett, director de la New York Society Library, se desprende que la costumbre de tomar libros prestados y olvidar luego el compromiso de devolución adquirido es una práctica muy arraigada entre los altos cargos norteamericanos. No imaginábamos, eso sí, que el mismísimo George Washington, el primer presidente de EEUU -entre 1789 y 1797-, pudiera ostentar el récord de demora en la devolución de un ejemplar: ¡221 años!
El 5 de octubre de 1789, Washington tomó en préstamo un ejemplar de “Law of Nations” y uno de los 14 volúmenes que registraban los debates de la Cámara de los Comunes inglesa. Las obras debieron ser devueltas a su origen unas semanas después, el día 2 de noviembre, pero el presidente no cumplió con su obligación. Aquel día George Washington comenzó a acumular una deuda por demora en la entrega de los ejemplares que, más de dos siglos después, ya ascendía a 300.000 dólares.
La “George Washington’s Mount Vernon Estate & Gardens”, institución depositaria del legado del presidente, tras conocer el desagradable asunto, entregó recientemente a la New York Society Library una réplica de “Law of Nations”; el otro ejemplar prestado por la biblioteca apareció -inexplicablemente- en sus estanterías sin que la devolución constara en la ficha de préstamo original, en la que no figura el nombre del prestatario sino “El Presidente” -privilegios de la fama-.
George Washington no es el único político olvidadizo, cuenta Marcos Bartlett con cierta amargura. Alexander Hamilton, primer secretario del Tesoro, y Aaron Burr, vicepresidente durante el mandato de Thomas Jefferson, tampoco reintegraron a tiempo los libros que tomaron prestados.

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