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24 abr. 2010

Historia de un mundo sin humanos

Fuente: Publico.

"¿Qué es el océano?", se pregunta el narrador, en la primera escena de la película que, bajo este mismo título, se estrena hoy en España. Pero ni el narrador ni ninguna otra voz responden a esta cuestión, la respuesta está en las imágenes que, durante 108 minutos, recorren más de 100 localizaciones de todo el mundo para mostrar la esencia del mar contada por sus protagonistas, los animales.
El director de la oscarizada Nómadas del viento, Jacques Perrin, se ha sumergido esta vez en un proyecto de ocho años de duración y cuyo presupuesto, de más de 50 millones de euros, ha convertido a esta película en el documental más caro de la historia. A sus creadores, sin embargo, les gusta calificar Océanos de "una ópera salvaje", en palabras del productor, Manuel Monzón. Los responsables de la cinta enfatizan esta diferencia: "No queremos contar lo que sucede en los mares, queremos que la gente lo vea a través de los ojos de sus especies, esto es lo que diferencia nuestro proyecto de cualquier documental", afirmó el guionista, Stéphane Durand, durante la presentación de la película, ayer en Madrid.
Pero, ¿cómo se escribe un guión cuando se carece de la colaboración de los actores? La respuesta es el tiempo. El equipo de Perrin ha filmado casi 300 horas de imágenes durante cuatro años de rodaje en los que ha tenido "éxitos, pero también fracasos", reconoce el cámara, Eric Börjeson.
Uno de los logros es la escena protagonizada por la soledad de una ballena azul que tardó más de 28 semanas en ser captada. No obstante, otras especies fueron más esquivas, por lo que las imágenes se escogieron "para crear una sinfonía en lugar de una historia, en la que cada especie representara una emoción", explica Monzón.
Este musical acuático se ha desarrollado en más de 50 espacios protegidos de todo el planeta y cuenta con la participación de numerosas instituciones como el Museo de Historia Natural de París, la Fundación Sloan para el censo de vida marina (EEUU) y la española Fundación Biodiversidad, entre otras. Además, el director ha utilizado nuevas técnicas de grabación para lograr tomas más largas y a mayor profundidad. El equipo se entrenó durante un año para trabajar con estos medios.

Denuncia en forma de robot

La cinta no sólo ha reflejado cómo es el océano en su estado natural, sino que también refleja el impacto del ser humano sobre los ecosistemas acuáticos. Una de las escenas recrea la caza ilegal de aletas de tiburón. Los pescadores arrancan esta parte a los escualos, que son devueltos al mar para morir desangrados. Aunque el ejemplar que aparece en la película es un robot de látex, "queríamos denunciar esta práctica, y no tiene sentido dañar a un animal para ello", explicó Durand ayer, aunque en la película no se aclara que no se trata de un animal real.
La película retrata las agresiones humanas al mar desde las profundidades, pero también lo hace desde el cielo. Los satélites de la Agencia Espacial Europea (ESA, del inglés), que también ha colaborado, muestran cómo la contaminación de los ríos se expande por el mar.
No obstante, Durand cree que la película lanza un mensaje de esperanza, ya que "toda la belleza que aparece en la película se ha mantenido gracias a los espacios protegidos". Según el guionista, "la conservación es la clave para tener una naturaleza bella y rica, pero primero hay que conocerla para valorarla y querer protegerla".

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