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2010/03/27

El matemático que rechazó un millón de dólares

Fuente: ABC.

La pregunta del millón de dólares (nunca mejor dicho) ya tiene respuesta. El ínclito matemático ruso Grigori Perelman ha decidido rechazar el millón de dólares que le corresponden por haber ganado el prestigioso Premio del Milenio, que concede la Fundación parisina Clay, por demostrar la Conjetura de Poincaré, considerado uno de los grandes enigmas de esta ciencia y uno de los diez descubrimientos más importantes de la década.
La duda sobre si Perelman aceptaría el premio surgió hace pocos días teniendo en cuenta su pasado más reciente ya que en 2006, cuando expuso esta demostración a través de internet también ganó la medalla Fields que concede el Congreso Internacional de Matemáticas cada cuatro años y que se considera el Premio Nobel de las Matemáticas, pero Perelman nunca llegó a recogerla. Tampoco los diez mil dólares que la acompañaban.
Cuentan los que le conocen, que tras esta mente brillante se esconde una personalidad difícil, aislada y recelosa de los propios colegas y eruditos del mundo matemático. No en vano, desde la primavera de 2003, Perelmán ya no trabaja en el Instituto Steklov. Actualmente "encuentra las matemáticas un tema doloroso de discusión"; algunos dicen incluso que las ha abandonado por completo. Perelmán está actualmente desempleado y vive con su madre en San Petersburgo donde vive en condiciones muy precarias.
La Conjetura de Poincaré forma parte de los llamados siete problemas del Milenio lanzados por la Fundación Clay en 2000 para conmemorar los famosos 23 problemas enunciados por David Hilbert en el año 1900 y resumiendo mucho para los que somos profanos en la materia, se ocupa de las propiedades de las esferas en tres dimensiones: si atamos un lazo alrededor de una esfera de dos dimensiones, como la piel de una naranja, siempre es posible reducirla a un punto. No ocurre lo mismo con una rosquilla, ya que lo que pasa a través del agujero central no puede ser reducido. Poincaré afirmó que esto también es cierto en las tres dimensiones de una esfera.
Lo mejor de esta historia es que nuestro peculiar amigo es tan auténtico que se pasó seis años encerrado en su apartamento para resolver el dilema, no tiene cátedra universitaria por propia voluntad y tampoco ha publicado su demostración en ninguna revista especializada; cuando lo hizo, lo hizo a través de Internet y de forma bastante ambigua, en unas cuantas notas casi jeroglíficas junto a la declaración de que había encontrado la solución. Después desapareció y dejó a la comunidad matemática medio embobada para que hiciera cábalas al respecto. En definitiva, un llanero solitario de la disciplina que pasa de los ritos que la reglamentan y menos de posar en círculos científicos.

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