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19/10/2009

Los desafíos en el préstamo de libros digitales

Fuente: La Nacion.

Kate Lambert recuerda haber usado su carnet de la biblioteca solo una o dos veces en toda su infancia. Ahora la usa varias veces al mes.

¿El atractivo? Libros electrónicos que puede descargar a su laptop. Este año Lambert, una estudiante del college comunitario de New Port Richey, Florida, de 19 años, tomó prestados volúmenes de la serie de la "Guía del mochilero a la galaxia", "Los Huesos Hermosos" de Alice Sebold y una novela de vampiros de Laurell K. Hamilton, sin visitar ninguna biblioteca personalmente.

"Puedo simplemente conectarme y tipear el número de mi carnet de la biblioteca y ver todos los libros que tienen" dijo Lambert, que generalmente hace las descargas cómodamente en su dormitorio. Y agregó: "Es todo gratis".

Ansiosas por atraer clientes conocedores de los recursos digitales y capitalizar la creciente popularidad de los lectores electrónicos, bibliotecas públicas de todo Estados Unidos están expandiendo sus colecciones de libros que descansan en servidores en vez de en estantes.

La idea es captar lectores que de otro modo no usarían la biblioteca además de dar a los clientes existentes la oportunidad de probar nuevos formatos.

"La gente sigue pensando en las bibliotecas en términos de libros viejos polvorientos en estantes y es una percepción que siempre tratamos de combatir" dijo Michael Colford, director de tecnología informática de la Biblioteca Pública de Boston. "Si no les proveemos este material van a dejar de usar la biblioteca por completo".

Alrededor de 5400 bibliotecas públicas ofrecen libros electrónicos actualmente, además de libros leídos que se pueden descargar digitalmente. Las colecciones siguen siendo diminutas comparadas con las impresas. La Biblioteca Pública de New York, por ejemplo, tiene alrededor de 18.300 títulos electrónicos, comparado con 860.500 títulos impresos en circulación, y las compras de libros digitales representan menos del 1 por ciento del presupuesto general de compra de la biblioteca.

Pero la circulación se expande rápidamente. La cantidad de retiros de libros ha crecido a más de 1 millón en lo que va del año, comparado con 607.275 en todo 2007, según OverDrive , un gran proveedor de libros electrónicos a bibliotecas públicas.

NetLibrary , otro proveedor de libros electrónicos a unas 5000 bibliotecas púbicas y división de OCLC, un servicio de biblioteca sin fines de lucro, ha visto crecer la circulación de libros electrónicos y libros leídos digitales un 21 por ciento en el último año.

Junto con el acuerdo para la distribución de libros de Google -que las partes están modificando para satisfacer las objeciones del departamento de Justicia y otros- la expansión de las versiones electrónicas a las bibliotecas anuncia un futuro en el que se leerá más de forma digital.

"Al acostumbrarse los jóvenes a leer virtualmente todo online -dijo Paul LeClerc, presiente de la Biblioteca Pública de New York- eso va a impulsar un cambio en términos de lectores de libros electrónicos en vez de lectores de libros físicos".

Por ahora, la expansión se verá trabada en parte porque, con pocas excepciones, los libros electrónicos de la s bibliotecas no pueden ser leídos en el Kindle de Amazon, el lector electrónico de mayor venta, o el iPhone de Apple, que se ha convertido rápidamente en un dispositivo popular para leer libros electrónicos. La mayoría de las ediciones de biblioteca son compatibles con el Reader de Sony, las computadoras y un puñado de otros dispositivos móviles.

Se trata a la mayoría de los libros digitales en las bibliotecas con libros impresos: solo una persona puede tomar prestado un libro electrónico por vez y los solicitantes deben esperar los títulos populares igual que lo hacen por los libros físicos. Luego de dos o tres semanas, el libro electrónico expira automáticamente en la cuenta del lector.

Pero a algunos editores les preocupa que la conveniencia de tomar libros prestados electrónicamente podría reducir las ventas de las ediciones impresas.

"No necesito subirme al auto, ir a la biblioteca, mirar el libro, sacarlo", dijo John Sargent, CEO de Macmillan , que edita autores como Janet Evanovich, Augusten Burroughs y Jeffrey Eugenides. "En vez de ello estoy sentado en la comodidad de mi living y puedo decir 'eso parece interesante' y descargarlo".

Sargent dijo que temía que, al crecer las colecciones digitales, apareciera un mundo en el que "pronto no se va a pagar por nada". En parte debido a tales preocupaciones, Macmillan no permite que se ofrezcan sus libros electrónicos en bibliotecas públicas.

Simon & Schuster, entre cuyos autores se incluyen Stephen King y Bob Woodward, también ha evitado distribuir sus libros electrónicos a bibliotecas públicas. "No hemos encontrado un modelo de negocios que funcione para nosotros y nuestros autores" dijo Adam Rothberg, un vocero.

Por ahora, el advenimiento de los préstamos de libros electrónicos no le ha quitado lectores físicos a las bibliotecas porque la recesión ha hecho que muchos usuarios nuevos busquen recursos gratuitos en ellas. Y en algunos casos son pocos los usuarios que parecen saber que existen siquiera las colecciones de libros electrónicos.

Recientemente, en el sistema de Bibliotecas Públicas de Brooklyn, ocho personas estaban esperando por tres copias digitales de "El símbolo perdido" la continuación de "El código Da Vinci" de Dan Brown, mientras que 715 personas esperaban por 526 copias impresas.

Algunos bibliotecarios sugirieron que debido a que los libros digitales no se desgastan, no ocupan espacio en estantes y en teoría podrían ser leídos por múltiples personas al mismo tiempo, el modelo de compra de libros electrónicos debiera ser distinto al de libros impresos.

Pam Sandlian Smith, directora de bibliotecas del Distrito de Rangeview, que atiende a una comunidad suburbana al norte de Denver, dijo que en vez de comprar un número fijo de copias digitales de un libro, preferiría comprar una copia y pagar una tarifa de licencia cada vez que alguien lo descarga.

Inevitablemente a los editores los pone nerviosos permitir que se ofrezca gratuitamente su propiedad intelectual. Brian Murray, CEO de HarperCollins Publishers Worldwide , dijo que la propuesta de Smith "no es un modelo sustentable para los editores o autores".

Algunos bibliotecarios objetan el actual modelo de precios porque a menudo pagan más por los libros electrónicos que los consumidores que los compran en Amazon o en la tienda online de Sony . Los editores por lo general cobran el mismo precio por libros electrónicos que por las ediciones impresas, pero los minoristas online subsidian el precio de venta de best sellers, ofreciéndolos a 9,99 dólares.

"El símbolo perdido se vende a 9,99 dólares en la página del Reader de Sony y acabo de pagar 29,99 dólares en la biblioteca por el mismo libro" dijo Robin Bradford, bibliotecario para el desarrollo de colecciones de la Biblioteca Pública del condado de Indianápolis.

Bradford dijo que consideraría comprar copias digitales adicionales si se baja el precio. Pero "no voy a comprar copias no físicas al mismo precio".

Los editores académicos han estado más dispuestos a experimentar con modelos de suscripción, invitando a las bibliotecas a pagar un arancel anual por acceso ilimitado a ciertos libros. Scholastic, editor de libros infantiles, también ofrece suscripciones de biblioteca para BookFlix, una colección de libros de imágenes que los niños pueden leer online.

Steve Potash, CEO de OverDrive, dijo que los editores debieran considerar los libros electrónicos en bibliotecas como una forma de marketing. Mucha gente podría mirar el catálogo online de las bibliotecas y terminar comprando los libros, dijo, aunque no tiene evidencias de ello.

Algunos editores concuerdan en que los libros electrónicos de las bibliotecas, al igual que las versiones impresas, pueden atraer nuevos clientes. "Siempre hemos creído mucho en que hay un punto de conversión donde la gente empieza a querer comprar sus propias copias" dijo Malle Vallik, director de contenido digital de Harlequin Enterprises , el editor de novelas de romance.

En las bibliotecas los lectores se ven atraídos al material gratuito. Nancy Gobel, higienista dental que ya descarga libros leídos digitales de su biblioteca en Indianápolis, dijo que actualmente compra libros impresos. Está pensando en comprar un lector electrónico para poder tomarlos prestados gratuitamente. "Seguiría comprando, pero descargaría todo lo que pudiera", dijo. Dijo que en muchos casos comprar "no tiene sentido".

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